Voces desde el campo 1
Zainal Arifin Fuat, Serikat Petani, Indonesia
Las tensiones geopolíticas y geoeconómicas actuales están redefiniendo las relaciones comerciales y los sistemas alimentarios en todo el sudeste asiático. La política comercial e utilizada cada vez más por las economías poderosas como una herramienta estratégica, presionando a los países de la región para abrir mercados y ajustar normativas internas. Las políticas arancelarias recíprocas estadounidenses afectan a Indonesia, Vietnam, Tailandia y Malasia, al instar a estos países a negociar concesiones para mantener el acceso a los mercados de exportación. Estos hechos tienen importantes implicaciones para la agricultura y los medios de vida rurales, en particular para las personas productoras de alimentos a pequeña escala, que se enfrentan a precios volátiles y a un acceso desigual al mercado.
El Acuerdo sobre intercambios comerciales recíprocos (ART por sus siglas en inglés) de Indonesia y Estados Unidos ilustra la naturaleza asimétrica de los acuerdos comerciales emergentes. Se prevé que Indonesia aumente las importaciones de productos agrícolas estadounidenses como la soja, el trigo y la carne de vacuno, mientras que las exportaciones indonesias siguen estando sujetas a aranceles y a disposiciones comerciales cambiantes que favorecerían a Estados Unidos pero sin garantías equivalentes para Indonesia. El acuerdo también obliga a Indonesia a alinearse con determinadas restricciones comerciales de Estados Unidos hacia otros países, lo que suscita preocupación en términos de soberanía estatal y alimentaria.
En todo el sudeste asiático, las presiones arancelarias recíprocas y la liberalización comercial intensificarán la competencia de las importaciones que sufren las personas productoras de alimentos a pequeña escala, hundirán los precios a pie de granja y debilitarán los sistemas alimentarios locales. Estas dinámicas suponen un mayor riesgo de dependencia de los mercados globales y de socavar la capacidad de los Estados para proteger la agricultura interna. Para defender la soberanía alimentaria es preciso recuperar el espacio político para proteger a lxs campesinxs, regular las importaciones y fortalecer los sistemas alimentarios locales y agroecológicos.
El conflicto en Asia Occidental, a pesar de la distancia geográfica, repercute de modo significativo en Indonesia por el aumento disparado de los costes de producción. El aumento de los precios mundiales del petróleo afecta a la producción y al bienestar de lxs campesinxs, así como a la distribución por parte de las cooperativas campesinas. Como el petróleo es esencial para que las familias agricultoras puedan producir y distribuir los alimentos, los aumentos del precio del combustible amenazan directamente la viabilidad agrícola.
La agricultura indonesia sigue en transición de los sistemas convencionales a los agroecológicos, lo que significa que los fertilizantes aún no se producen íntegramente a nivel nacional. La elevada dependencia de los fertilizantes importados aumenta sustancialmente los costes de los insumos de producción. Las subidas de precios del combustible van a desestabilizar los precios de los alimentos. Considerando que las reservas alimentarias del gobierno aún no son soberanas, las comunidades urbanas y lxs campesinxs que carecen de reservas alimentarias suficientes van a ser los más afectados. La soberanía alimentaria y la agricultura agroecológica son respuestas esenciales a estas crisis en cascada.
Voces desde el campo 2
José María Oviedo, Unión Nacional de Agroproductores de Costa Rica (UNAG), Costa Rica / CLOC-La Vía Campesina
Desde el ámbito geopolítico, la guerra de Irán pone de manifiesto que Estados Unidos cree que el mundo debe ser de ellos y que deben tener el poder sobre todas las naciones. Es así como ponen como pretextos para atacar Irán la destrucción de la capacidad militar de la región, sobre todo el uso de misiles balísticos, así como la eliminación de armas nucleares. Además, plantean cambiar el régimen que gobierna en Irán argumentando que apoya a los que consideran adversarios de Occidente.
Lo hemos visto también en América, cómo Estados Unidos cree que América es Estados Unidos y que cualquier gobierno que no esté de acuerdo con sus políticas debe ser intervenido o invadido, como en el caso de Nicolás Maduro en Venezuela. Países como Cuba, Nicaragua, México y Panamá han afrontado amenazas por no seguir las disposiciones del gobierno estadounidense.
Con respecto a lo económico, el hecho de que se haya atacado en Asia Occidental —una región que produce el veinte por ciento del petróleo mundial— implica que, si la guerra continúa, el petróleo seguirá subiendo y con ello muchos productos, generando inflación a nivel global e incluso una posible hambruna. Esto también afectará a economías como la china, uno de los mayores productores de trigo, lo que podría provocar escasez de cereales.
Decimos que el imperio estadounidense se está derrumbando. Un ejemplo es que en 1979, cuando Jimmy Carter inició relaciones con China, se buscaban alianzas positivas, pero Estados Unidos ha seguido otro camino, centrado en conflictos globales. Estas guerras han costado miles de millones de dólares al pueblo estadounidense, sin que ese dinero se haya invertido en el desarrollo interno ni en otros pueblos.
Desde el punto de vista económico, esperamos un fuerte déficit fiscal en EE.UU. y la imposición de más aranceles para quienes exportan hacia ese país, como América Central, lo que nos afectará enormemente. Además, el aumento del petróleo seguirá impulsando la inflación.
Otro asunto es cómo el dólar se ha ido depreciando en muchos países y que, con esta guerra, también se busque su apreciación, lo que incrementaría la inflación a nivel mundial. Esta es una situación delicada para América, donde muchos países dependen de la importación de petróleo.
Voces desde el campo 3
Andoni García, Euskal Herriko Nekazarien Elkartasuna – EHNE Bizkaia, España
La política comercial de la UE, desde el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y la inclusión de la agricultura y la alimentación en la OMC, ha sido determinante en la política agraria y alimentaria, con consecuencias nefastas para lxs pequeñxs agricultorxs. Esta supeditación ha eliminado los instrumentos de regulación de mercados y precios que contenía la Política Agraria Común (PAC) hasta 1992. A pesar del fracaso de la OMC, la UE ha apostado sin freno por Acuerdos de Libre Comercio, donde la agricultura y los mercados interiores han sido moneda de cambio.
La apertura al mercado internacional, la reducción de aranceles, la bajada de precios para las personas agricultoras y una política agresiva de agroexportación han provocado una grave reducción de pequeñxs agricultorxs. Entre 2013 y 2023 se han perdido 5 millones de explotaciones en la UE. Además, la UE y su política agroexportadora han sido responsables de la escalada especulativa de los alimentos a nivel global. El modelo agrícola en la UE es cada vez más agroindustrial y basado en economías de escala.
Sin embargo, la UE es hoy menos autosuficiente desde el punto de vista alimentario, ya que su soberanía alimentaria y su autonomía estratégica están supeditadas a los Acuerdos de Libre Comercio y a los intereses económicos de las élites en la globalización. En la anterior legislatura, la UE trató de responder a las crisis climática, medioambiental, de biodiversidad, energética y alimentaria a través del Pacto Verde Europeo, la Estrategia de la Granja a la Mesa y la de Biodiversidad, aunque sin cuestionar su política comercial.
La fragilidad de estos planteamientos y su contradicción con los intereses de los lobbies del comercio internacional se han hecho evidentes en la nueva situación geopolítica. La UE está dando pasos atrás en su enfoque para afrontar las crisis y apuesta con fuerza por los Acuerdos de Libre Comercio para proyectar una imagen de fortaleza, que se diluye al evidenciarse su subordinación a Estados Unidos en la toma de decisiones. La Comisión Europea ha propuesto, para el presupuesto de la UE a partir de 2028, aumentar el gasto militar y reducir el apoyo a lxs agricultorxs. La PAC y las políticas de protección medioambiental están retrocediendo rápidamente.
Además, la Comisión Europea ha acelerado los Acuerdos de Libre Comercio, ignorando las decisiones del Parlamento Europeo y la oposición general de lxs agricultorxs. Asimismo, los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, que han desencadenado una guerra con repercusiones globales, han provocado una fuerte especulación sobre los combustibles, los costes de producción y los alimentos, evidenciando nuevamente los riesgos para la soberanía alimentaria, el acceso a los alimentos y la fragilidad de los sistemas alimentarios globalizados impulsados por las políticas de la UE.
Voces desde el campo 4
Annette Hiatt, National Family Farm Coalition (Coalición Nacional de Agricultores Familiares)/Land Loss Prevention Project (Proyecto de Prevención de la Pérdida de Tierras), Estados Unidos
A menudo los acuerdos comerciales multilaterales e internacionales afectan gravemente a lxs pequeñxs productorxs, sin que estos se beneficien ni sean involucrados. Muchos pequeñxs agricultorxs, como los de Carolina del Norte (región sudoriental de Estados Unidos), no participan directamente en el comercio internacional, pero las decisiones que se toman a puerta cerrada a nivel internacional para configurar e influir en las relaciones de poder repercuten directamente sobre esxs mismxs productorxs y las comunidades en las que viven.
Según estimaciones del mes de enero, los aranceles al comercio podrían tener un efecto devastador sobre la economía agrícola de Carolina del Norte, con pérdidas de ingresos por valor de 1.200 millones de dólares y una posible pérdida de 8.000 puestos de trabajo. Ante la falta de apoyo a los precios para los productores a pequeña escala, el uso errático de los aranceles al comercio puede significar que lxs pequeñxs agricultorxs compitan aún más a con la agricultura industrial a gran escala por el acceso a los mercados internos.
Más de la mitad de las explotaciones agrícolas de Carolina del Norte cuentan con menos de 50 acres (unas 20 Has) y más de la mitad de lxs agricultorxs obtiene menos de 10.000 dólares anuales de la agricultura. Estos no son lxs agricultorxs que se dedican a la exportación internacional, sino que muchas veces forman la base de los sistemas alimentarios locales que alimentan a sus comunidades. Pero sienten profundamente el aumento de precios de los alimentos y de los costes de los insumos, como el combustible y los fertilizantes.
Como los costes de producción de lxs agricultorxs superan sistemáticamente los precios que se les pagan, la creciente deuda del sector agrícola está obligando a nuestrxs pequeñxs productorxs —la raíz de nuestras comunidades rurales— a abandonar la tierra. Son los pequeñxs agricultorxs que son la clave de la resiliencia y la construcción de la comunidad, pero son tratados como peones de un juego y una producción que también fortalece nuestras economías locales es poco valorada.
La política comercial debería reforzar los medios de vida de nuestrxs pequeñxs agricultorxs y comunidades rurales, facilitar el acceso a la tierra y la soberanía alimentaria, y permitir una gestión que apoye una producción alimentaria resiliente y agroecológica en Estados Unidos y en el resto del mundo.