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Boletín Nyéléni - ¡Ha llegado el momento de la Soberanía Alimentaria!

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La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Esto pone a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas (...) Declaración de Nyéléni

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Boletín núm. 24 - Cuadros

Cuadro 1 - ¿Por qué son los comunales relevantes para la soberanía alimentaria ?

Los comunales hacen referencia a formas de riqueza, capacidades, espacios y recursos que se usan, manejan y gobiernan de forma colectiva para el beneficio de muchos. En ellos se incluyen, por ejemplo, tierras de cultivo, humedales, bosques, pastos, laderas de colinas, arroyos, ríos, lagos, la costa y recursos vinculados. Las tierras de cultivo y de pasto pueden gestionarse de forma comunitaria, a pesar de los derechos de las familias a parcelas específicas de terreno, que se reconocen y se respetan como tales. También hay derechos de pasto para pastores. De forma semejante, los pescadores a pequeña escala no poseen zonas litorales, pesca o lechos marinos, pero estos bienes comunales son cruciales para su supervivencia. Los comunales a menudo están determinados culturalmente, y en muchas comunidades se contemplan las semillas, los alimentos silvestres y las hierbas, los peces, los animales y el conocimiento tradicional como bienes comunales. En cualquier parte del mundo, las comunidades agrícolas, silvícolas, pescadoras, marinas, nómadas e indígenas han desarrollado y puesto en práctica sistemas de compartir, regir de forma colectiva sus bienes comunales naturales y regenerarlos.

Los bienes comunales son fundamentales para la soberanía alimentaria. Los comunales no comprenden únicamente “recursos” físicos, sino que son igualmente relevantes las relaciones sociopolíticas entre las distintas comunidades productoras de comida y el valioso conocimiento sobre los hábitats, los recursos genéticos, las rutas migratorias (para peces y ganado), la capacidad de adaptación ante los desastres y los imprevistos, etc. Como salvadoras de semillas y bibliotecas andantes de conocimiento sobre la biodiversidad local y los sistemas alimentarios, a menudo las mujeres están conectadas más íntimamente a los bienes comunales que los hombres. Cuando los comunales se destruyen o se privatizan, la población local pierde el acceso a los entornos relevantes para buscar comida, cosechar, pastar, cazar, pescar y regenerar la biodiversidad. Los pueblos indígenas bien pierden por complete sus dominios ancestrales o tienen que seguir unas restricciones severas en relación a qué pueden recolectar de los bosques, los campos y el agua.

Los bienes comunales se ven amenazados constantemente por la minería, la extracción de petróleo y gas, la agricultura industrial, las presas y los regímenes de propiedad privada (también conocidos como “enclosures” [recintos/cercados]). Los bosques, pastos y humedales se convierten en monocultivos industriales o en propiedades de lujo ; las fuentes de agua se desvían para alimentar el turismo, la energía y las industrias manufactureras ; y el comercio-tratos de inversión proporcionan a las empresas el acceso a la biodiversidad y al conocimiento, permitiendo la biopiratería y socavando la autonomía de los pueblos indígenas y de las mujeres. Los recursos naturales se mercantilizan y se privatizan, se desmantelan las arraigadas prácticas locales del uso de los recursos de la comunidad y su gobernanza, y se niega el acceso de las comunidades a los propios ecosistemas que ellas mismas han alimentado y que las mantienen.

Hoy en día, las amenazas de los comunales se ven exponencialmente aumentadas por las crisis alimentaria, financiera y climática. Los estados, las empresas y las instituciones financieras las esgrimen como oportunidades, buscan aumentar su control sobre la riqueza natural. El mayor riesgo lo corren las tierras, los bosques, el agua, así como los recursos genéticos y el conocimiento, que tienen un gran valor a la hora de producir comida, regenerar la biodiversidad, garantizar la fertilidad del suelo y preservar la vida. Defender los comunales es una estrategia crucial para construir la soberanía alimentaria.

Cuadro 2 - Productos forestales en Camboya

Las comunidades rurales en la provincia de Pursat, Camboya, se han organizado para proteger sus bosques, tierras de cultivo, arroyos, estanques y tierras comunales de las plantaciones de la agricultura industrial, las presas y la extracción de madera llevada a cabo en los últimos veinte años. Protegerlos es crucial para proteger la biodiversidad de la que dependen sus vidas y su subsistencia.

Aunque cultivan arroz y vegetales, y crían aves de corral y ganado, gran parte de su comida, de sus plantas y hierbas medicinales, y de sus utensilios domésticos provienen de los bosques locales, de las masas de agua y de los bienes comunales. La dieta tradicional rural está muy vinculada a los productos temporada y muy ligada a las prácticas culturales que se concibieron para proteger el entorno local y reforzar la solidaridad de la comunidad. Las inundaciones estacionales y los cambios medioambientales generan distintos tipos de peces, vegetales, frutos, setas, brotes y hierbas, que están disponibles a lo largo del año. La pesca, la recolección de frutos silvestres, setas, brotes de bambú, hierbas y atrapar insectos comestibles y arañas sigue siendo un recurso común para cubrir las necesidad alimentarias de la familia. Los productos silvícolas también son importantes para su empleo en el hogar y para los ingresos del mismo, por ejemplo, el bambú, el mimbre, la miel, la resina y el azúcar de palma.

En algunas zonas, los residentes locales identificaron 18 tipos de frutos silvestres, cuatro clases de resina, 13 tipos de setas, 36 clases de raíces/hierbas/vides, y 14 tipos de flores/brotes/hojas silvestres. Además, también identificaron seis variedades de árboles de madera dura de gran valor y 13 variedades de árboles ordinarios que pueblan los bosques en sus áreas. Según la gente local, todas las variedades de árboles naturales, plantas y hierbas o céspedes (como el bambú) son esenciales para nutrir el ecosistema y son fundamentales para mantener y regenerar la biodiversidad.