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Boletín núm. 32 - Justicia Climática

Cuadros

Jueves 14 de diciembre de 2017, por Manu

Cuadro 1: Emisiones de carbono y subida del nivel del mar

Aunque los encuentros realmente se celebraron en Bonn (Alemania), Fiji ha sido la sede oficial de la COP23. Fiji, un país compuesto por 330 pequeñas islas del Pacífico Sur, afirmó que no contaba con la infraestructura necesaria para celebrar un encuentro internacional como este. Mientras Alemania continúa quemando carbono y otros combustibles fósiles para producir el 53 % de su electricidad, los 870 000 ciudadanos de Fiji se enfrentan a la cólera letal del cambio climático, pues las inundaciones y las lluvias torrenciales son una realidad cada vez más frecuente.

Una de las principales amenazas para Fiji y todas las naciones costeras es la subida del nivel del mar, que está subiendo 3,4 mm al año: es el mayor incremento de los últimos 2000 años. La causa inmediata es el aumento de las aguas en los océanos debido al deshielo de los casquetes polares, agravado por la expansión del agua a medida que se va calentando. No obstante, todo esto está vinculado a un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema continuada de combustibles fósiles. En julio de 2017 se desprendió una gran parte de la barrera de hielo Larsen ‘C’, en la Antártida; con ello, se soltaron unos 5800 kilómetros cuadrados de hielo al océano y se formó un nuevo iceberg, cuatro veces más grande que la ciudad de Londres. Todas las naciones costeras e insulares, sus pueblos y sus ecosistemas, están en grave peligro a medida que la crisis climática empeora. Las estrategias que promueven la soberanía alimentaria y la agroecología como forma de reducir las emisiones contribuyen a conseguir justicia para los pueblos de naciones de baja altitud, como es el caso de Fiji.

Cuadro 2: ¿Qué es el capitalismo?

En un foro abierto durante la celebración de la COP22, LVC y otros participantes aliados hicieron breves intervenciones para definir el capitalismo. Dijeron que el capitalismo es…

● Un sistema contrario a la propiedad colectiva, contrario a la colectividad y a la socialización de los medios de producción.
● Un sistema económico basado en el beneficio, que no tiene en cuenta el interés general.
● No solo un sistema económico, sino también un sistema político, puesto que las políticas gubernamentales apoyan la acumulación. Las personas no pueden decidir cómo organizar la producción.
● Un sistema global. Los capitalistas resuelven sus crisis haciéndose cada vez más globales. Imponen la explotación de las personas en todo el mundo. El desarrollo capitalista no es para la nación, sino para un pequeño grupo de personas poderosas.
● Individualismo y “para cada uno lo suyo”. En contraposición a esto, ¡los pueblos eligen la solidaridad!
● La explotación de la naturaleza. Los pequeños agricultores y agricultoras no producen un exceso de emisiones de CO2, ¡el agronegocio capitalista sí!
● Un sistema donde solo algunos miembros de nuestras comunidades son valiosos. Las personas reciben un valor según su localización, su género, su raza y su sexualidad. El capitalismo crea personas de usar y tirar.
● Un sistema destructivo que nos obliga a trabajar juntos para superarlo.

Cuadro 3: Convergencia

Recuperación Justa y Transición Justa

En la lucha por la justicia climática tenemos muchísimo que aprender unos de otros y aún más que hacer juntos. La acción colectiva, madurada después de momentos de reflexión crítica con los movimientos y organizaciones aliados, está creando las condiciones para una convergencia cada vez mayor. Actualmente la lucha mundial por la soberanía alimentaria se ha convertido en parte integral de un movimiento más amplio en pro de la justicia climática, las transiciones justas, y la recuperación con justicia.

Como describió la Grassroots Global Justice Alliance (GGJA) en su llamamiento a la acción durante la COP23:

Transición Justa lo forman una serie de principios, procesos y prácticas centrados en una vision, unificadores y basados en el lugar, que construyen poder económico y político con el fin de pasar de una economía extractiva a una economía regenerativa que reconoce los derechos de los ecosistemas locales y de la naturaleza a mantener sus ciclos vitales naturales de vida. Esto implica enfocar de modo holístico y libre de residuos los ciclos de producción y consumo. La propia transición debe ser justa y equitativa; reparar los daños pasados, restauración ecológica y creación de nuevas relaciones de poder para el futuro por medio de reparaciones. Si el proceso de transición no es justo, el resultado nunca lo será. Just Transition describe no solo hacia donde vamos, sino como llegar hasta allí.


Recuperación Justa
es un marco visionario promovido por las comunidades dedicadas a la justicia medioambiental y las cuestiones laborales que se concentran en los esfuerzos de recuperación durante momentos de desastres climáticos. Se trata de no restaurar el mismo nivel de inestabilidad y extracción de combustibles fósiles e infraestructuras energeticas extremas, sino de seguir el liderazgo de las comunidades que están en la primera línea en definir qué tipo de recuperación necesitan, y aprovechar la oportunidad para reconstruir después del desastre hacia la transición y asegurar energías renovables y economías regeneradoras que puedan crear empleo, proteger el medio ambiente, y conducir a comunidades resilientes.

Cuando se adoptó el Acuerdo de Paris en 2015, la Grassroots Global Justice Alliance lanzó el informe “Somos la línea roja de la Madre Tierra” (en ingés “We Are Mother Earth’s Red Line”) que resaltaba 5 debilidades clave del acuerdo climático mundial:

1. El acuerdo se basaen recortes de emisiones voluntarios en lugar de obligatoriosque no alcanzan los objetivos que los científicos consideran necesarios para evitar la catástrofe climática.
2. El acuerdo adelanta mecanismos de comercio de contaminantesque permiten a los que contaminan la adquisición de “compensaciones” para continuar con niveles de emisiones extremadamente peligrosos.
3. El acuerdo se basa en energías suciasy falsas promesas incluidala fractura hidráulica (fracking), la energía nuclear, los agrocarburantes, la captura de carbono y otras propuestas tecnológicas que plantean graves riesgos ecológicos.
4. La parte operative del texto del acuerdo omite cualquier mención a los derechos humanos o los derechos de los pueblos indigenas y las mujeres.
5. El acuerdo debilita o suprime los derechos de reparaciónque el Norte global debe al Sur global.

En su propio análisis, Naciones Unidas ha estimado que incluso con los compromisos asumidos por los países del mundo al adoptar el acuerdo de París en 2015, es probable que se produzcan todos modos aumentos de las temperaturas mundiales de casi tres grados Centígrados a lo largo del próximo siglo.El Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA) ha desvelado que incluso si todos los países que han formulado un compromiso de reducción de emisiones cumplen su promesa, haría falta recortar de 12 a 14 gigatoneladas más cada año para mantener el aumento de la temperature por debajo de los 2 grados Centígradoscon respecto a los niveles preindustriales.

Precisamente en las soluciones propuestas por Just Transition, incluyendo modelos de Soberanía alimentaria, vivienda sostenible y democracia energética, estamos viendo campañas inspiradoras que rechazan que haya que elegir entre desarrollo económico y protección del suelo, del agua, de la salud de la Madre Tierra, y la salud de nuestras comunidades. Just Transitionreconoce asimismo que las necesidades de la Naturaleza tambien son las nuestras y deben ser promovidas y protegidas por derechos legales y mantenidas por medio de ecosistemas sustentadores de la vida de intercambio y reciprocidad.

Para saber mas, visiten la página web de la Grassroots Global Justice Alliance: http://ggjalliance.org/

Cuadro 4: Geoingeniería: nuevas amenazas contra la soberanía alimentaria

Una de las propuestas más peligrosas frente al cambio climático es la llamada geoingeniería: la manipulación tecnológica y a gran escala del clima global para contrarrestar los síntomas del caos climático.

Detrás de ésta hay una confluencia de intereses económicos de poderosas industrias, geopolíticos y militares. Para los países con alto grado de emisiones de carbono y sus transnacionales contaminantes, la geoingeniería aparece como la “solución tecnológica” que les permitiría seguir emitiendo gases de efecto invernadero y encima hacer nuevos negocios, vendiendo tecnología para bajar la temperatura o para remover y almacenar carbono.

Son propuestas tecnológicas [1] para intervenir ecosistemas terrestres, oceános y atmósfera. En algunos casos para bloquear o reflejar parte de la luz del sol que llega a la Tierra y así bajar la temperatura, en otros para absorber dióxido de carbono y de la atmósfera y almacenarlo en fondos geológicos marinos o terrestres. También incluye técnicas que alteran el clima local y regional, como siembra de nubes, y propuestas para re-dirigir o disolver huracanes. Todas las propuestas tienen impactos ambientales, sociales y geopolíticos graves. Ninguna se dirige a cambiar las causas del cambio climático, si funcionaran sería solamente para gestionar los síntomas, pero el cambio climático seguiría aumentando, por lo que la geoingeniería crea mercados cautivos.

Una propuesta muy difundidas por los geoingenieros, es crear una mega nube volcánica artificial sobre el Ártico, inyectando sulfatos en la estrastósfera para bloquear la luz del sol. Según estudios científicos, eso podría bajar la temperatura, pero desequilibraría las lluvias y vientos en el hemisferio Sur, perturbando el Monzón en Asia y produciendo sequías en África y aumento de inundaciones en América Latina, lo cual amenazaría las fuentes de agua y alimentación de millones de personas. Además habría que seguir inyectando sulfatos por tiempo indefinido, porque si se interrumpe, la temperatura subiría drásticamente y el impacto sería más difícil de enfrentar que antes de empezar. Pese a estos enormes riesgos, el Programa de geoingeniería de Harvard, en Estados Unidos, ya está planteando hacer experimentos en Arizona [2], en territorios indígenas.

Otra de las técnicas promovidas –especialmente después de la firma del Acuerdo de París sobre cambio climático– es la llamada captura y almacenamiento de carbono (CCS por sus siglas en inglés) y bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS por sus siglas en inglés). CCS es una tecnología que inventó la industria petrolera, para sacar petróleo a gran profundidad. Se inyecta dióxido de carbono a presión, lo cual empuja el petróleo y teóricamente el carbono queda en el fondo. La industria petrolera dejó de usar la técnica (que se llamaba originalmente Enhanced Oil Recovery) porque no era económicamente viable. Pero si ahora cobran y reciben subsidios por “secuestrar” y almacenar dióxido de carbono, se hace un negocio redondo: sacan más petróleo, y hacen ganancias extras, pese a estar entre los principales culpables del cambio climático.

Aún más perverso es la propuesta de bioenergía con CCS (BECCS). Se trata de instalar megaplantaciones de árboles y cultivos para “secuestrar” carbono mientras crecen, luego quemarlos para vender bioenergía y enterrar el carbono producido con CCS. Para mantener el aumento de la temperatura a menos de 2 grados hasta el 2100 con BECCS, habría que plantar de 500 millones a 6,000 millones de hectáreas de monocultivos industriales [3], lo cual sería devastador. Actualmente, toda la tierra cultivada a nivel global son 1 500 millones de hectáreas. Obviamente BECCS competirá con la producción de alimentos, con territorios indígenas, áreas naturales, etc.

Aunque BECCS sea inviable, hay ya gobiernos y empresas que lo promueven para “cumplir” con el Acuerdo de París y para obtener créditos de carbono, con lo que la disputa por tierra y agua, las amenazas y violencia para desplazar campesinos e indígenas de sus tierras, será aún mayor.

La geoingeniería es tan riesgosa y presenta tantos impactos al ambiente, indígenas y campesinos, que el Convenio de Diversidad Biológica decretó una moratoria contra su uso. Sin embargo, las industrias y gobiernos que lucran con el negocio del cambio climático, la siguen promoviendo.

Por las graves amenazas a la soberanía alimentaria, a las formas de vida campesina e indígena, al ambiente y la biodiversidad, es crucial que desde los movimientos y las organizaciones sociales rechacemos cualquier experimento y propuesta de geoingeniería y luchemos para que se prohíba.

Más información sobre las técnicas de geoingeniería y sus impactos:
Silvia Ribeiro, Grupo ETC, http://es.geoengineeringmonitor.org/