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La demolición estadounidense del orden mundial posterior a la II Guerra Mundial frente al Sur Global

Un orden global en descomposición

Durante el segundo año del segundo mandato de Donald Trump, con el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y seguidamente con la guerra emprendida contra Irán junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, el presidente estadounidense ha seguido demoliendo el orden mundial establecido durante 80 años por Estados Unidos después de la segunda Guerra Mundial.

El sistema en demolición es una estructura de reglas, prácticas y políticas que ha mantenido la hegemonía de Estados Unidos y del resto del mundo capitalista occidental; una estructura promovida con la retórica de la libertad, el libre comercio y la democracia. Estados Unidos ha sustituido unas normas y unas prácticas ya de por sí injustas para el Sur Global por el ejercicio unilateral de la coerción y la fuerza, y la regla de que la fuerza da la razón.

A solo tres meses del comienzo de 2026, Trump ya ha conseguido desmontar las ficciones políticas del antiguo régimen, entre ellas el principio central de Naciones Unidas que prohíbe expresamente «la amenaza del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o actuar de cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas». Mediante el secuestro de Maduro y el asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, el hegemón ha anunciado al mundo que ningún país está exento de una intervención abierta, rotunda, si Trump lo desea. Ni los territorios extranjeros pertenecientes a aliados cercanos, como Groenlandia, son inmunes a ser anexionados si Trump decide que es de interés nacional para EE.UU. apoderarse de ellos.

Así se transforma el sistema económico multilateral

No obstante, antes de desmantelar la ficción político-militar del antiguo régimen, en 2025 Trump atentó contra la ficción económica, reanudando lo que había iniciado durante su primera presidencia, entre 2017 y 2021. Durante ese período continuó con la política de su predecesor, el presidente Barack Obama, de bloquear los nombramientos y los nuevos nombramientos en el Tribunal de Apelación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que paralizó efectivamente ese organismo. Pero aún más descaradamente, declaró una guerra comercial unilateral contra China, socavando el sistema de normas y convenciones del comercio mundial cuya institucionalización Estados Unidos había liderado en 1994 con la fundación de la OMC.

En 2025, Trump amplió sus guerras comerciales a otros 90 países, entre ellos 50 países africanos, con algunas subidas de aranceles de las más grandes y punitivas del mundo, como las de Lesoto (50%), Madagascar (47%), Mauricio (40%), Botsuana (37%) y Sudáfrica (30%). Los aranceles impuestos tenían poca justificación, aunque en el caso de Sudáfrica fue en parte un castigo por presentar una denuncia contra Israel por genocidio en Gaza ante la Corte Internacional de Justicia.

Un pilar del antiguo régimen internacional era la ayuda exterior como instrumento de la política estadounidense. Como observó Thomas Sankara, un destacado luchador por la liberación de África, «quien te alimenta te controla». Uno de los primeros actos de Trump, a través de Elon Musk, el hombre más rico del mundo, fue la abolición de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés) para complacer a su base de extrema derecha que no veía la ayuda exterior como algo importante para el mantenimiento de la hegemonía estadounidense. Hubo quienes lo consideraron una tragedia, ya que presuntamente los programas de USAID financiaban importantes proyectos de salud pública y salud reproductiva en el Sur Global. Otros no vieron ninguna pérdida, ya que la mayor parte de los fondos destinados a estas iniciativas se destinaban a pagar a los contratistas estadounidenses que las llevaban a cabo o las gestionaban.

Pero Trump y Musk no tomaron ninguna medida para desmantelar o reducir la financiación estadounidense al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y a los bancos regionales de desarrollo que utiliza Estados Unidos para canalizar el dinero para dominar el Sur Global a través de la «ayuda al desarrollo» o el «ajuste estructural», y en los que Estados Unidos tiene poder de veto.

Estas instituciones siguen manteniendo programas de ajuste estructural generadores de pobreza, especialmente en África, promoviendo los erróneos esfuerzos de la denominada industrialización basada en exportaciones, al tiempo que Estados Unidos impone aranceles punitivos masivos a las importaciones del Sur Global, y bloquean todos los esfuerzos para resolver el endeudamiento masivo de los países en desarrollo (más de 11,4 billones de dólares).

Hacia una alianza mundial de resistencia y de cambio

Las jugadas de Trump van dirigidas sobre todo a personas y países del Sur Global. Esta estrategia tiene su lógica, ya que es principalmente el Sur Global el que ha cambiado el equilibrio del poder mundial y ha generado la crisis de hegemonía de Estados Unidos. Entre los hitos de este proceso histórico se encuentran el ascenso de China hasta convertirse en la segunda economía más poderosa del mundo, las derrotas masivas de las armas estadounidenses en Irak, Libia y Afganistán en los últimos 25 años, el ascenso de Irán como potencia regional a pesar de todos los esfuerzos de Estados Unidos e Israel por contenerlo, la capacidad de los países en desarrollo de impedir que la OMC sea un motor de la liberalización del comercio y el ascenso de los BRICS como contrapeso potencial a la alianza occidental.

Algo fundamental para el debilitamiento del hegemón ha sido también la crisis cada vez más profunda del régimen capitalista mundial, cuyas manifestaciones clave son la desindustrialización de Estados Unidos y Europa, la financiarización de las principaleseconomías capitalistas, que prefieren invertir en especular y no en producir, el asombroso aumento de la desigualdad mundial en términos de ingresos y riqueza, y la contradicción agudizada entre la supervivencia planetaria y el afán insaciable de ganancias.

El sistema de unilateralismo de Trump es feroz. Pero no hay vuelta atrás al antiguo régimen de hegemonía estadounidense ejercido a través de un orden multilateral sistemáticamente sesgado contra el Sur Global tras una fachada de retórica democrática liberal. Para nosotrxs en el Sur Global, de hecho para todxs lxs que son partidarixs de la justicia, la paz y la supervivencia planetaria, no existe otra opción sino afrontar con valentía el reto de navegar por las turbulentas aguas de este periodo de transición si queremos llegar al remanso de un nuevo orden mundial al servicio del interés común de la humanidad y del planeta.

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La autonomía estatal y la movilización de lxs pequeñxs productorxs son clave para obtener una regulación sólida del mercado, la soberanía alimentaria y un sistema de comercio justo

Para construir sistemas alimentarios autónomos y garantizar la soberanía alimentaria es esencial que se regule de forma sólida el mercado y que existan mercados territoriales.Defendiendo la autonomía nacional y utilizándola con sensatez, los países pueden aplicar de manera eficaz normativas que prioricen las necesidades de lxs pequeñxs productorxs. Lxs pequeñxs productorxs de todas las regiones se están movilizando para exigir las medidas políticas necesarias para poder seguir cultivando, pescando, criando ganado y produciendo alimentos para todxs. Las personas que se dedican a la agricultura familiar se ven muchas veces asfixiadas por un mercado global desregulado que da prioridad a los intereses empresariales y especulativos.

La pandemia mundial y los conflictos geopolíticos han puesto de relieve las vulnerabilidades del sistema comercial mundial y los retos que plantea depender de alimentos e insumos importados. Algunos gobiernos africanos han cooptado el concepto de «soberanía alimentaria» aludiendo a la autosuficiencia alimentaria nacional a través de una agricultura modernizada. A pesar de esta distorsión, la resiliencia de las explotaciones agrícolas familiares y las ventajas de los mercados territoriales frente a las cadenas de suministro globales son progresivamente reconocidos.

Los informes de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y las recomendaciones del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas revelan que la mayor parte de los alimentos que se consumen en el mundo circulan a través de diversos mercados territoriales y no de cadenas de suministro globales.Los mercadosterritoriales están vinculados a sistemas alimentarios locales, nacionales y regionales; son más inclusivos y diversificados que las cadenas de valor de un solo producto básico, especialmente para las mujeres y la juventud. Los mercados territoriales desempeñan funciones económicas, sociales, culturales y ecológicas múltiples, contribuyendo de manera significativa a las economías locales al permitir que la riqueza sea retenida y redistribuida a nivel de explotación agraria.

Para defender estos mercados y garantizar ingresos justos a lxs pequeñxs productorxs, que cubran los costes de producción y proporcionen al mismo tiempo alimentos saludables a precios estables para los consumidores, es crucial regular los mercados.Este objetivo requiere abordar cuestiones estructurales mediante políticas e instrumentos públicos proactivos, como reservas públicas de alimentos, cuotas de importación y regulación de precios mínimos.

En las últimas décadas, los ajustes estructurales y las políticas neoliberales han socavado las herramientas de regulación de los mercados, lo que ha agravado la inseguridad alimentaria y favorecido la especulación y la consolidación empresarial en las cadenas de suministro mundiales, en detrimento de la producción local de alimentos saludables. El contexto actual ofrece oportunidades para abogar por la reintroducción de reglas en el núcleo del desarrollo de sistemas alimentarios sostenibles.

En África Occidental, movimientos como la Red de organizaciones de personas campesinas y productoras agrícolas de África Occidental (ROPPA) llevan a cabo acciones destinadas a reforzar la regulación del mercado y a desarrollar mercados locales para garantizar precios justos. Estas acciones promueven las explotaciones familiares y apoyan los sistemas alimentarios locales que protegen los mercados y desarrollan canales de comercialización más cortos que vinculan a productores y consumidores.

Además, las redes campesinas organizadas suelen promover ferias agrícolas que potencian los mercados locales y urbanos, con repercusiones positivas en los ingresos de los agricultores. En el 3er Foro Global Nyéléni, celebrado en Sri Lanka en septiembre de 2025, lxs pequeñxs productorxs de alimentos hicieron hincapié en la necesidad de generar análisis y evidencias en aras de una labor de promoción eficaz. Los movimientos trabajan para identificar ejemplos mundiales de iniciativas eficaces de regulación de los mercados, con el respaldo de investigadorxs, para documentar beneficios proactivos.

En este periodo geopolítico tan difícil, es crucial que los gobiernos no alineados se unan y elaboren políticas que defiendan a las personas productoras de alimentos a pequeña escala y protejan la soberanía alimentaria.