Voces desde el campo

Voces desde el campo 1

No estamos de acuerdo con el proyecto megaminero Pacto-Junín

Julián Morente, organización de vecinos inconformes en Ingapi, Ecuador.

Pacto es una parroquia rural en Ingapi, Ecuador. Los pobladores hemos logrado vivir durante siglos de la caña entreverada con plátano, yuca y otros productos de subsistencia. Nuestros cultivos no contienen agroquímicos. Siempre trabajamos la tierra a lo tradicional, alimentando el suelo para que el suelo nos alimente. Fabricamos panela a partir de moliendas propias, con maquinaria casera y estufas de leña para decantar el dulce.
En las zonas bajas, tenemos ganadería orgánica de pastoreo, y producimos leche y carne, sin llegar a las grandes procesadoras. Distribuimos en lo local y regional. Aquí, en las estribaciones de los Andes, nos va a llegar la minería. Ya comenzaron a desplomar la montaña en ciertas zonas.
El presidente Correa le dice Proyecto Megaminero Pacto-Junín: más de cuatro mil hectáreas tan sólo en Pacto; en Junín la destrucción va ya bastante avanzada. ¿Adónde nos van a mandar? Queremos comida, no piedras ni oro. Aquí dejarán un desierto a las futuras generaciones. Los técnicos dicen que es un kilómetro de profundidad, eso es una monstruosidad porque con casi seis meses de lluvia, al levantar, al abrir la montaña, de aquí al río, la reserva que tiene el municipio de Quito, el agua de la gran ciudad, se va a perder. Yo digo que es más importante el agua que el oro.
Los estudios de impacto ambiental son desastrosos porque es todo una bola de engaño Todo por privilegiar la minería, que es una devoradora. La entrada de la minería nos derramará químicos fuertes como el cianuro. Además de desplomar cerros completos, afectando bosques, pastos, el flujo del agua y su composición, contaminada brutalmente. Dicen que hay por debajo uranio. El gobierno nos quiere dar de indemnización trescientos dólares por hectárea. Nosotros no estamos de acuerdo.

Voces desde el campo 2

Resistencia en Camboya

La señora Oum Sophy, una de las responsables del movimiento de lucha por la tierra de Lor Peang, Camboya.

Desde 2006, los residentes del pueblo de Lor Peang en el distrito de Kampong Tralach, provincia de Kampong Chhnang en Camboya, han estado envueltos en una lucha por la tierra con KDC International, una potente compañía privada propiedad de la Sra. Chea Kheng, la mujer del ministro de Minas y Energía, D. Suy Sem. Desde mediados de julio de 2014 la policía militar ha ocupado el pueblo y KDC International está construyendo un muro que rodea las tierras confiscadas a los habitantes.
Me llamo Oum Sophy. Mi esposo y otros dos habitantes del pueblo fueron detenidos cuando salimos del pueblo para iniciar una marcha hacia Phnom Penh esta mañana (12 de agosto de 2014). Decidimos ir a Phnom Penh para pedirle al gobierno que nos ayude y encuentre una solución justa a la lucha por la tierra en nuestro pueblo. Por el camino, la policía militar intentó pararnos y tiró y desperdigó nuestra comida, agua, bolsos y documentos por la carretera. La mayoría de los residentes que caminaban juntos en la marcha fueron golpeados por la policía y resultaron heridos y nuestros hijos lloraban. No pude ayudar a mi esposo cuando ví que se lo llevaban al camión policial.
Muchos de los que hemos caminado juntos hoy son mayores y muchos son niños. Yo no quería llevar a mis cuatro hijos conmigo pero no tengo elección. El más pequeño solo tiene cuatro meses.
Queremos justicia para nuestra gente. Cinco de nuestros representantes están detenidos y queremos que sean puestos en libertad. Queremos que este gobierno impida a la empresa [KDC International] que siga construyendo muros que rodean nuestras tierras, que retire de inmediato a la policía militar de nuestro pueblo y que deje de amenazar nuestra libertad, y que podamos tener un medio ambiente sano para que nuestros hijos puedan ir a la escuela. No volveré a mi pueblo hasta que no se de una solución adecuada a nuestro problema.

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Vamos a parar los oleoductos de Enbridge

Winona La Duke, Honor the Earth, Minnesota.

La organización medioambiental nativa “Honor the Earth” está organizando una gira por el norte de Minnesota para lograr el compromiso de las comunidades ribereñas de una de las muchas conducciones que cruzarán el North Country para transportar las arenas bituminosas y el petróleo extraído por fracking: la propuesta de conducción Enbridge Sandpiper. La gira no solo quiere evitar la amenaza de la conducción, sino que es un acto de solidaridad para detener la explotación de arenas bituminosas y petróleo Bakken de sus lugares de procedencia.
Es la niebla de la mañana. Veo a los caballos entre la niebla. Luego cabalgaremos hasta el lago. Es el lago Rice, en mitad del refugio del lago Rice. El lugar es Minisinoo, un pueblo tradicional de los Anishinaabeg*, que han vivido aquí durante miles de años.
“No entiendo como pueden poner el oleoducto aquí …. Es el lecho de un lago de origen glaciar, con grandes cantidades de manoomin**…que hacen que la vida sea rica en cantidad y calidad. Nos sentimos amenazados.” La tierra está llena de lagos, plantas medicinales y zonas húmedas. (…) Aqui no necesitamos ningún oleoducto. La biodiversidad y la deslumbrante belleza del ecosistema son maamaakaajizhichige. Impresionante.
Los líderes tradicionales y los ceremoniales del pueblo de East Lake nos dan la bienvenida, rezan por nosotros, alimentan nuestras almas, pastorean a nuestros caballos, y alimentan nuestros cuerpos. Explicamos la logística del oleoducto, hablamos de los 20.000 galones por minuto que saldrían en caso de rotura en la conducción, y todos sabemos que irían directamente al agua. (…) La capa freática está solo a un pie por debajo de la superficie. El oleoducto es un peligro. Y se une a otro proyecto extremo de extracción que pesa sobre la zona- un conjunto de exploraciones mineras de cobre y zinc de Rio Tinto Zinc/Kennecott Copper: muy profundo en el lecho glaciar que conforma estas tierras, hay rastros de cobre, zinc, magnesio, diamantes y oro. Nos cuentan que la compañía ha alquilado un edificio en la ciudad al norte y sigue buscando y excavando por ahí.
No hay ningún lugar seguro donde esconderse, donde cultivar arroz, donde ser Anishinaabeg. De modo que protegemos nuestro territorio, como hemos hecho durante siglos. Sigue siendo hermoso y está lleno de agua limpia, y medicinas. Lo es todo. Nuestra agua es más importante que su petróleo. Nuestro mino bimaatisiiwin*** nos ayudará a conseguirlo. Love water not oil.

* Palabra que suelen utilizar los pueblos Odawa, Ojibwe, y Algonquin.
** El arroz salvaje de los Ojibwe, que históricamente ha sido el plato de subsistencia de su dieta.
*** Filosofía Ojibway, que plasma el concepto de equilibrio entre los cuatro elementos de la salud:física, mental, emocional y espiritual.

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Shell to sea: La lucha de Rossport

Gerry Bourke, agricultor en el condado de Mayo, Irlanda.

Soy agricultor en el noroeste de Irlanda, cerca de la baronía de Erris en el condado de Mayo. Durante los últimos trece años hemos estado luchando contra Shell para proteger nuestra tierra, nuestro medio ambiente y nuestra comunidad. Shell planeaba atravesar los campos de nuestras comunidades – campos que nuestras familias han cuidado y nutrido durante generaciones con un gasoducto de gas no procesado, altamente volátil y contaminante. Todo son turberas por aquí, nosotros fertilizamos los campos con algas que traemos del mar. Para nuestras comunidades, la tierra lo es todo.
Hemos luchado contra Shell y nos han reprimido con violencia. Han pegado a la gente de nuestra comunidad, la han maltratado, les han sometido a la ley marcial. Se presentaron casi un centenar de denuncias por la conducta de la policía – pero ninguna obtuvo respuesta. La gente se queja justificadamente de Shell, pero la realidad es que se les ha permitido hacer lo que han hecho. Tienen sus propios servicios de policía y de seguridad privada; sus acciones fueron facilitadas por el Estado irlandés. El gobierno trazó una línea alrededor de nuestros pueblos y estableció: “El estado de derecho, la ley del Estado irlandés, ya no se aplica aquí.” Como si se tratada de un campo de pruebas para oprimir a su propio pueblo. El Estado pensó que podía aplastarnos, pero en lugar de eso lo que logró fue educarnos.

Hemos conocido a personas con ideas y conocimiento que han venido a apoyar nuestra lucha. Hemos aprendido muchísimo sobre cómo funciona el mundo, sobre cómo el gobierno irlandés puede tratar a su pueblo, sobre las alternativas. Ahora esperamos que nuestro conocimiento pueda ayudar a otras comunidades – si se reúne suficiente gente puede cambiarlo todo.

Tenemos que recordar que todo en esta isla – desde la última brizna de hierba hasta la luz de la luna – pertenece al pueblo irlandés, a todos nosotros y nosotras. Debemos tomar las decisiones juntos. Tenemos el deber, hacia nosotros mismos y unos hacia los otros, de asegurar que nuestras opiniones sean escuchadas, de ser responsables de lo que sucede. El gobierno nunca lo hará por nosotros.

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¡No permitiremos a ProSavana invadir nuestra tierra y colonizarnos!

Ana Paula Taucale, campesina de la provincia de Nampula y miembro de UNAC (Unión Nacional de Campesinos y Campesinas), Mozambique.

El gobierno de mi país ha cedido grandes extensiones de tierra para la agricultura a gran escala orientada a la exportación, en el Corredor de Nacala, con la participación de Brasil y Japón. Nosotros, los campesinos y campesinas de la zona, nos oponemos a este proyecto que consideramos una invasión que abrirá las puertas a acaparamientos de tierras a gran escala.
Ya hay pruebas de los efectos del acaparamiento de tierras en esa zona (norte de Mozambique) sobre las comunidades campesinas, y en particular sobre las mujeres. En la provincia de Nampula, donde vivo y tengo mi parcela, a las mujeres se les impide entrar en las zonas donde operan las empresas extranjeras. No podemos acceder a la leña, recolectar alimentos silvestres o raíces para su uso como medicamentos para nuestras familias. Ésta es una clara violación de la Ley de Tierras de Mozambique. La Ley exige que se consulte a las comunidades sobre concesiones de tierras a empresas, otorgándoles así el derecho a oponerse, como en los casos en que implican un abuso de sus derechos.
Rechazamos el acaparamiento de tierras y rechazamos el modelo de agricultura que representa el programa de ProSavana. Haremos todo lo posible para pararlo.
Nosotros, como UNAC, nos hemos reunido con otras organizaciones del país para lanzar en junio la Campaña Nacional STOP ProSavana. Queremos dar un alcance internacional a esta campaña: ya se han unido a nosotros organizaciones de la sociedad civil de Brasil y Japón. Queremos activar los mecanismos legales a escala nacional y de Naciones Unidas para que los que están poniendo en marcha el programa ProSavana rindan cuentas en mayor medida por los daños que puedan causar a las comunidades campesinas de Mozambique.
Para más información sobre la campaña, ver:
http://viacampesina.org/en/index.php/actions-and-events-mainmenu-26/stop-transnational-corporations-mainmenu-76/1643-mozambique-civil-society-organizations-decided-to-globalize-the-no-to-prosavana-campaign-and-promise-to-give-legal-responsibility-to-perpetrators

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Estamos dispuestos a luchar

Parvati*, Muttagi, India.

Yo no tengo tierra, pero tengo una casa. Soy una trabajadora agrícola en las tierras de otros. Hago pan en casa y lo vendo para ganar algo. En realidad hace mucho que mi tierra se tomó para construir un embalse, y no le deseo eso a nadie. Por eso me uní a este movimiento contrario a que la compañía NTPC (National Thermal Power Corporation Limited) construya una central térmica en mi pueblo. Si se pierden los campos de los agricultores locales, ¿qué vamos a comer? Durante la protesta, los hombres nos dijeron que nos pusiéramos delante, así la policía no usaría la violencia. Pero cuando llegamos delante de la central térmica de la NTPC, la policía nos pegó con lathis (palos largos) – hasta a mí me pegaron. Tuvimos muchísimo miedo. Era mi primera experiencia en una revuelta. La policía cargó contra nosotras dentro de los hoteles, de la comisaría, hasta dentro de la estación de tren! Pero los miembros del movimiento campesino nos dijeron que no tuviéramos miedo. Uno de mis parientes está en la cárcel. Es un estudiante de secundaria, y ¡simplemente se lo llevaron! Estoy decidida a luchar contra la NTPC. ¡Cuando las mujeres nos unamos, ya veréis lo que hacemos!
No queremos la central de la NTPC. Aunque nos den dinero, no queremos la central. No queremos enfermedades como la tuberculosis, asma, etc. No queremos que afecte a los niños en el vientre de sus madres. Ahora sabemos que el agua que rodea a la central térmica es venenosa. No estamos diciendo ninguna mentira. Que nos disparen si quieren. Por nada del mundo queremos perder nuestra tierra. No queremos que haya víctimas ni de su lado ni del nuestro. Antes de empezar a trabajar deberían haberse reunido con nosotros para hablar del impacto de la central térmica.
¿Por qué compró estas tierras el gobierno? Seguro que se hacen ricos, pero ¿qué van a hacer los pobres? ¿Qué nos espera en el futuro? Estamos dispuestos a luchar.


*Nombre ficticio para proteger su identidad

Voces desde el campo 7

Los yaqui defienden su agua del gobierno y la industria

Mario Luna, vocero de la tribu de Vícam, Sonora, México.

En 2010 el gobierno estatal anunció la construcción de un acueducto que arrebatará millones de m3 de agua del río Yaqui. El agua es parte del territorio ancestral yaqui, ratificado parcialmente en 1940 mediante un decreto presidencial.
Aunque hemos ganado en los tribunales, el gobierno no detiene el proyecto y promueve el odio contra nosotros.
Con la movilización comenzaron procesos judiciales contra algunos y a muchas familias se nos suspendieron los apoyos de los programas gubernamentales. Hay hostigamiento, auditorías, amenazas directas de muerte, y personas secuestradas.
En sus 74 años, el decreto que nos otorga el territorio no se ha cumplido. La hidroeléctrica construida en los 50 sólo destina agua para energía, y la Comisión Nacional del Agua nos la escamotea e pues nos asigna sólo 250 millones de m3 al año de los 800 millones de m3 de capacidad de la represa.
Fuimos los últimos en enterarnos —por las notas de prensa— del proyecto del acueducto. Las autoridades no nos consultaron, aun cuando es una obligación asentada en diversas normativas internacionales.
Sólo 8% del río Sonora, es para consumo de los ciudadanos; el resto abastece a campos agrícolas y ganaderos. En la region crece el sector industrial. Ford amplió a casi el doble su capacidad; se instala la segunda planta más grande en Latinoamérica de la cementera Holcim Apasco; llega Heineken, la cervercera más grande del orbe; Coca-Cola y Pepsico van a ampliar sus instalaciones de alimentos procesados. El gobierno estatal viola reiteradamente la suspensiones dictadas por el poder judicial de la federación. El 15 de julio, el Tribunal Colegiado de Hermosillo anuló la resolución del juez que otorgó la suspensión, motivo por el que los yaqui retomamos los bloqueos, en la carretera federal a la altura de Vícam, hasta nuevo aviso. Resistimos de manera pacífica, pero estamos en el ojo del huracán.

Cuadros

Cuadro 1

El Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) en México

“Libre comercio, violencia, impunidad y derechos de los pueblos”

El TPP nació como Tribunal Russell para juzgar los crímenes de Estados Unidos en Vietnam. Después juzgó a las dictaduras en el Cono Sur y se convirtió en “tribuna permanente” donde los pueblos expresan en sus propios términos los agravios sufridos, se reconocen como sujetos de su proceso y denuncian a los responsables de su caos y sufrimiento.

En México el TPP se instaló en 2011 a petición de cientos de organizaciones campesinas, obreras y de la sociedad civil que acusan al Estado mexicano por el delito de desvío de poder: favorecer sistemáticamente a las empresas mientras impide que la gente logre la justicia con todo su aparato jurídico y económico.

El desvío de poder se dirime en siete procesos derivados del orden impuesto con el libre comercio: violencia contra los trabajadores; violencia contra los migrantes; censura y violencia contra los medios de comunicación; devastación ambiental; violencia contra el maíz y la autonomía de los pueblos; violencia de género; guerra sucia e impunidad.

En la autonomía de los pueblos, el reclamo es el despojo de las posibilidades de subsistencia, cuyo corazón es el maíz, alimento vital y núcleo de la defensa territorial. Quizá es la primera vez que un jurado internacional asume la integralidad del ataque y las complejas relaciones entre el despojo, la soberanía alimentaria, la expulsión migratoria y el acaparamiento de los territorios y bienes comunes. El TPP recomendó al gobierno de México que se salga del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. De no hacerlo serán imposibles la soberanía nacional y la autonomía; que prohíba el maíz transgénico por atentar contra una matriz civilizatoria plena de futuro. Determinó que México viola el Estatuto de Roma por genocidio, y visibilizó en lo internacional los abusos del gobierno contra los pueblos.

El TPP abre espacios de diálogo y vinculación y donde los agraviados sistematizan su experiencia y recuperen su centralidad como sujetos. Alienta las luchas y fomenta la sensación de logro y aplomo, al abrir campo para la expresión de los agravios en un entorno de confianza en su palabra, con referencias y términos propios.

Cuadro 2

Atlas de justicia medioambiental

El atlas de justicia medioambiental es un atlas de mapas temáticos y regionales que cubren los conflictos socio-ambientales en todo el mundo. La mayoria de los casos cubiertos por el atlas se centran en situaciones en las que las comunidades se movilizan y luchan por la justicia medioambiental.


Algunos aspectos destacados del proceso de cartografía:
1. Los conflictos ecológicos van en aumento por todo el mundo, espoleados por la demanda de materiales alimentada sobre todo por la pequeña parte más rica de la población mundial. Las más afectadas son las comunidades pobres y marginalizadas. (…).
2. Se acrecientan las formas clásicas y nuevas de extracción (fracking, servicios de los ecosistemas). Esta búsqueda de recursos se centra mayoritariamente en los últimos ecosistemas intactos del planeta, que muchas veces albergan a pueblos indígenas y comunidades de subsistencia.
3. La actual ola de acotamientos está conduciendo a una temeraria e irreparable destrucción del medio ambiente, incluso a la contaminación y agotamiento del agua, la degradación del suelo, y la liberación de materias tóxicas peligrosas; también a la pérdida del control comunitario sobre los recursos necesarios para su sostenimiento. (…)
4. Estas injusticias medioambientales conllevan la implicación de una red heterogénea de actores, no solo los actores de las corporaciones que ya trabajan en la inversión de capitales a gran escala, sino nuevos actores financieros. (…) La resistencia de los pueblos está emergiendo. Las comunidades están luchando para recuperar el control sobre sus propios recursos y hacer valer su derecho a un medio ambiente saludable. Las formas de acción no solo utilizan los medios formales, como recursos ante los tribunales, presión sobre los gobiernos y referéndums, y la movilización informal, sino también las protestas callejeras, bloqueos y ocupación de tierras.
5. Las compañías siguen disfrutando de una impunidad corporativa generalizada con respecto a los abusos sobre el medio ambiente y los derechos humanos. Las compañías continúan con sus actividades en medio de fuertes protestas ciudadanas, a veces recurriendo a fuerzas de seguridad privada y a la connivencia de los gobiernos para aplastar la resistencia. Esta creciente persecución y la violenta puesta de los activistas medioambientales en el punto de mira está menoscabando los derechos humanos (Boletín Nyéléni núm. 14: Derechos y represión).
6. Una mayor rendición de cuentas de las empresas, en lugar de la responsabilidad corporativa voluntaria, y la reducción del consumo, son el único modo de impedir la extensión de los conflictos ecológicos por todas partes. Es fundamental que los grupos de ciudadanos continúen la vigilancia y la movilización.
7. Entre historias de devastación y contaminación del medio ambiente, hay muchos casos de victorias de la justicia medioambiental (…). La resistencia popular de las comunidades afectadas es fundamental para avanzar hacia una economía más equitativa y sostenible.

Destacados

Nosotros, la gente común

Nunca antes había sido tan claro que desde el fondo de los tiempos, los pueblos y comunidades, la gente común siguen ahí y que los sistemas “dominantes” están más y más desesperados por controlarlos. Es gente que guarda sus semillas nativas y que en su sentido más amplio cultiva alimentos para su propia comunidad y en gran medida el mundo. Es gente que vive en resistencia reivindicando, cada vez más, un autogobierno en defensa de sus territorios ancestrales. Son comunidades que desde siempre han puesto su vida al servicio del mundo ejerciendo un cuidado y un equilibrio entre plantas, animales, y las fuentes de agua, entre los “seres naturales y espirituales” —cultivando una memoria y una presencia de nuestro entorno de subsistencia, de nuestros vivos, de nuestros muertos.

Cuántos somos y qué hacemos

Un nuevo informe de GRAIN[1], es una revisión profunda de los datos de la estructura agraria y la producción alimentaria a nivel mundial y llega a seis conclusiones centrales.

La primera conclusión es que el campesinado sigue siendo quien, en fincas pequeñas, produce el grueso del abasto alimentario en el planeta —sobre todo para alimentar a la propia familia, la comunidad y los mercados locales.

La segunda es que la vasta mayoría de las fincas en el mundo son pequeñas y siguen encogiéndose, debido a una miriada de fuerzas expulsoras. Si esta tendencia no la revertimos con una resistencia que lleve a una reforma agraria integral, la expulsión de gente y ahora ya lo vemos, niños y niñas, será todavía más brutal.

Todas estas fincas campesinas pequeñas están apretujadas en menos de una cuarta parte de la tierra agrícola a nivel mundial. El porcentaje también disminuye. Ésta sería la tercera conclusión.

Una cuarta certeza es que mientras se pierden fincas, tierras y campesinos y campesinas por todas partes, las grandes instalaciones industriales agrícolas crecen. En los últimos 50 años, debido sobre todo al monocultivo industrial, unos 140 millones de hectáreas —bastante más que la tierra agrícola de China— fue acaparada para plantar soya, palma aceitera, canola, caña de azúcar y maíz industrial.

Otra quinta conclusión es que técnicamente, según los datos extraídos de censos nacionales de casi todos los países del mundo, las fincas pequeñas son más productivas que las enormes instalaciones agrícolas -pese al enorme poder y recurso de las grandes haciendas industriales.

La sexta y última es que la mayoría del campesinado son mujeres.  No obstante sus contribuciones, siguen marginadas, sin que las contemplen en las estadísticas oficiales y como tal siguen siendo discriminadas cuando se trata del control de la tierra.

Quiénes nos atacan

Hoy, debemos reconocer que la vida de los pueblos, la persistencia y entereza de las comunidades campesinas, las confronta radicalmente con los sistemas ávidos por controlar la mayor cantidad de relaciones, riquezas, personas, bienes comunes y actividades potencialmente lucrativas, mediante leyes, disposiciones, políticas, extensionismo, programas, proyectos y dinero. Mediante la agroindustria, que implica producir (no sólo alimentos) con métodos más y más sofisticados (no necesariamente más eficientes) en grandes extensiones de terreno para cosechar grandes volúmenes y obtener mucha ganancia a toda costa.

Su lógica industrial perpetra una violencia extrema contra las escalas naturales de los procesos y los ciclos vitales, y en la llamada integración vertical: una enloquecida carrera por agregarle valor económico a los alimentos con más y más procesos —de la tierra acaparada a la semilla certificada, al suelo, a su fertilización y desinfección megaquímica, a la mecanización agrícola, al transporte, al lavado, procesamiento, empaque, estibado, almacenado y nuevo transporte (incluso internacional) hasta arribar a mercados,  supermercados y comederos públicos.

Como ya sabemos, esta suma de procesos contribuye al calentamiento que extrema la crisis climática (cerca del 50% de los gases con efecto de invernadero provienen de estos procesos combinados). También favorece el sojuzgamiento de todas las personas atrapadas de una u otra forma en ese sistema alimentario transnacional y globalizador. Un sistema que no resuelve la alimentación de las comunidades ni de los barrios pero sí los utiliza para realizar los trabajos más innobles y dañinos de toda la cadena mientras, como campesinos, los cerca en un sistema agropecuario industrial que le va robando futuro a sus labores y vuelve trabajo semi-esclavizado lo que antes era tarea creativa, digna y de enormes cuidados. Por eso, producir nuestros alimentos de modo independiente del llamado sistema alimentario mundial es algo profundamente político y subversivo.

Acaparamiento, memoria y resistencia

Es innegable que hay una relación directa entre la pérdida de tierras y el avance de la megaminería, el petroleo, el gas, y los monocultivos. Como está planteado en el editorial, debemos reconocer que existe un amplio margen de investigación por realizar para descubrir el avance del extractivismo y la fragmentación, desmantelamiento y pérdida de territorios por parte de campesinos e indígenas. Como botones mínimos de prueba, baste decir que en México 26 % del territorio nacional está ya concesionado a las mineras, y que en Colombia, 40% del territorio está también concesionado. En este último país, “el 80% de las violaciones de los derechos humanos que ocurrieron en los últimos diez años se produjeron en regiones minero-energéticas y el 87% de las personas desplazadas proceden de estos lugares”. En Perú, es el 40% de los territorios campesinos el que está ya entregado a las mineras. Si recorriéramos país por país, algo que sin duda es necesario comenzar a hacer de modo sistemático, nos encontraríamos con panoramas parecidos, hasta el extremo de la República Democrática del Congo donde lo tremendo ya no lo mide el porcentaje de tierras entregado sino el número de muertos desatado por los conflictos por los minerales, sobre todo diamantes, coltán y oro: más de 7 millones de asesinados con violencia en menos de 15 años.

Los conflictos por el agua son también recurrentes. “En África, por ejemplo, una de cada tres personas sufre de escasez de agua y el cambio climático empeorará la situación. El desarrollo en África de sistemas indígenas de manejo de aguas, altamente sofisticados, podría ayudar a resolver la crisis, pero son estos mismos sistemas los que son destruidos por los acaparamientos de tierra a gran escala, en medio de afirmaciones de que el agua en África es abundante, que está subutilizada y que está lista para ser aprovechada por la agricultura para la exportación”, dice otro informe de GRAIN[2], Y claro, no es sólo África.

Más allá de las causas, que van de los monocultivos del sistema agroalimentario industrial al extractivismo más severo y contaminante de la minería, pasando por las centrales eólicas, los pozos petroleros, las reservas de la biosfera y los proyectos REDD, el megaturismo y los desarrollos inmobiliarios, los trazos carreteros, las mega-represas hidroeléctricas, los trasvases de acuíferos, los corredores multimodales o la entrada brutal de la cultura de la delincuencia y la narcosiembra, los laboratorios o el tráfico, lo real que hay un ataque contra nuestra memoria territorial porque nuestros territorios son el entorno vital, los ámbitos comunes para recrear y transformar nuestra existencia: ese espacio al que le damos pleno significado con nuestros saberes compartidos en nuestra historia común.

Para provocar escasez y dependencia económica, los sistemas mundiales corporativos, industriales o multilaterales han ido promoviendo una deshabilitación progresiva que busca que las comunidades, que durante tanto tiempo han alimentado al mundo, no puedan resolver por medios propios ni su propia subsistencia, ni su salud, su educación, y otras necesidades que se han ido acumulando. El efecto de esta precariedad impuesta es la expulsión de poblaciones, fragilizando sus estrategias y restándole peso a su propio futuro.

Por eso la soberanía alimentaria sigue siendo profundamente pertinente y esperanzadora como herramienta de autonomía y defensa territorial, porque revive plenamente nuestra memoria. Una producción propia de alimentos desde el nivel más pequeño y comunitario para arriba es una propuesta vital y existen pruebas de que es posible darle la vuelta a tanto agravio.


[1] Hambrientos de tierra: los campesinos en pequeña escala alimentan al mundo con menos de una cuarta parte de toda la tierra agrícola. ver www.grain.org

[2] Exprimir África hasta la última gota: Detrás de cada acaparamiento de tierra hay un acaparamiento de agua”, julio 2012. www.grain.org

Boletín núm. 19 – Editorial

Comunidades en lucha por la defensa de sus territorios

El acaparamiento de tierras en el planeta crece implacable.
Cuando como GRAIN comenzamos una investigación al respecto, pusimos el foco, por razones metodológicas, en el renovado control que sobre terrenos por todo el mundo emprendían los gobiernos de algunas naciones invocando a toda voz su intención de resolver una inseguridad alimentaria. Muy pronto, los variados grupos financieros (incluidos algunos fondos de pensión) saltaron al centro de los procesos de negociación desnudando el carácter especulativo de muchos de estos tratos agrarios y abriendo el foco de esta renovada ansia corporativa de tierra.

Siempre hemos estado conscientes de que el acaparamiento de tierra es mucho más vasto y ominoso de lo que hemos mostrado hasta el momento. No es sólo su utilización para emprendimientos agrícolas industriales de monocultivo de materias primas de exportación, ni la producción dislocada de alimentos en otros países. Implica extractivismo: agua, minería, petróleo, deforestación, narcotráfico, servicios ambientales y proyectos REDD (es decir territorios enajenados aparentemente en resguardo) y la especulación subsecuente con ellos, el turismo, el desarrollo inmobiliario y la urbanización, la geopolítica militar y mucho más.

En este número de Nyéléni, queremos asomarnos un poco a este fenómeno creciente y a las posibilidades de resistirlo desde nuestras comunidades.

GRAIN