A contracorriente de la acuicultura industrial
En un momento en el que gobiernos y empresas están presentando progresivamente la acuicultura como la solución a las crisis alimentaria, económica y climática, merece la pena preguntarse si alguno de estos discursos se sostiene. La investigación muestra que el cultivo de camarones y salmones roba más comida a las personas pobres de la que aporta a un plato cualquiera. Los volúmenes de soja en régimen de monocultivo y de pesca de especies salvajes que se transforman en pienso para peces son astronómicos. El impacto climático de una acuicultura con una cadena de valor tan globalizada es casi imposible de evaluar. Con todo, Global Seafood Alliance destaca que «la acuicultura está en una posición única, no solo para resistir las repercusiones del cambio climático, sino incluso para ayudar a mitigar sus efectos». Aunque según un estudio científico, la huella climática del camarón de criadero es comparable, por kilogramo de producto, a la de la carne de vacuno. Un reciente informe de la ONU sobre pesca y acuicultura (SOFIA, Estado Mundial de la pesca y la acuicultura 2026) afirma que la acuicultura «contribuye en gran medida al desarrollo económico», citando un valor sectorial estimado de 391 000 millones de dólares estadounidenses. Sin embargo, el informe omite el hecho de que un pequeño número de empresas acaparan los beneficios y millones de personas ven desaparecer su base económica al ser desposeídos de sus territorios o por la grave contaminación medioambiental.
En respuesta a los estragos provocados por la acuicultura industrial y su amenaza a la soberanía alimentaria, el Foro Global Nyéléni 2025 decidió lanzar una campaña mundial para rechazar el control corporativo, el avance de la destrucción provocada por esta industria y la privatización de los océanos y las zonas costeras. Esta edición del boletín Nyéléni recoge parte del trabajo de la campaña.
Grupo ETC, FIAN, GRAIN, TNI, WFFP