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Acuicultura centrada en la comunidad: apoyando a las personas, los alimentos y los ecosistemas

La acuicultura (a veces llamada «cría de marisco» o «piscicultura») es un sistema de gestión de plantas y animales acuáticos en zonas costeras. Durante milenios se han practicado muchos tipos de acuicultura, generados históricamente a través de observaciones del terreno y el agua de cada lugar. Cuando se lleva a cabo de forma ecológicamente responsable, la acuicultura puede ser una base potente para las comunidades, las economías y los sistemas alimentarios locales.

Una práctica acuícola responsable se rige por varios principios que garantizan una buena relación con el medio ambiente y con las comunidades locales. Entre ellos se incluye que una explotación funcione a una escala adecuada para la especie en cuestión y en el contexto de la ecología local. Una escala adecuada también permite un acceso amplio de la comunidad. Asimismo, la comunidad debe ser propietaria y gestora de la explotación, para que los beneficios de la bonanza permanezcan, en su mayoría, en la comunidad. Ser parte de la comunidad también implica no competir por el espacio o los recursos con otras personas recolectoras, agricultoras y pescadoras locales. Estas prácticas también deben reflejar el hecho de que las aguas son un recurso público y su gestión continuada debe basarse en sistemas de gobernanza participativa.

Todavía existen algunos casos de acuicultura sostenible en la actualidad. Son prácticas que se llevan a cabo a una escala adecuada, gestionadas y operadas por personas integradas en la comunidad, realizadas en armonía con las poblaciones piscícolas salvajes y que reafirman que las aguas son un recurso público compartido. Una forma tradicional de acuicultura que se ha practicado en todo el mundo es la creación de trampas para peces, que suelen ser de piedra y/o madera, en las zonas intermareales. Cada comunidad tiene sus propias tradiciones y estructuras únicas, pero muchas de estas prácticas han existido desde hace miles de años.

Uno de los ejemplos de acuicultura ecológicamente responsable son los viveros de almejas del noroeste del Pacífico en la isla de la Tortuga (América del Norte), que han administrado diferentes pueblos indígenas, entre ellos los tlingit, haida, heiltsuk, kwakwaka’wakw, nuu-chah-nulth y naciones Salish de las costas del norte, centro y sur, entre otros[1]. Estos viveros son gestionados de modo responsable en cuanto a su escala y a la ecología, pero su sistema de propiedad es complejo, sobre todo debido a las imposiciones derivadas de la historia colonial. Muchos de estos viveros atraviesan líneas de demarcación, entre aguas estatales, terrenos de parques nacionales federales, fronteras entre países y otras situaciones. Estas comunidades tienen que hacer frente a sistemas increíblemente complejos para mantener estos viveros en sus ubicaciones históricas, y los pueblos de las aguas siguen luchando por el reconocimiento de su modo de vida ancestral, en tierra y en los océanos, ríos y manglares, a lo largo de todos los medios acuáticos de todas las regiones del mundo.

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El crecimiento del control corporativo en la acuicultura industrial

Entre los años 60 y 80, los programas de la «revolución verde» en agricultura sustituyeron cientos de miles de variedades campesinas por unas pocas de alto rendimiento. Estos cultivos provocaron brotes masivos de enfermedades y plagas, creándose una dependencia de las semillas, los fertilizantes y los plaguicidas de las corporaciones. Una «revolución» genética similar se está extendiendo rápidamente por la acuicultura.

La expansión de las explotaciones industriales de especies marinas con un enorme valor comercial está causando un daño medioambiental masivo y socavando la pesca y la acuicultura tradicionales. Estas explotaciones dependen de nuevas variedades que están cada vez más controladas por empresas con intereses en los piensos y el ganado.

Las mega-salmoneras situadas en las costas de Noruega, Chile, Canadá, Escocia y Australia, por ejemplo, utilizan salmón procedente de un programa público de cría noruego. El programa se basó en docenas de poblaciones de salmón obtenidas en ríos para criar peces de crecimiento rápido y dóciles. Con el salmón de alto rendimiento y genéticamente uniforme, la producción explotó, pero las salmoneras propagaron enfermedades y parásitos con repercusiones catastróficas para el salmón salvaje. Además, estos peces requieren enormes cantidades de pienso elaborado a partir de peces salvajes capturados en África Occidental y otras costas, lo cual repercute gravemente en los ecosistemas y la seguridad alimentaria de esas regiones. En la actualidad, la cría y el cultivo del salmón están dominados por unas pocas empresas, y el programa público de cría de Noruega es propiedad de una empresa alemana de genética ganadera, el Grupo EW.

Las corporaciones también dominan el mercado de la genética del camarón en Asia, donde la cría industrial se basa en variedades uniformes y de alto rendimiento, criadas en estanques cerrados con alta densidad y grandes cantidades de pienso. Estas granjas de camarones son muy vulnerables a las enfermedades y, por lo tanto, requieren semilla[2] certificada como libre de patógenos. Solo unas pocas empresas del sector ganadero controlan este mercado de semilla libre de patógenos. Por ejemplo, Hendrix Genetics, de los Países Bajos, y la tailandesa Charoen Pokphand (CP) comparten el monopolio en Sri Lanka, donde CP también domina el mercado de los piensos. Estas mismas dos empresas controlan alrededor del 90 % del mercado en Indonesia. En China, dos fabricantes de piensos para animales, Haid Group y Evergreen, son los actores dominantes en el mercado de semilla de camarón y se están expandiendo rápidamente en el extranjero.

Ecuador, primer exportador mundial de camarones, presenta una situación diferente. Grandes empresas producen camarones en sistemas abiertos de baja densidad. Para garantizar la resistencia a las enfermedades, se exponen grandes poblaciones de camarones a agentes patógenos y se seleccionan los que sobreviven para el siguiente ciclo de producción. La selección de camarones se ha vuelto más intensiva y tecnificada con el paso de los años, y existen algunas empresas especializadas en la cría, aunque en Ecuador los centros de cría siguen estando en manos principalmente de las grandes empresas camaroneras para sus propias granjas.

La acuicultura industrial es un sector joven en comparación con la agricultura y la ganadería industriales, pero sigue la misma lógica del capitalismo —crecer para no ser «devorado» por las empresas más grandes— y el control sobre los genes es la nueva frontera en este negocio de miles de millones de dólares.


[1] Pacific Sea Garden Collective (2022). Jardines marinos a través del Pacífico: reavivando innovaciones ancestrales de maricultura. Disponible en inglés. Versión 1. Washington Sea Grant de la Universidad de Washington.

[2] Camarones jóvenes (postlarvas) usados para dotar los estanques de cría.