Cuadros

Cuadro 1

Un nuevo marco comercial internacional que trabaje para todxs

En el 3er Foro Global Nyéléni, celebrado en septiembre de 2025 en Sri Lanka, La Vía Campesina estableció los principios fundamentales de un nuevo marco comercial agrícola mundial basado en la Soberanía Alimentaria.

Basado en la definición fundamental de soberanía alimentaria que se estableció durante el Foro Mundial Nyéléni de 2007 y cimentado en el derecho internacional de los derechos humanos, este nuevo marco expresa un paradigma ético del comercio que da prioridad a la dignidad humana, la justicia ambiental y la gobernanza democrática de los sistemas alimentarios a todos los niveles: local, regional y mundial.

Este nuevo marco reivindica que todos los mecanismos comerciales se diseñen respetando los derechos inalienables de los pueblos y las naciones a determinar sus propias políticas agrícolas y alimentarias, reconociendo que la alimentación es un derecho humano fundamental y no una mercancía.

Este nuevo marco hace hincapié firmemente en que los mecanismos comerciales no deben utilizarse como arma ni deben subordinarse los derechos básicos a los intereses comerciales. Por el contrario, el comercio debe reconstituirse como un instrumento para el beneficio mutuo, sustituyendo las prácticas de explotación por un intercambio equitativo y una prosperidad compartida entre las naciones.

Forma parte de esta visión el compromiso de proteger el planeta mediante la salvaguarda de la biodiversidad y el respeto de los límites planetarios, reconociendo el papel crucial de los pueblos indígenas como custodios de los ecosistemas, y promoviendo sistemas alimentarios regionales y métodos agroecológicos, en lugar de cadenas de suministro controladas por las empresas.

Se insiste en que el citado nuevo marco comercial global debe ser inclusivo, transparente, equitativo y fortalecedor; lxs productorxs de alimentos a pequeña escala (agricultorxs, trabajadorxs agrícolas, pescadorxs, pastorxs) y lxs trabajadorxs del sistema alimentario, pueblos indígenas y grupos históricamente marginados deberán ser prioritarios y protegidos, prestando especial atención a las mujeres y a las personas pertenecientes a minorías de género.

Se aboga por un sistema de gobernanza comercial que garantice ingresos dignos y condiciones de trabajo seguras en todos los sistemas alimentarios, la participación democrática en la toma de decisiones comerciales, la rendición de cuentas pública en las operaciones de mercado y una regulación sólida del mercado.

Un marco comercial agrícola mundial debería conducir a una transformación sistémica de las relaciones comerciales para hacer realidad la soberanía alimentaria, la justicia climática y la equidad social tanto para las generaciones actuales como para las futuras. Se confirma que se cuantificará la aplicación de estos principios según su avance concreto en materia de derechos humanos, protección del medio ambiente y equidad económica y social para todas las personas.

Cuadro 2

Los organismos financieros y comerciales mundiales posibilitan la agresión a los océanos, los ríos y los pueblos pescadores

La incesante acumulación de riqueza por parte de las naciones imperialistas, aparte de explotar y expropiar las tierras ancestrales, tradicionales e indígenas de los pueblos pesqueros y las comunidades costeras, está aniquilando sus derechos soberanos sobre las tierras, las aguas y los recursos pesqueros, llevando a cabo una limpieza étnica y un desarraigo violento de sus modos de vida, sus identidades socio-ecológicas y su pertenencia cultural a costas, océanos, ríos, aguas interiores, manglares, islas, mares y todos sus territorios tradicionales.

El acaparamiento de océanos y tierras, incluido los recursos pesqueros, se ha acelerado a través de las industrias extractivas (minería, petróleo, gas); la pesca industrial destructiva; los megaproyectos de infraestructura (vías navegables, parques eólicos industriales, oleoductos, ciudades inteligentes, recuperación de suelos, construcción de puertos); los planes de conservación financiarizados como 30×30 y las OECM (otras medidas eficaces de conservación Basadas en áreas); la mercantilización y privatización de la naturaleza; y la acuicultura industrial (fábricas de pescado o alimentos azules).

Narrativas como el «crecimiento azul», la «economía azul» y la «transformación azul» prometen sostenibilidad, pero aceleran el acaparamiento y equivalen a un lavado de imagen ecológico. Estas iniciativas se integran en las economías nacionales a través de programas de financiación azul, vinculando a las naciones a condiciones fiscales que subordinan la soberanía al capital transnacional, reduciendo incluso a los Estados elegidos democráticamente a «Estados rentistas» que arriendan los océanos para el lucro empresarial. Esto agrava la crisis climática y la criminalización de los pueblos pesqueros, que se resisten a la mercantilización de los océanos, la pesca y las costas, y abogan a todos los niveles contra las falsas soluciones y el acaparamiento territorial bajo fraudulentas pretensiones «verdes» o «azules».

La OMC, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y los acuerdos de libre comercio se han utilizado para desmantelar las políticas nacionales que protegían la soberanía de los pueblos sobre los recursos naturales y los mercados locales.

Movimientos como el Foro Mundial de Pueblos Pescadores (WFFP por sus siglas en inglés) denuncian a quienes impulsan persistentemente esta agenda, incluidas las grandes organizaciones ambientales internacionales, el Banco Mundial, los bancos regionales de desarrollo y las empresas; y reclaman un desarrollo de base genuinamente comunitaria, basado en los derechos y configurado por los pueblos pescadores.

También mantienen su compromiso de participar en plataformas políticas multilaterales legítimas sobre alimentación, pesca, agricultura, clima, biodiversidad y derechos humanos para defender su autonomía política y su gobernanza consuetudinaria. El WFFP y otros, reconocen a la FAO, a su Comité de Pesca (COFI), al Comité de Subvenciones a la Pesca (CFS) de la OMC y al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) como los órganos de la ONU adecuados para la gobernanza global en los que las organizaciones sociales mantienen una participación activa.

Cuadro 3

Los Pueblos de las Semillas ante la tiranía del comercio mundial

Del 19 al 21 de enero de 2026, el Colectivo deSemillas de América Latina recibió en Cartago, Costa Rica, al Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) para «visibilizar la urgencia de defender una relación entre pueblos y comunidades con sus cultivos y semillas fundamentales», una relación ontológica que viene desde el fondo de los tiempos y es crucial para llevar a la humanidad y al planeta hacia el futuro.

El TPP escuchó las amenazas que enfrentan diversos pueblos del mundo para cuidar y reproducir sus semillas independientemente del mercado, de las restricciones de propiedad intelectual y las tecnologías biológicas y digitales.

Las estructuras políticas, dicen, han dispuesto que toda la alimentación sea progresivamente transformada en un capítulo de la economía, donde todo lo que tiene que ver con el sustento es separado de las vidas reales de las personas para ser únicamente parte del mercado global. Los oligopolios intentan convertir a la gente en una masa homogénea de consumidores y la diversidad natural en mercancías rentables.

Ahora que los intercambios comerciales se están usando como arma de guerra, un impulso como éste es vital.

«Pueblos de las semillas», dice el TPP, es un término transversal que no respeta las fronteras, que se refiere a quienes tienen problemas diversos pero coincidentes, complementarios, en África, en Asia, en América Latina. Si no lo pensamos así, los pueblos de las semillas se encuentran fragmentados para confrontar la fuerza bruta con que se está reacomodando el comercio global. Frente al desmantelamiento del derecho internacional, los pueblos con sus semillas pueden llevar sustento a todos lados, desafiando no sólo al capitalismo global, o las cadenas de suministro, sino a la mercantilización de los fundamentos de la vida.

Declaración del Tribunal Permanente de los Pueblos en Defensa de las Semillas.

Cuadro 4

La CM 14 fracasa – ¡buena noticia!

La 14ª Conferencia Ministerial (CM 14) de la OMC, celebrada en Yaundé (Camerún), ha fracasado, sin tan siquiera una Declaración Ministerial. Las negociaciones para renovar la moratoria de aranceles al comercio electrónico y la moratoria relativa a las “reclamaciones no basadas en infracción” del acuerdo sobre los ADPIC (TRIPS por su sigla en inglés); las subvenciones a la pesca; la agricultura; la reforma de la OMC, y un paquete de medidas para los Países Menos Adelantados (PMA), se han aplazado hasta el Consejo General de Ginebra.

Este fracaso es una victoria bien recibida en una batalla de mayor envergadura. Aunque muchos países en desarrollo se han resistido a dejar que Estados Unidos y sus secuaces impulsaran sus propios programas mediante el engaño del multilateralismo, no se trata de una rebelión clara del Sur Global. Muchos países del Sur siguen aferrados a la lógica del libre comercio, presentando propuestas que socavan la soberanía alimentaria y benefician a la agroindustria a expensas de lxs trabajadorxs y lxs pequeñxs proveedorxs de alimentos.

Durante 30 años, los países ricos han utilizado la retórica del comercio basado en normas y la reciprocidad, las promesas de una mayor ayuda al desarrollo y la intimidación descarada para romper las alianzas entre los países del Sur y extraerles mayores concesiones. Las normas de la OMC siempre han favorecido a las antiguas potencias colonizadoras. Se aseguran resultados que favorecen sus economías, a sus élites y sus negocios, y consolidan el poder de las empresas transnacionales en los sistemas alimentarios, la salud pública y todos los sectores vitales para una vida digna.

Pero incluso si la competencia fuera perfecta y los juegos de poder fueran eliminados, el marco de la OMC es inaceptable. Rechazamos la premisa de que todas las cosas en la tierra y nuestro trabajo deban ser tratados como mercancías, y una visión de las relaciones humanas basada en la competencia perpetua.

Es inútil esperar ninguna reforma significativa de la OMC que haga avanzar el bienestar, los derechos, las aspiraciones y las necesidades de los pueblos trabajadores del mundo. También es perjudicial y peligroso para la democracia participativa y la rendición de cuentas, ya que en demasiados países las negociaciones y los acuerdos de comercio e inversión no están sujetos a escrutinio interno.

A la vez que intensificamos nuestras exigencias fundamentales de acabar con la OMC, también necesitamos utilizar con eficacia y contundencia todo el corpus de legislación internacional sobre derechos humanos y los compromisos de nuestros gobiernos en materia de derechos humanos para desafiar el poder de la OMC sobre nuestras políticas nacionales. Los derechos de lxs trabajadorxs y de lxs pequeñxs proveedorxs de alimentos no pueden hacerse depender de los beneficios empresariales. ¡Queremos soberanía alimentaria, no libre comercio!

Para más información lean la Declaración de Yaundé: La OMC y el libre comercio provocan hambre, pobreza y desigualdad.