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Boletín núm. 20 - Destacados 2

Miércoles 3 de diciembre de 2014, por Manu

La agroecología como solución al cambio climático

El problema del cambio climático ya lleva mucho tiempo sonando en nuestros oídos. Abundan los estudios científicos y los debates, y el sector medioambiental aúna muchos esfuerzos cuando se debe acordar una convención. Antes y después de los eventos, se someten informes a discusión, se registran resistencias y desacuerdos, y los informes de objetivos de reducción de las emisiones comienzan a llegar a raudales. Es realmente fundamental que los países se unan a los tratados internacionales, para participar y decidir de forma cooperativa qué se puede hacer para limitar las emisiones, así como para gestionar la temperatura global y sus efectos sobre el planeta en que vivimos. Es fundamental porque, al reforzar un compromiso global, necesitamos revertir los efectos inevitables del cambio climático. Y no solo es factible, sino que resulta viable e incluso rentable económicamente.

El cambio climático es un problema complejo, que, aunque sea de naturaleza medioambiental, afecta todos los ámbitos de la existencia de los pueblos: la alimentación, el comercio, la pobreza, el desarrollo económico, el aumento de la población y la gestión de recursos. Estabilizar el clima es, un reto enorme que requiere planificación y dar pasos en las direcciones correctas. Sin embargo, las grandes preguntas radican en entender no ya solo el “cuánto”, sino también el “cómo”: cómo reducir estas emisiones, cómo producir suficientes alimentos sanos, y cómo obtener energías limpias.

Las soluciones para mitigar el cambio climático vienen de todos los sectores, a través de la creación de nuevas tecnologías, energías renovables limpias, e incluso a través del cambio en las prácticas de gestión. La agroecología es una práctica que trabaja con el “cómo” de la mitigación, al mismo tiempo que con la adaptación al cambio climático. La incertidumbre sobre el aumento de las temperaturas, los patrones erráticos de precipitaciones, las sequías y la aparición de plagas y enfermedades desconocidas, exigen una forma de agricultura que sea resiliente, así como un sistema de producción de alimentos que apoye la transferencia de conocimiento local y la experimentación en explotaciones que permita aumentar la capacidad adaptativa de los agricultores. La mayoría de las actividades de mitigación del cambio climático son las bases fundamentales de las prácticas ecológicas. Los sistemas de producción ecológicos son el mejor ejemplo (y el más extendido) de una agricultura con un nivel bajo de emisiones. Los sistemas ecológicos son más resilientes que los industriales en cuanto a su capacidad para superar choques y estrés medioambientales como sequías e inundaciones.

La agricultura convencional produce un alto nivel de emisiones de dióxido de carbono, debido al uso excesivo de combustibles fósiles, y destruye la biodiversidad. En la agricultura, el reto es enfocarla hacia modelos de producción agroecológica, la cual reduce de forma drástica el uso de combustibles fósiles, presenta un enorme potencial de mitigación a través del rejuvenecimiento del suelo, la flora y la fauna, y tiene la flexibilidad y la diversidad necesarias para poder adaptarse a las condiciones cambiantes. En la práctica, la agricultura puede contribuir a enfriar el planeta de tres formas: reduciendo el uso de combustibles fósiles (minimizando o eliminando la producción de fertilizantes y pesticidas sintéticos y químicos), así como de los combustibles fósiles utilizados para transportes y maquinaria; ejerciendo un efecto positivo sobre la biodiversidad; y ralentizando la liberación de dióxido de carbono biótico.

La agroecología puede tener un impacto positivo muy significativo sobre el cambio climático, aumentando:

- la resiliencia de los agroecosistemas, que permitiría una consistencia y una sostenibilidad de los rendimientos incluso, y especialmente, con el clima en proceso de cambio;
- la resiliencia de los medios de vida, que ayudaría a conseguir la diversificación de las opciones de subsistencia mediante avicultura, ganadería, piscicultura, etc.
Esto también permite mantener las prácticas agrícolas alejadas de la inestabilidad y de los cambios en otros mercados, conservando los activos en la explotación, y reduciendo o eliminando la dependencia de insumos externos.

La agroecología a pequeña escala no solo es una solución efectiva a los desafíos agrícolas, sino que es también un modo de aumentar los rendimientos sin necesidad de insumos externos a la explotación. Además, genera unos insumos bajos, un bajo nivel de emisiones y permite el control local de las decisiones de producción, ofreciendo una soberanía alimentaria alternativa a los monocultivos agrícolas insostenibles. Determinadas características existentes en variedades locales o autóctonas van a cobrar cada vez más importancia, a medida que el cambio climático altera el entorno y afecta a la producción. Las semillas y los cultivos locales tienen muchas más posibilidades de sobrevivir en su entorno local frente a los cambios en las condiciones climáticas. La protección de estas semillas y cultivos, junto con los conocimientos locales asociados a ellos, es fundamental para gestionarlos y cultivarlos, y es extremadamente crucial para alimentarnos en el futuro.