Boletín núm. 63 – Éditorial

Replanteando el comercio mundial en tiempos de tensiones geopolíticas

Durante una gran parte de este siglo, una cohorte de naciones ricas y poderosas ha corrompido y secuestrado el sistema multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Estas naciones están alterando el denominado orden mundial basado en normas y redefiniendo los conceptos de cooperación, justicia, prosperidad compartida y estabilidad, abanderadas por Estados Unidos, que, combinando el poder del capital y el poderío militar, elude las normas colectivas e impone decisiones unilaterales que están remodelando radicalmente la política y el comercio mundial. Esto ha dado lugar a un sistema internacional frágil en el que todas las reglas son variables y la fuerza bruta determina los resultados.

Esto no quiere decir que el asediado sistema internacional/multilateral sea justo, equitativo o democrático. Sus principales órganos, a saber, el Consejo de Seguridad de   Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC), son desde hace mucho tiempo instrumentos de promoción de los intereses de las antiguas potencias coloniales. La amarga paradoja actual es que incluso las normas impuestas por estas instituciones están desbaratadas.

Ya se negocien mediante acuerdos de la OMC, acuerdos bilaterales de libre comercio o asociaciones económicas estratégicas, el comercio y la inversión mundial se han transformado en armas en los conflictos geopolíticos. Los aranceles, las sanciones y las restricciones financieras no se esgrimen para corregir desequilibrios comerciales, sino para ejercer una presión política implacable y derrotar a naciones y pueblos. Las medidas económicas se aplican a los que se atreven a trazar una vía alternativa al capitalismo global y a las ideologías fascistas.

Como demuestra la última guerra en Asia Occidental, el efecto de estas acciones se extiende mucho más allá de las naciones implicadas. Para los países en desarrollo las consecuencias son devastadoras. Los medios de vida de la clase trabajadora se ven amenazados por aranceles fluctuantes, sanciones agresivas y precios volátiles de las materias primas que presionan sobre los sistemas alimentarios y profundizan la dependencia de unos mercados exteriores cada vez menos fiables.

Lxs pequeñxs productorxs y trabajadorxs, que son la columna vertebral de las economías locales, se ven atrapados en el flagelo de unos precios mundiales oscilantes, costes de producción en aumento y rentas en disminución.  

Cuando son las ambiciones imperiales y colonialistas las que impulsan las políticas económicas, las expectativas de un comercio justo y equitativo se esfuman. Cuba, Palestina y Venezuela son ejemplos de que la utilización del comercio como arma y las reivindicaciones coloniales conducen al castigo colectivo de los pueblos.

Sin embargo, este momento de crisis también supone una oportunidad crucial. Conforme se desvanece la fe en los sistemas existentes, los países y los movimientos sociales se levantan para exigir un multilateralismo renovado y genuino, basado en la cooperación y no en la opresión, en la democracia participativa y no en la representación opaca.

Focus on the Global South, La Via Campesina