Voces desde el campo

Voces desde el campo 1

Zainal Arifin Fuat, Serikat Petani, Indonesia

Las tensiones geopolíticas y geoeconómicas actuales están redefiniendo las relaciones comerciales y los sistemas alimentarios en todo el sudeste asiático. La política comercial e utilizada cada vez más por las economías poderosas como una herramienta estratégica, presionando a los países de la región para abrir mercados y ajustar normativas internas. Las políticas arancelarias recíprocas estadounidenses afectan a Indonesia, Vietnam, Tailandia y Malasia, al instar a estos países a negociar concesiones para mantener el acceso a los mercados de exportación. Estos hechos tienen importantes implicaciones para la agricultura y los medios de vida rurales, en particular para las personas productoras de alimentos a pequeña escala, que se enfrentan a precios volátiles y a un acceso desigual al mercado.

El Acuerdo sobre intercambios comerciales recíprocos (ART por sus siglas en inglés) de Indonesia y Estados Unidos ilustra la naturaleza asimétrica de los acuerdos comerciales emergentes. Se prevé que Indonesia aumente las importaciones de productos agrícolas estadounidenses como la soja, el trigo y la carne de vacuno, mientras que las exportaciones indonesias siguen estando sujetas a aranceles y a disposiciones comerciales cambiantes que favorecerían a Estados Unidos pero sin garantías equivalentes para Indonesia. El acuerdo también obliga a Indonesia a alinearse con determinadas restricciones comerciales de Estados Unidos hacia otros países, lo que suscita preocupación en términos de soberanía estatal y alimentaria.

En todo el sudeste asiático, las presiones arancelarias recíprocas y la liberalización comercial intensificarán la competencia de las importaciones que sufren las personas productoras de alimentos a pequeña escala, hundirán los precios a pie de granja y debilitarán los sistemas alimentarios locales. Estas dinámicas suponen un mayor riesgo de dependencia de los mercados globales y de socavar la capacidad de los Estados para proteger la agricultura interna. Para defender la soberanía alimentaria es preciso recuperar el espacio político para proteger a lxs campesinxs, regular las importaciones y fortalecer los sistemas alimentarios locales y agroecológicos.

El conflicto en Asia Occidental, a pesar de la distancia geográfica, repercute de modo significativo en Indonesia por el aumento disparado de los costes de producción. El aumento de los precios mundiales del petróleo afecta a la producción y al bienestar de lxs campesinxs, así como a la distribución por parte de las cooperativas campesinas. Como el petróleo es esencial para que las familias agricultoras puedan producir y distribuir los alimentos, los aumentos del precio del combustible amenazan directamente la viabilidad agrícola.

La agricultura indonesia sigue en transición de los sistemas convencionales a los agroecológicos, lo que significa que los fertilizantes aún no se producen íntegramente a nivel nacional. La elevada dependencia de los fertilizantes importados aumenta sustancialmente los costes de los insumos de producción. Las subidas de precios del combustible van a desestabilizar los precios de los alimentos. Considerando que las reservas alimentarias del gobierno aún no son soberanas, las comunidades urbanas y lxs campesinxs que carecen de reservas alimentarias suficientes van a ser los más afectados. La soberanía alimentaria y la agricultura agroecológica son respuestas esenciales a estas crisis en cascada.

Voces desde el campo 2

José María Oviedo, Unión Nacional de Agroproductores de Costa Rica (UNAG), Costa Rica / CLOC-La Vía Campesina

Desde el ámbito geopolítico, la guerra de Irán pone de manifiesto que Estados Unidos cree que el mundo debe ser de ellos y que deben tener el poder sobre todas las naciones. Es así como ponen como pretextos para atacar Irán la destrucción de la capacidad militar de la región, sobre todo el uso de misiles balísticos, así como la eliminación de armas nucleares. Además, plantean cambiar el régimen que gobierna en Irán argumentando que apoya a los que consideran adversarios de Occidente.

Lo hemos visto también en América, cómo Estados Unidos cree que América es Estados Unidos y que cualquier gobierno que no esté de acuerdo con sus políticas debe ser intervenido o invadido, como en el caso de Nicolás Maduro en Venezuela. Países como Cuba, Nicaragua, México y Panamá han afrontado amenazas por no seguir las disposiciones del gobierno estadounidense.

Con respecto a lo económico, el hecho de que se haya atacado en Asia Occidental —una región que produce el veinte por ciento del petróleo mundial— implica que, si la guerra continúa, el petróleo seguirá subiendo y con ello muchos productos, generando inflación a nivel global e incluso una posible hambruna. Esto también afectará a economías como la china, uno de los mayores productores de trigo, lo que podría provocar escasez de cereales.

Decimos que el imperio estadounidense se está derrumbando. Un ejemplo es que en 1979, cuando Jimmy Carter inició relaciones con China, se buscaban alianzas positivas, pero Estados Unidos ha seguido otro camino, centrado en conflictos globales. Estas guerras han costado miles de millones de dólares al pueblo estadounidense, sin que ese dinero se haya invertido en el desarrollo interno ni en otros pueblos.

Desde el punto de vista económico, esperamos un fuerte déficit fiscal en EE.UU.  y la imposición de más aranceles para quienes exportan hacia ese país, como América Central, lo que nos afectará enormemente. Además, el aumento del petróleo seguirá impulsando la inflación.

Otro asunto es cómo el dólar se ha ido depreciando en muchos países y que, con esta guerra, también se busque su apreciación, lo que incrementaría la inflación a nivel mundial. Esta es una situación delicada para América, donde muchos países dependen de la importación de petróleo.

Voces desde el campo 3

Andoni García, Euskal Herriko Nekazarien Elkartasuna – EHNE Bizkaia, España

La política comercial de la UE, desde el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y la inclusión de la agricultura y la alimentación en la OMC, ha sido determinante en la política agraria y alimentaria, con consecuencias nefastas para lxs pequeñxs agricultorxs. Esta supeditación ha eliminado los instrumentos de regulación de mercados y precios que contenía la Política Agraria Común (PAC) hasta 1992. A pesar del fracaso de la OMC, la UE ha apostado sin freno por Acuerdos de Libre Comercio, donde la agricultura y los mercados interiores han sido moneda de cambio.

La apertura al mercado internacional, la reducción de aranceles, la bajada de precios para las personas agricultoras y una política agresiva de agroexportación han provocado una grave reducción de pequeñxs agricultorxs. Entre 2013 y 2023 se han perdido 5 millones de explotaciones en la UE. Además, la UE y su política agroexportadora han sido responsables de la escalada especulativa de los alimentos a nivel global. El modelo agrícola en la UE es cada vez más agroindustrial y basado en economías de escala.

Sin embargo, la UE es hoy menos autosuficiente desde el punto de vista alimentario, ya que su soberanía alimentaria y su autonomía estratégica están supeditadas a los Acuerdos de Libre Comercio y a los intereses económicos de las élites en la globalización. En la anterior legislatura, la UE trató de responder a las crisis climática, medioambiental, de biodiversidad, energética y alimentaria a través del Pacto Verde Europeo, la Estrategia de la Granja a la Mesa y la de Biodiversidad, aunque sin cuestionar su política comercial.

La fragilidad de estos planteamientos y su contradicción con los intereses de los lobbies del comercio internacional se han hecho evidentes en la nueva situación geopolítica. La UE está dando pasos atrás en su enfoque para afrontar las crisis y apuesta con fuerza por los Acuerdos de Libre Comercio para proyectar una imagen de fortaleza, que se diluye al evidenciarse su subordinación a Estados Unidos en la toma de decisiones. La Comisión Europea ha propuesto, para el presupuesto de la UE a partir de 2028, aumentar el gasto militar y reducir el apoyo a lxs agricultorxs. La PAC y las políticas de protección medioambiental están retrocediendo rápidamente.

Además, la Comisión Europea ha acelerado los Acuerdos de Libre Comercio, ignorando las decisiones del Parlamento Europeo y la oposición general de lxs agricultorxs. Asimismo, los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, que han desencadenado una guerra con repercusiones globales, han provocado una fuerte especulación sobre los combustibles, los costes de producción y los alimentos, evidenciando nuevamente los riesgos para la soberanía alimentaria, el acceso a los alimentos y la fragilidad de los sistemas alimentarios globalizados impulsados por las políticas de la UE.

Voces desde el campo 4

Annette Hiatt, National Family Farm Coalition (Coalición Nacional de Agricultores Familiares)/Land Loss Prevention Project (Proyecto de Prevención de la Pérdida de Tierras), Estados Unidos

A menudo los acuerdos comerciales multilaterales e internacionales afectan gravemente a lxs pequeñxs productorxs, sin que estos se beneficien ni sean involucrados. Muchos pequeñxs agricultorxs, como los de Carolina del Norte (región sudoriental de Estados Unidos), no participan directamente en el comercio internacional, pero las decisiones que se toman a puerta cerrada a nivel internacional para configurar e influir en las relaciones de poder repercuten directamente sobre esxs mismxs productorxs y las comunidades en las que viven.

Según estimaciones del mes de enero, los aranceles al comercio podrían tener un efecto devastador sobre la economía agrícola de Carolina del Norte, con pérdidas de ingresos por valor de 1.200 millones de dólares y una posible pérdida de 8.000 puestos de trabajo. Ante la falta de apoyo a los precios para los productores a pequeña escala, el uso errático de los aranceles al comercio puede significar que lxs pequeñxs agricultorxs compitan aún más a con la agricultura industrial a gran escala por el acceso a los mercados internos.

Más de la mitad de las explotaciones agrícolas de Carolina del Norte cuentan con menos de 50 acres (unas 20 Has) y más de la mitad de lxs agricultorxs obtiene menos de 10.000 dólares anuales de la agricultura. Estos no son lxs agricultorxs que se dedican a la exportación internacional, sino que muchas veces forman la base de los sistemas alimentarios locales que alimentan a sus comunidades. Pero sienten profundamente el aumento de precios de los alimentos y de los costes de los insumos, como el combustible y los fertilizantes.

Como los costes de producción de lxs agricultorxs superan sistemáticamente los precios que se les pagan, la creciente deuda del sector agrícola está obligando a nuestrxs pequeñxs productorxs —la raíz de nuestras comunidades rurales— a abandonar la tierra. Son los pequeñxs agricultorxs que son la clave de la resiliencia y la construcción de la comunidad, pero son tratados como peones de un juego y una producción que también fortalece nuestras economías locales es poco valorada.

La política comercial debería reforzar los medios de vida de nuestrxs pequeñxs agricultorxs y comunidades rurales, facilitar el acceso a la tierra y la soberanía alimentaria, y permitir una gestión que apoye una producción alimentaria resiliente y agroecológica en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Cuadros

Cuadro 1

Un nuevo marco comercial internacional que trabaje para todxs

En el 3er Foro Global Nyéléni, celebrado en septiembre de 2025 en Sri Lanka, La Vía Campesina estableció los principios fundamentales de un nuevo marco comercial agrícola mundial basado en la Soberanía Alimentaria.

Basado en la definición fundamental de soberanía alimentaria que se estableció durante el Foro Mundial Nyéléni de 2007 y cimentado en el derecho internacional de los derechos humanos, este nuevo marco expresa un paradigma ético del comercio que da prioridad a la dignidad humana, la justicia ambiental y la gobernanza democrática de los sistemas alimentarios a todos los niveles: local, regional y mundial.

Este nuevo marco reivindica que todos los mecanismos comerciales se diseñen respetando los derechos inalienables de los pueblos y las naciones a determinar sus propias políticas agrícolas y alimentarias, reconociendo que la alimentación es un derecho humano fundamental y no una mercancía.

Este nuevo marco hace hincapié firmemente en que los mecanismos comerciales no deben utilizarse como arma ni deben subordinarse los derechos básicos a los intereses comerciales. Por el contrario, el comercio debe reconstituirse como un instrumento para el beneficio mutuo, sustituyendo las prácticas de explotación por un intercambio equitativo y una prosperidad compartida entre las naciones.

Forma parte de esta visión el compromiso de proteger el planeta mediante la salvaguarda de la biodiversidad y el respeto de los límites planetarios, reconociendo el papel crucial de los pueblos indígenas como custodios de los ecosistemas, y promoviendo sistemas alimentarios regionales y métodos agroecológicos, en lugar de cadenas de suministro controladas por las empresas.

Se insiste en que el citado nuevo marco comercial global debe ser inclusivo, transparente, equitativo y fortalecedor; lxs productorxs de alimentos a pequeña escala (agricultorxs, trabajadorxs agrícolas, pescadorxs, pastorxs) y lxs trabajadorxs del sistema alimentario, pueblos indígenas y grupos históricamente marginados deberán ser prioritarios y protegidos, prestando especial atención a las mujeres y a las personas pertenecientes a minorías de género.

Se aboga por un sistema de gobernanza comercial que garantice ingresos dignos y condiciones de trabajo seguras en todos los sistemas alimentarios, la participación democrática en la toma de decisiones comerciales, la rendición de cuentas pública en las operaciones de mercado y una regulación sólida del mercado.

Un marco comercial agrícola mundial debería conducir a una transformación sistémica de las relaciones comerciales para hacer realidad la soberanía alimentaria, la justicia climática y la equidad social tanto para las generaciones actuales como para las futuras. Se confirma que se cuantificará la aplicación de estos principios según su avance concreto en materia de derechos humanos, protección del medio ambiente y equidad económica y social para todas las personas.

Cuadro 2

Los organismos financieros y comerciales mundiales posibilitan la agresión a los océanos, los ríos y los pueblos pescadores

La incesante acumulación de riqueza por parte de las naciones imperialistas, aparte de explotar y expropiar las tierras ancestrales, tradicionales e indígenas de los pueblos pesqueros y las comunidades costeras, está aniquilando sus derechos soberanos sobre las tierras, las aguas y los recursos pesqueros, llevando a cabo una limpieza étnica y un desarraigo violento de sus modos de vida, sus identidades socio-ecológicas y su pertenencia cultural a costas, océanos, ríos, aguas interiores, manglares, islas, mares y todos sus territorios tradicionales.

El acaparamiento de océanos y tierras, incluido los recursos pesqueros, se ha acelerado a través de las industrias extractivas (minería, petróleo, gas); la pesca industrial destructiva; los megaproyectos de infraestructura (vías navegables, parques eólicos industriales, oleoductos, ciudades inteligentes, recuperación de suelos, construcción de puertos); los planes de conservación financiarizados como 30×30 y las OECM (otras medidas eficaces de conservación Basadas en áreas); la mercantilización y privatización de la naturaleza; y la acuicultura industrial (fábricas de pescado o alimentos azules).

Narrativas como el «crecimiento azul», la «economía azul» y la «transformación azul» prometen sostenibilidad, pero aceleran el acaparamiento y equivalen a un lavado de imagen ecológico. Estas iniciativas se integran en las economías nacionales a través de programas de financiación azul, vinculando a las naciones a condiciones fiscales que subordinan la soberanía al capital transnacional, reduciendo incluso a los Estados elegidos democráticamente a «Estados rentistas» que arriendan los océanos para el lucro empresarial. Esto agrava la crisis climática y la criminalización de los pueblos pesqueros, que se resisten a la mercantilización de los océanos, la pesca y las costas, y abogan a todos los niveles contra las falsas soluciones y el acaparamiento territorial bajo fraudulentas pretensiones «verdes» o «azules».

La OMC, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y los acuerdos de libre comercio se han utilizado para desmantelar las políticas nacionales que protegían la soberanía de los pueblos sobre los recursos naturales y los mercados locales.

Movimientos como el Foro Mundial de Pueblos Pescadores (WFFP por sus siglas en inglés) denuncian a quienes impulsan persistentemente esta agenda, incluidas las grandes organizaciones ambientales internacionales, el Banco Mundial, los bancos regionales de desarrollo y las empresas; y reclaman un desarrollo de base genuinamente comunitaria, basado en los derechos y configurado por los pueblos pescadores.

También mantienen su compromiso de participar en plataformas políticas multilaterales legítimas sobre alimentación, pesca, agricultura, clima, biodiversidad y derechos humanos para defender su autonomía política y su gobernanza consuetudinaria. El WFFP y otros, reconocen a la FAO, a su Comité de Pesca (COFI), al Comité de Subvenciones a la Pesca (CFS) de la OMC y al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) como los órganos de la ONU adecuados para la gobernanza global en los que las organizaciones sociales mantienen una participación activa.

Cuadro 3

Los Pueblos de las Semillas ante la tiranía del comercio mundial

Del 19 al 21 de enero de 2026, el Colectivo deSemillas de América Latina recibió en Cartago, Costa Rica, al Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) para «visibilizar la urgencia de defender una relación entre pueblos y comunidades con sus cultivos y semillas fundamentales», una relación ontológica que viene desde el fondo de los tiempos y es crucial para llevar a la humanidad y al planeta hacia el futuro.

El TPP escuchó las amenazas que enfrentan diversos pueblos del mundo para cuidar y reproducir sus semillas independientemente del mercado, de las restricciones de propiedad intelectual y las tecnologías biológicas y digitales.

Las estructuras políticas, dicen, han dispuesto que toda la alimentación sea progresivamente transformada en un capítulo de la economía, donde todo lo que tiene que ver con el sustento es separado de las vidas reales de las personas para ser únicamente parte del mercado global. Los oligopolios intentan convertir a la gente en una masa homogénea de consumidores y la diversidad natural en mercancías rentables.

Ahora que los intercambios comerciales se están usando como arma de guerra, un impulso como éste es vital.

«Pueblos de las semillas», dice el TPP, es un término transversal que no respeta las fronteras, que se refiere a quienes tienen problemas diversos pero coincidentes, complementarios, en África, en Asia, en América Latina. Si no lo pensamos así, los pueblos de las semillas se encuentran fragmentados para confrontar la fuerza bruta con que se está reacomodando el comercio global. Frente al desmantelamiento del derecho internacional, los pueblos con sus semillas pueden llevar sustento a todos lados, desafiando no sólo al capitalismo global, o las cadenas de suministro, sino a la mercantilización de los fundamentos de la vida.

Declaración del Tribunal Permanente de los Pueblos en Defensa de las Semillas.

Cuadro 4

La CM 14 fracasa – ¡buena noticia!

La 14ª Conferencia Ministerial (CM 14) de la OMC, celebrada en Yaundé (Camerún), ha fracasado, sin tan siquiera una Declaración Ministerial. Las negociaciones para renovar la moratoria de aranceles al comercio electrónico y la moratoria relativa a las “reclamaciones no basadas en infracción” del acuerdo sobre los ADPIC (TRIPS por su sigla en inglés); las subvenciones a la pesca; la agricultura; la reforma de la OMC, y un paquete de medidas para los Países Menos Adelantados (PMA), se han aplazado hasta el Consejo General de Ginebra.

Este fracaso es una victoria bien recibida en una batalla de mayor envergadura. Aunque muchos países en desarrollo se han resistido a dejar que Estados Unidos y sus secuaces impulsaran sus propios programas mediante el engaño del multilateralismo, no se trata de una rebelión clara del Sur Global. Muchos países del Sur siguen aferrados a la lógica del libre comercio, presentando propuestas que socavan la soberanía alimentaria y benefician a la agroindustria a expensas de lxs trabajadorxs y lxs pequeñxs proveedorxs de alimentos.

Durante 30 años, los países ricos han utilizado la retórica del comercio basado en normas y la reciprocidad, las promesas de una mayor ayuda al desarrollo y la intimidación descarada para romper las alianzas entre los países del Sur y extraerles mayores concesiones. Las normas de la OMC siempre han favorecido a las antiguas potencias colonizadoras. Se aseguran resultados que favorecen sus economías, a sus élites y sus negocios, y consolidan el poder de las empresas transnacionales en los sistemas alimentarios, la salud pública y todos los sectores vitales para una vida digna.

Pero incluso si la competencia fuera perfecta y los juegos de poder fueran eliminados, el marco de la OMC es inaceptable. Rechazamos la premisa de que todas las cosas en la tierra y nuestro trabajo deban ser tratados como mercancías, y una visión de las relaciones humanas basada en la competencia perpetua.

Es inútil esperar ninguna reforma significativa de la OMC que haga avanzar el bienestar, los derechos, las aspiraciones y las necesidades de los pueblos trabajadores del mundo. También es perjudicial y peligroso para la democracia participativa y la rendición de cuentas, ya que en demasiados países las negociaciones y los acuerdos de comercio e inversión no están sujetos a escrutinio interno.

A la vez que intensificamos nuestras exigencias fundamentales de acabar con la OMC, también necesitamos utilizar con eficacia y contundencia todo el corpus de legislación internacional sobre derechos humanos y los compromisos de nuestros gobiernos en materia de derechos humanos para desafiar el poder de la OMC sobre nuestras políticas nacionales. Los derechos de lxs trabajadorxs y de lxs pequeñxs proveedorxs de alimentos no pueden hacerse depender de los beneficios empresariales. ¡Queremos soberanía alimentaria, no libre comercio!

Para más información lean la Declaración de Yaundé: La OMC y el libre comercio provocan hambre, pobreza y desigualdad.

Destacados

Destacados 1

La demolición estadounidense del orden mundial posterior a la II Guerra Mundial frente al Sur Global

Un orden global en descomposición

Durante el segundo año del segundo mandato de Donald Trump, con el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y seguidamente con la guerra emprendida contra Irán junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, el presidente estadounidense ha seguido demoliendo el orden mundial establecido durante 80 años por Estados Unidos después de la segunda Guerra Mundial.

El sistema en demolición es una estructura de reglas, prácticas y políticas que ha mantenido la hegemonía de Estados Unidos y del resto del mundo capitalista occidental; una estructura promovida con la retórica de la libertad, el libre comercio y la democracia. Estados Unidos ha sustituido unas normas y unas prácticas ya de por sí injustas para el Sur Global por el ejercicio unilateral de la coerción y la fuerza, y la regla de que la fuerza da la razón.

A solo tres meses del comienzo de 2026, Trump ya ha conseguido desmontar las ficciones políticas del antiguo régimen, entre ellas el principio central de Naciones Unidas que prohíbe expresamente «la amenaza del uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o actuar de cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas». Mediante el secuestro de Maduro y el asesinato del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, el hegemón ha anunciado al mundo que ningún país está exento de una intervención abierta, rotunda, si Trump lo desea. Ni los territorios extranjeros pertenecientes a aliados cercanos, como Groenlandia, son inmunes a ser anexionados si Trump decide que es de interés nacional para EE.UU. apoderarse de ellos.

Así se transforma el sistema económico multilateral

No obstante, antes de desmantelar la ficción político-militar del antiguo régimen, en 2025 Trump atentó contra la ficción económica, reanudando lo que había iniciado durante su primera presidencia, entre 2017 y 2021. Durante ese período continuó con la política de su predecesor, el presidente Barack Obama, de bloquear los nombramientos y los nuevos nombramientos en el Tribunal de Apelación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que paralizó efectivamente ese organismo. Pero aún más descaradamente, declaró una guerra comercial unilateral contra China, socavando el sistema de normas y convenciones del comercio mundial cuya institucionalización Estados Unidos había liderado en 1994 con la fundación de la OMC.

En 2025, Trump amplió sus guerras comerciales a otros 90 países, entre ellos 50 países africanos, con algunas subidas de aranceles de las más grandes y punitivas del mundo, como las de Lesoto (50%), Madagascar (47%), Mauricio (40%), Botsuana (37%) y Sudáfrica (30%). Los aranceles impuestos tenían poca justificación, aunque en el caso de Sudáfrica fue en parte un castigo por presentar una denuncia contra Israel por genocidio en Gaza ante la Corte Internacional de Justicia.

Un pilar del antiguo régimen internacional era la ayuda exterior como instrumento de la política estadounidense. Como observó Thomas Sankara, un destacado luchador por la liberación de África, «quien te alimenta te controla». Uno de los primeros actos de Trump, a través de Elon Musk, el hombre más rico del mundo, fue la abolición de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés) para complacer a su base de extrema derecha que no veía la ayuda exterior como algo importante para el mantenimiento de la hegemonía estadounidense. Hubo quienes lo consideraron una tragedia, ya que presuntamente los programas de USAID financiaban importantes proyectos de salud pública y salud reproductiva en el Sur Global. Otros no vieron ninguna pérdida, ya que la mayor parte de los fondos destinados a estas iniciativas se destinaban a pagar a los contratistas estadounidenses que las llevaban a cabo o las gestionaban.

Pero Trump y Musk no tomaron ninguna medida para desmantelar o reducir la financiación estadounidense al Fondo Monetario Internacional, al Banco Mundial y a los bancos regionales de desarrollo que utiliza Estados Unidos para canalizar el dinero para dominar el Sur Global a través de la «ayuda al desarrollo» o el «ajuste estructural», y en los que Estados Unidos tiene poder de veto.

Estas instituciones siguen manteniendo programas de ajuste estructural generadores de pobreza, especialmente en África, promoviendo los erróneos esfuerzos de la denominada industrialización basada en exportaciones, al tiempo que Estados Unidos impone aranceles punitivos masivos a las importaciones del Sur Global, y bloquean todos los esfuerzos para resolver el endeudamiento masivo de los países en desarrollo (más de 11,4 billones de dólares).

Hacia una alianza mundial de resistencia y de cambio

Las jugadas de Trump van dirigidas sobre todo a personas y países del Sur Global. Esta estrategia tiene su lógica, ya que es principalmente el Sur Global el que ha cambiado el equilibrio del poder mundial y ha generado la crisis de hegemonía de Estados Unidos. Entre los hitos de este proceso histórico se encuentran el ascenso de China hasta convertirse en la segunda economía más poderosa del mundo, las derrotas masivas de las armas estadounidenses en Irak, Libia y Afganistán en los últimos 25 años, el ascenso de Irán como potencia regional a pesar de todos los esfuerzos de Estados Unidos e Israel por contenerlo, la capacidad de los países en desarrollo de impedir que la OMC sea un motor de la liberalización del comercio y el ascenso de los BRICS como contrapeso potencial a la alianza occidental.

Algo fundamental para el debilitamiento del hegemón ha sido también la crisis cada vez más profunda del régimen capitalista mundial, cuyas manifestaciones clave son la desindustrialización de Estados Unidos y Europa, la financiarización de las principaleseconomías capitalistas, que prefieren invertir en especular y no en producir, el asombroso aumento de la desigualdad mundial en términos de ingresos y riqueza, y la contradicción agudizada entre la supervivencia planetaria y el afán insaciable de ganancias.

El sistema de unilateralismo de Trump es feroz. Pero no hay vuelta atrás al antiguo régimen de hegemonía estadounidense ejercido a través de un orden multilateral sistemáticamente sesgado contra el Sur Global tras una fachada de retórica democrática liberal. Para nosotrxs en el Sur Global, de hecho para todxs lxs que son partidarixs de la justicia, la paz y la supervivencia planetaria, no existe otra opción sino afrontar con valentía el reto de navegar por las turbulentas aguas de este periodo de transición si queremos llegar al remanso de un nuevo orden mundial al servicio del interés común de la humanidad y del planeta.

Destacados 2

La autonomía estatal y la movilización de lxs pequeñxs productorxs son clave para obtener una regulación sólida del mercado, la soberanía alimentaria y un sistema de comercio justo

Para construir sistemas alimentarios autónomos y garantizar la soberanía alimentaria es esencial que se regule de forma sólida el mercado y que existan mercados territoriales.Defendiendo la autonomía nacional y utilizándola con sensatez, los países pueden aplicar de manera eficaz normativas que prioricen las necesidades de lxs pequeñxs productorxs. Lxs pequeñxs productorxs de todas las regiones se están movilizando para exigir las medidas políticas necesarias para poder seguir cultivando, pescando, criando ganado y produciendo alimentos para todxs. Las personas que se dedican a la agricultura familiar se ven muchas veces asfixiadas por un mercado global desregulado que da prioridad a los intereses empresariales y especulativos.

La pandemia mundial y los conflictos geopolíticos han puesto de relieve las vulnerabilidades del sistema comercial mundial y los retos que plantea depender de alimentos e insumos importados. Algunos gobiernos africanos han cooptado el concepto de «soberanía alimentaria» aludiendo a la autosuficiencia alimentaria nacional a través de una agricultura modernizada. A pesar de esta distorsión, la resiliencia de las explotaciones agrícolas familiares y las ventajas de los mercados territoriales frente a las cadenas de suministro globales son progresivamente reconocidos.

Los informes de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y las recomendaciones del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de las Naciones Unidas revelan que la mayor parte de los alimentos que se consumen en el mundo circulan a través de diversos mercados territoriales y no de cadenas de suministro globales.Los mercadosterritoriales están vinculados a sistemas alimentarios locales, nacionales y regionales; son más inclusivos y diversificados que las cadenas de valor de un solo producto básico, especialmente para las mujeres y la juventud. Los mercados territoriales desempeñan funciones económicas, sociales, culturales y ecológicas múltiples, contribuyendo de manera significativa a las economías locales al permitir que la riqueza sea retenida y redistribuida a nivel de explotación agraria.

Para defender estos mercados y garantizar ingresos justos a lxs pequeñxs productorxs, que cubran los costes de producción y proporcionen al mismo tiempo alimentos saludables a precios estables para los consumidores, es crucial regular los mercados.Este objetivo requiere abordar cuestiones estructurales mediante políticas e instrumentos públicos proactivos, como reservas públicas de alimentos, cuotas de importación y regulación de precios mínimos.

En las últimas décadas, los ajustes estructurales y las políticas neoliberales han socavado las herramientas de regulación de los mercados, lo que ha agravado la inseguridad alimentaria y favorecido la especulación y la consolidación empresarial en las cadenas de suministro mundiales, en detrimento de la producción local de alimentos saludables. El contexto actual ofrece oportunidades para abogar por la reintroducción de reglas en el núcleo del desarrollo de sistemas alimentarios sostenibles.

En África Occidental, movimientos como la Red de organizaciones de personas campesinas y productoras agrícolas de África Occidental (ROPPA) llevan a cabo acciones destinadas a reforzar la regulación del mercado y a desarrollar mercados locales para garantizar precios justos. Estas acciones promueven las explotaciones familiares y apoyan los sistemas alimentarios locales que protegen los mercados y desarrollan canales de comercialización más cortos que vinculan a productores y consumidores.

Además, las redes campesinas organizadas suelen promover ferias agrícolas que potencian los mercados locales y urbanos, con repercusiones positivas en los ingresos de los agricultores. En el 3er Foro Global Nyéléni, celebrado en Sri Lanka en septiembre de 2025, lxs pequeñxs productorxs de alimentos hicieron hincapié en la necesidad de generar análisis y evidencias en aras de una labor de promoción eficaz. Los movimientos trabajan para identificar ejemplos mundiales de iniciativas eficaces de regulación de los mercados, con el respaldo de investigadorxs, para documentar beneficios proactivos.

En este periodo geopolítico tan difícil, es crucial que los gobiernos no alineados se unan y elaboren políticas que defiendan a las personas productoras de alimentos a pequeña escala y protejan la soberanía alimentaria.

Boletín núm. 63 – Éditorial

Replanteando el comercio mundial en tiempos de tensiones geopolíticas

Durante una gran parte de este siglo, una cohorte de naciones ricas y poderosas ha corrompido y secuestrado el sistema multilateral establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Estas naciones están alterando el denominado orden mundial basado en normas y redefiniendo los conceptos de cooperación, justicia, prosperidad compartida y estabilidad, abanderadas por Estados Unidos, que, combinando el poder del capital y el poderío militar, elude las normas colectivas e impone decisiones unilaterales que están remodelando radicalmente la política y el comercio mundial. Esto ha dado lugar a un sistema internacional frágil en el que todas las reglas son variables y la fuerza bruta determina los resultados.

Esto no quiere decir que el asediado sistema internacional/multilateral sea justo, equitativo o democrático. Sus principales órganos, a saber, el Consejo de Seguridad de   Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio (OMC), son desde hace mucho tiempo instrumentos de promoción de los intereses de las antiguas potencias coloniales. La amarga paradoja actual es que incluso las normas impuestas por estas instituciones están desbaratadas.

Ya se negocien mediante acuerdos de la OMC, acuerdos bilaterales de libre comercio o asociaciones económicas estratégicas, el comercio y la inversión mundial se han transformado en armas en los conflictos geopolíticos. Los aranceles, las sanciones y las restricciones financieras no se esgrimen para corregir desequilibrios comerciales, sino para ejercer una presión política implacable y derrotar a naciones y pueblos. Las medidas económicas se aplican a los que se atreven a trazar una vía alternativa al capitalismo global y a las ideologías fascistas.

Como demuestra la última guerra en Asia Occidental, el efecto de estas acciones se extiende mucho más allá de las naciones implicadas. Para los países en desarrollo las consecuencias son devastadoras. Los medios de vida de la clase trabajadora se ven amenazados por aranceles fluctuantes, sanciones agresivas y precios volátiles de las materias primas que presionan sobre los sistemas alimentarios y profundizan la dependencia de unos mercados exteriores cada vez menos fiables.

Lxs pequeñxs productorxs y trabajadorxs, que son la columna vertebral de las economías locales, se ven atrapados en el flagelo de unos precios mundiales oscilantes, costes de producción en aumento y rentas en disminución.  

Cuando son las ambiciones imperiales y colonialistas las que impulsan las políticas económicas, las expectativas de un comercio justo y equitativo se esfuman. Cuba, Palestina y Venezuela son ejemplos de que la utilización del comercio como arma y las reivindicaciones coloniales conducen al castigo colectivo de los pueblos.

Sin embargo, este momento de crisis también supone una oportunidad crucial. Conforme se desvanece la fe en los sistemas existentes, los países y los movimientos sociales se levantan para exigir un multilateralismo renovado y genuino, basado en la cooperación y no en la opresión, en la democracia participativa y no en la representación opaca.

Focus on the Global South, La Via Campesina

Voces desde el campo

Voces desde el campo 1

Configurando el futuro de Nyéléni a través de la convergencia desde la base

Tammi Jonas, Alianza Australiana por la Soberanía Alimentaria (AFSA por sus siglas en inglés)

Configurar el futuro de Nyéléni exige un enfoque concreto y radical basado en las luchas vividas por les campesinxs, pescadores, pastores, trabajadores del sector alimentario y pesquero y comunidades locales. En el Foro Global Nyéléni celebrado en Kandy, afirmamos que la soberanía alimentaria es un proyecto político de liberación, cuya fuerza reside en la convergencia desde abajo, donde construimos la unidad a través de estrategias compartidas de resistencia y transformación.

La AFSA acudió a Sri Lanka aceptando el reto de reunir a más movimientos, como una delegación de campesinxs, pueblos indígenas y organizadores sindicales arraigados en la lucha cotidiana contra la apropiación empresarial de los alimentos y la tierra en la denominada Australia. Aunque nos organizamos en un contexto en el que el capitalismo colonialista sigue desposeyendo a los pueblos indígenas y la agricultura industrial domina las políticas y los paladares, también conseguimos victorias concretas sobre el terreno que muestran cómo se practica la soberanía alimentaria.  

Mediante la organización colectiva, hemos luchado durante más de 15 años por el reconocimiento estatal y nacional del papel fundamental que desempeña la agricultura a pequeña escala para alimentar a las comunidades locales y reducir la temperatura del planeta. Hemos modificado las leyes de planificación en apoyo de la agroecología y la infraestructura de transformación en nuestras granjas, nos hemos resistido a la represiva regulación sobre seguridad alimentaria y hemos incorporado los principios de la UNDROP a nuestra labor de incidencia a nivel nacional. Estas victorias no han sido una concesión de los gobiernos, sino que se han logrado gracias a la movilización de base y la organización democrática. Este es el enfoque que llevamos a Sri Lanka: convergencia a través de la organización, no de la consulta; competencias construidas desde abajo y en solidaridad con nuestras ONG aliadas, pero sin delegarlas en ellas.

En el foro, trabajamos en solidaridad con nuestros compañeros para defender el liderazgo feminista y la participación de les jóvenes y las personas de género y sexualidad diversos en la toma de decisiones. Manifestamos nuestro enfoque interseccional, ejerciendo incidencia codo con codo con les pastores, los pueblos indígenas y les trabajadores para garantizar que sus luchas sean visibles en nuestras acciones y campañas colectivas. Insistimos en que Nyéléni debe seguir rindiendo cuentas a los movimientos sociales, con una coordinación política clara y una toma de decisiones colectiva liderada por campesinxs, pueblos indígenas, pastores, pescadores y trabajadores de la alimentación y la pesca.

Regresamos a casa cargados con el voto de Nyéléni de levantarnos contra las cadenas de la deuda extractiva, dispuestos a desmontar la mentira de que nuestro futuro deba hipotecarse a los poderosos. Juntos construiremos un mundo libre del imperialismo financiero, porque la revolución no será prestada.

Voces desde el campo 2

Nyéléni en Kandy: Fortaleciendo los movimientos sociales de Sri Lanka

Anuka De Silva, Movimiento por la Reforma Agraria y Territorial (MONLAR por sus siglas en inglés), La Vía Campesina

En 2022 el país afrontó una importante crisis política, social y económica generada por una grave crisis de deuda, corrupción generalizada, la hegemonía del poder y la elevada inflación de los alimentos. La gente se echó a las calles para exigir reformas políticas, democracia, justicia y soberanía nacional. La población de Sri Lanka desempeñó un papel fundamental en elcambio del panorama político del país. Es lo que ha hecho que el movimiento social del Foro Nyéléni haya cobrado una importancia cada vez mayor para nosotros.

Como parte de las condiciones del FMI para el rescate financiero, Sri Lanka se ha visto obligada a aplicar una serie de medidas de austeridad, entre ellas la venta de algunos activos propiedad del Gobierno. Una de las instituciones afectadas por esta medida es el Instituto Nacional de Desarrollo Cooperativo (NICD por sus siglas en inglés), que se encuentra entre las propiedades que se considera privatizar. Con el apoyo de Nyéléni hemos parado la privatización del NICD.

¿Por qué es importante el Foro Nyéléni para los movimientos sociales de Sri Lanka?

Acoger el Foro Nyéléni ha ayudado a reforzar el poder colectivo de las diferentes luchas locales y poner de relieve la importancia de la solidaridad a la hora de abordar retos comunes. La convergencia en Nyéléni ha reunido a movimientos de base para exigir una acción colectiva destinada a desmantelar los sistemas de opresión.

Teniendo en cuenta de las luchas de les agricultores y la inseguridad alimentaria del país, la soberanía alimentaria es una herramienta vital para hacer frente al agronegocio que da prioridad a los beneficios sobre el bienestar de las personas. La construcción de una visión colectiva de la soberanía alimentaria y la creación de una agenda de acción política mediante la Declaración de Kandy siguen reforzando el impacto de nuestro movimiento. La convergencia de las luchas y la solidaridad sigue siendo la fuerza que puede conducir a una verdadera transformación, mucho mayor que un simple cambio político.

Está claro que el comité directivo de Sri Lanka en el foro ha sentado unas bases sólidas para la construcción de un movimiento a largo plazo, manteniendo a la comunidad en el centro de estos esfuerzos, alineando las luchas locales con la agenda global más amplia y participando con el gobierno para lograr reformas políticas y una verdadera transformación sistémica.

Voces desde el campo 3

Mujeres que construyen una transformación sistémica

Sarah Luiza y Bianca Pessoa, Marcha Mundial de las Mujeres Brasil

Desde el primer Foro Nyéléni, hemos afirmado que no puede haber soberanía alimentaria sin feminismo. Partiendo de nuestros logros, durante el 3er Foro Global Nyéléni se reconoció el feminismo como una parte fundamental de la agenda política común, por su perspectiva popular, anticapitalista, antirracista y anti-heteropatriarcal. No es posible lograr un cambio sistémico sin transformar las relaciones de desigualdad y violencia que sufren las mujeres en todo el mundo. Este ha sido nuestro gran avance: crear una lucha común para todas aquellas personas que desean un cambio radical en la sociedad y en el mundo en que vivimos. En este sentido, la Asamblea de Mujeres ha sido un espacio fundamental de convergencia.

Contamos con mujeres de todos los movimientos, regiones, sexualidades y etnias, afirmando la importancia de la diversidad en este proceso. Las mujeres tienen mucho que enseñar. Desde sus diferentes realidades, comparten experiencias de resistencia, de construcción de alternativas desde los territorios, demostrando que el feminismo no es una consigna vacía. Se construye a partir de la práctica cotidiana.

Las falsas soluciones del capitalismo verde impactan sobre las mujeres, las desplazan de sus territorios y amenazan sus vidas. De ahí que las mujeres defiendan la lucha por la soberanía energética y la justicia climática que es buena para las personas y no para el mercado. Para nosotras, la solución está en los territorios y en la vida. En el modo en que las mujeres se relacionan con la naturaleza y con la gente. De hecho, es el cuidado de la vida y del buen vivir en igualdad lo que construirá un mundo nuevo.

Afirmamos que la economía feminista es fundamental, reconociendo el trabajo de las mujeres y toda su contribución a la reproducción social de la vida, desde la perspectiva del cuidado, la igualdad y el buen vivir. Al mismo tiempo, afrontamos a diario la violencia que el capitalismo heteropatriarcal y racista inflige a nuestras vidas. Sobre esta base, se afirman y concretan en el 3er foro Nyéléni y en el camino a seguir las consignas fundamentales de la lucha feminista: la igualdad, la libertad, la justicia, la paz, la solidaridad internacional, la desmilitarización, la defensa de la democracia, los derechos y la paz, así como la soberanía alimentaria y la agroecología.

Voces desde el campo 4

Nyéléni y más allá: liderazgo y perspectivas indígenas en el movimiento global por la soberanía alimentaria

Nicole Maria Yanes, Opata, Consejo Internacional de Tratados Indios (IITC) y Colectivo NDN

Para los pueblos indígenas la soberanía alimentaria es una forma de vida. Conlleva la supervivencia de nuestros territorios, lenguas, culturas, ceremonias, historias, vestimenta y cada parte de lo que somos como pueblos. En todo el mundo, los territorios de los pueblos indígenas se encuentran en primera línea de la colonización y la extracción, enmarcados como «zonas de sacrificio» para pruebas militares, proyectos extractivos y el denominado desarrollo. Por ello, los pueblos indígenas se enfrentan ahora a los impactos más duros de la crisis climática provocada por los gobiernos y las corporaciones.

Les delegadxs indígenas desempeñamos un papel fundamental en el Encuentro Nyéléni, compartiendo nuestras prácticas de liderazgo comunitario, nuestros enfoques para la creación de consenso, nuestros conocimientos y ceremonias tradicionales, así como nuestra experiencia en materia de incidencia, negociación y creación de movimientos.

Hemos representado con éxito a nuestros pueblos de forma colectiva, recabando el apoyo de movimientos globales para nuestros esfuerzos actuales, entre los que se incluyen: la plena aplicación de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas; la petición a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura de que cumpla su compromiso de modificar el Código Internacional de Conducta para la Gestión de Plaguicidas a fin de incluir los derechos colectivos de los pueblos indígenas, especialmente nuestro derecho al consentimiento libre, previo e informado; lograr que las Naciones Unidas separen y no confundan, en todos sus documentos y decisiones, los conceptos de pueblos indígenas y de comunidades locales; y para el trabajo de LandBack de los pueblos indígenas para recuperar los territorios que fueron robados ilegalmente.

Aunque les participantes procedían de ecosistemas e historias de colonización distintos, Nyéléni nos recordó que la defensa de nuestra soberanía alimentaria necesita solidaridad, colaboración y una estrategia común. Vincular el trabajo que hacemos en nuestros territorios con los foros internacionales no es fácil y va más allá de nuestra reunión en Sri Lanka. La verdadera solidaridad requiere compromiso y voluntad para comprender las historias, las luchas y los objetivos de los demás a través de ecosistemas, idiomas y realidades políticas distintos a los nuestros. Además, es importante señalar que la agenda política y el impacto de la declaración dependen del uso y la aplicación que le den las personas mediante su uso.

En momentos como este, Nyéléni nos recuerda que la libertad y el futuro de nuestro colectivo son profundamente interdependientes. Nuestra liberación está conectada. Fortalecer las alianzas entre pueblos, regiones y movimientos no es solo una estrategia, sino una responsabilidad. Es un acto de supervivencia en estos tiempos de auge del fascismo y el autoritarismo.

Voces desde el campo 5

De Nyéléni a Belém. La lucha por la justicia climática como elemento de la convergencia

Martín Drago, REDES/ Amigos de la Tierra Internacional

Los responsables e impulsores del colapso climático y la degradación ambiental están íntimamente ligados a la desigualdad social, económica y de género que impera a nivel global. También son un pilar de la construcción y perpetuación del sistema energético actual, alrededor del cual las empresas multinacionales y los estados del Norte global han profundizado las relaciones coloniales. Por lo tanto, hablar de justicia climática es pensar en cambiar el sistema.

Para alcanzar la justicia climática es necesario transformar los sistemas económicos, sociales, políticos y energéticos, las relaciones sociales de género y nuestro vínculo con la naturaleza, a través de la puesta en marcha, y de forma masiva, de iniciativas populares para construir un nuevo modelo basado en la solidaridad internacionalista y la justicia social, económica, de género, racial y ambiental.

Para ello es imprescindible fortalecer el poder popular y sus organizaciones y transformar el sistema multilateral desde un enfoque internacionalista, solidario y de integración de los pueblos. Esta apuesta será posible mediante diferentes caminos que, compartiendo principios, características y estrategias comunes, transiten la construcción de poder popular de la forma que cada pueblo defina en su territorio[1].

La construcción de la justicia climática es uno de esos caminos y por eso un eje central de la convergencia popular para cambiar el sistema.

Voces desde el campo 6

Nyéléni – Sobre el motivo de la adhesión de RIPESS

Ruby van der Wekken, RIPESS

Hace dos años que RIPESS intercontinental, la red de economía solidaria respondió positivamente a la invitación de Nyéléni para unirse a su proceso. Desde entonces hemos participado en el Comité Directivo del 3er Foro Global Nyéléni. RIPESS como tal, participó en el proceso preparatorio de convergencia hacia una Agenda de Acción Política Común y concurrió al foro celebrado en Kandy, Sri Lanka con una delegación de 21 representantes de todo el mundo.

A través de les miembrxs de RIPESS presentes en el proceso Nyéléni, RIPESS ya sostenía desde hace 10 años que no se puede lograr la soberanía alimentaria sin un cambio sistémico económico, lo que implica, fundamentalmente, un cambio de la economía en su conjunto. Aunque los movimientos que se habían sumado al proceso Nyéléni ya estaban familiarizados con conceptos como la economía feminista y la economía del cuidado, la economía solidaria era menos conocida a nivel mundial, no solo como metodología, sino como visión que sitúa la agencia comunitaria y los valores sociales y ecológicos en el centro de la construcción de otra economía.

Es importante destacar también que RIPESS se unió al proceso Nyéléni por reconocer el gran potencial que tiene el cambio del sistema alimentario para el cambio sistémico en nuestras comunidades y, a través de ellas, en la sociedad. RIPESS desea contribuir a este proceso de cambio mediante los valores, principios y objetivos de la construcción de la economía solidaria como un proceso transformador de abajo hacia arriba.

Voces desde el campo 7  

Luchas convergentes en la Lucha Global contra la Acuicultura Industrial

Feini Yin, North American Marine Alliance, NAMA (Alianza Marina Norteamericana)

La campaña «Haciendo frente a la acuicultura industrial» de Nyéléni tiene como objetivo abordar los apremiantes retos que plantea la acuicultura industrial y bloquear el desarrollo y la expansión de este tipo de operaciones en todo el mundo.

Al igual que la agricultura, la acuicultura —el cultivo de productos alimentarios marinos en el océano, en agua dulce o en tierra— puede practicarse de muchas maneras. Estas van desde formas tradicionales y agroecológicas, como los estanques piscícolas de los nativos de Hawai, hasta la acuicultura impulsada por empresas y a escala industrial. En este último caso, el agronegocio transnacional, los bancos, las grandes ONG Verdes y los organismos gubernamentales promueven la exportación del modelo de acuicultura industrial a nuestros océanos, utilizando eslóganes como «economías azules» y «revolución azul».

En realidad, la acuicultura industrial desplaza a les pescadores artesanales de sus medios de vida y territorios, contamina nuestras aguas y fomenta la mercantilización de nuestros alimentos. La producción de piensos para peces impulsa una mayor producción industrial de soja y maíz. También saquea los pequeños peces pelágicos de la costa occidental africana, extrayendo proteínas del Sur Global, donde millones de personas dependen de los pequeños peces pelágicos para su alimentación y sustento, para producir proteínas para los consumidores del Norte Global.

Se trata de una lucha global que tiende puentes entre los aspectos terrestre y marino de la soberanía alimentaria, entre el Sur Global y el Norte Global, y entre los movimientos por la justicia medioambiental, la salud global, los derechos laborales y los derechos de las mujeres. Nyéléni es un movimiento de movimientos, y como tal se compromete a organizar campañas coordinadas para garantizar la soberanía alimentaria, sanitaria y económica, y a oponerse al control corporativo sobre estas deteniendo y previniendo la acuicultura y la pesca industrial, la economía azul y la privatización de los bienes comunes oceánicos.

Voces desde el campo 8

La importancia de la salud pública para garantizar la soberanía alimentaria

Movimiento de Salud de los Pueblos (People Health Movement, PHM)

Si partimos de la definición de soberanía alimentaria, es evidente que una buena salud de los hogares (incluida la salud animal) es fundamental para mantener la seguridad alimentaria. También ocurre al revés: también se cumple: la seguridad alimentaria garantiza el acceso de los hogares a alimentos suficientes y nutritivos durante todo el año para mantener la buena salud de sus miembros.

En el ámbito de Nyéléni, la salud pública debería incluir medidas preventivas: a) agua y saneamiento (y control de vectores, como los mosquitos, cuando proceda,); b) acceso a una infraestructura de atención primaria sanitaria que funcione (incluida la atención primaria curativa y la vacunación); c) acceso a la salud primaria animal; y d) medidas de promoción de la salud.

La educación en materia de salud y nutrición será necesaria para lograr lo anteriormente citado: nos referimos a una educación que vaya más allá de los aspectos técnicos o clínicos, que explique las causas estructurales de las enfermedades, la malnutrición y las muertes evitables, y que destaque las medidas necesarias para abordarlas.

En el enfoque de la soberanía alimentaria, las personas deben participar activamente en la toma de decisiones y en el seguimiento de la aplicación de estos componentes de la salud pública. Esto aún no se cumple y sigue siendo un reto para les miembrxs de Nyéléni. El Movimiento de Salud de los Pueblos podrá proporcionar los inputs y el apoyo necesarios a nuestra amplia comunidad Nyéléni, basándose en las actividades que ha llevado a cabo durante dos décadas. (El Movimiento de Salud de los Pueblos cuenta con un grupo temático sobre nutrición y seguridad alimentaria que se ha reunido en un par de ocasiones, pero que no ha trabajado de forma regular. Paralelamente, la región latinoamericana del PHM creó un grupo regional sobre seguridad alimentaria que ha sido activo y ha tenido éxito, -estuvo representado en Kandy).

Por todas estas razones, el Movimiento para la Salud de los Pueblos se unió con entusiasmo al proceso Nyéléni 3 desde el principio, con el enfoque del derecho a la alimentación y el derecho a la salud, y con el enfoque compartido de abordar conjuntamente la determinación social de ambos. La lucha conjunta por la salud, la agroecología y la soberanía alimentaria aún está en sus inicios, y debemos hacer hincapié en la necesidad de incorporar más movimientos y organizaciones a Nyéléni para que se unan a nosotros en esta lucha.

Voces desde el campo 9

2026: Año internacional de los pastizales y les pastores 

Fernando García-Dory, Alianza Mundial de Pueblos Indígenas en Movimiento y Pastores (WAMIP por sus siglas en inglés)

Nuestro movimiento pastoril global deposita muchas esperanzas en Nyéléni como un espacio para resistir codo con codo junto a otros movimientos de productores de alimentos con el fin de examinar el marco político actual que afecta a nuestros medios de vida y nuestras tierras, y formular propuestas conjuntas para encontrar alternativas a la crisis actual. Instamos a otros movimientos a que examinen nuestras reivindicaciones, desde la comprensión de los aspectos fundamentales de los derechos de les pastores hasta la expansión de la agroecología al pastoreo. Nyéléni es un valioso espacio de convergencia con otros movimientos que ha permitido avances importantes, como la UNDROP (Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales). Naciones Unidas ha declarado el próximo año, 2026, como Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. Queremos garantizar de que les pastores ocupen un lugar central. La FAO y otros organismos deben comprender que representamos un modelo de producción con valor cultural, social y político que empodera a las comunidades, contribuye a la supervivencia de los pueblos nómadas indígenas y promueve la soberanía alimentaria.

Voces desde el campo 10

Acción de incidencia global para les migrantes y refugiados

Paloma Chen, Plataforma Transnacional de Migrantes-Europa (TMP-E)

El movimiento por la soberanía alimentaria presente en el Foro Nyéléni 2025 no se ha limitado al núcleo inicial de productores de alimentos a pequeña escala, como agricultores, pescadores, pastores, pueblos indígenas y trabajadores rurales, sino que se ha ampliado para incluir movimientos feministas y de justicia climática, migrantes, consumidores conscientes, investigadores académicos y artistas.

La lucha de los pueblos migrantes y les refugiadxs es inseparable de la lucha por la soberanía alimentaria y los medios de vida. La migración está profundamente vinculada a la industria alimentaria global corporativa, basada en la explotación, la deshumanización y narrativas utilitarias que reducen a les trabajadores migrantes a mano de obra barata. La lucha migratoria es una lucha común por la igualdad racial, de género y económica, la soberanía alimentaria y una transición justa cuyo fin es tejer la resistencia y las alternativas al sistema corporativo que se beneficia de nuestro desplazamiento, represión, explotación y muerte. Pero los lugares de producción de alimentos también pueden ser lugares de resistencia, dignidad y construcción del futuro. Nuestra participación en el Foro Nyéléni forma parte de un esfuerzo más amplio por fortalecer la convergencia entre las luchas (desde las campañas de regularización en Europa hasta las movilizaciones transfronterizas como las Caravanas) para exigir vivienda, salud, derechos laborales, soberanía alimentaria y justicia para todos.

A través de debates, presentaciones, talleres y grupos de trabajo, durante el foro nos hemos esforzado por construir una visión política unificada contra el sistema capitalista dominante, patriarcal, imperialista, colonialista, racista, basado en castas y supremacista, con la elaboración de dos documentos políticos: la Declaración de Kandy y la Agenda Política de Acción Común. La Declaración de Kandy se leyó el 13 de septiembre en la ceremonia de clausura del foro, e incluye entre sus próximos pasos acciones como un día mundial de movilización contra el imperialismo, el genocidio, la guerra y el uso del hambre como arma. Esto se alinea con la Acción de Incidencia Global presentada por la Plataforma Transnacional de Migrantes-Europa durante el foro sobre el cambio sistémico de la narrativa sobre los migrantes y los refugiados.

Voces desde el campo 11

Las instituciones académicas se unen al movimiento: intercambio de conocimientos hacia la convergencia

Bruno Prado, Bhoopendra Kuma, Yukari Sekine, Colectivo de Académicos-Activistas Agrarios del Sur

En el 3er Foro Global Nyéléni se ha producido el primer dialogo en un Foro Investigadores y Movimientos, con más de 70 participantes, del cual ha surgido un compromiso compartido para profundizar este diálogo, reconociendo que las luchas por la soberanía alimentaria y la transformación sistémica son inseparables de la democratización del conocimiento.

Se invitó al Colectivo de Académicos-Activistas Agrarios del Sur (CASAS por sus siglas en inglés)[2] a contribuir a este proceso, apoyando la creación de espacios donde les investigadores, líderes comunitarios y organizadores de movimientos pudieran reunirse en pie de igualdad: todes elles generadores y portadores de conocimientos. Estos intercambios pusieron de relieve que una transformación genuina requiere relaciones horizontales entre diversos sistemas de conocimiento, donde el aprendizaje fluye en todas direcciones.

A lo largo de las conversaciones, les participantes solicitaron la descolonización de la producción de conocimientos y cuestionar las prácticas de investigación extractivistas, corporativas y de enfoque descendente. Les académicxs activistas compartieron experiencias de coproducción de conocimiento con las comunidades y reafirmaron que la investigación debe responder a las necesidades de las personas y no a los intereses del capital.

Los debates también señalaron la importancia de crear coaliciones de conocimiento amplias e intersectoriales que conecten los movimientos sociales, las universidades y las instituciones públicas. Les participantes coincidieron en la necesidad de apoyar a les académicxs activistas más jóvenes y que están al principio de su carrera, fomentar agendas de investigación colectivas y comunicar el conocimiento de forma más accesible a través de foros comunitarios, podcasts y formatos visuales creativos.

De cara al futuro, la colaboración entre el mundo académico y los movimientos debe continuar como un recorrido colectivo y participativo. El proceso Nyéléni nos recuerda que el conocimiento no es un privilegio, sino una herramienta compartida para la transformación sistémica: basada en la confianza, la igualdad y la solidaridad, y construida a través de la convergencia continua de diversas luchas y formas de conocimiento.

 Voces desde el campo 12

Tendiendo puentes: los sindicatos en Nyéléni

Chris Spindler, AMWU, IndustriALL Global Union

Incluso cuando el movimiento sindical solo representa a una minoría de trabajadores, suele ser el movimiento sindical organizado el que fija el programa en materia de condiciones laborales e industriales. Es lo que las potencias capitalistas tratan de romper: quieren acabar con el trabajo organizado.

Hoy en día, el movimiento sindical se enfrenta a muchos retos. Sin seguir un orden en particular, y sin pretensión de ser exhaustivos cabe citar: la tecnología y la automatización; la influencia política; la confrontación y la organización contra las leyes antisindicales; la organización más allá del lugar de trabajo, e incluso a nivel internacional. La respuesta que los sindicatos den a estas cuestiones afectará drásticamente a su relevancia, su crecimiento y su capacidad para conseguir mejores condiciones para sus miembros y la comunidad en general.

El proceso Nyéléni también plantea retos al movimiento sindical: trabajar con movimientos sociales y comunitarios más amplios, no solo con los partidos políticos tradicionales; reforzar la participación en la comunidad como fuerza progresista, junto con las campañas industriales; y desafiar el sistema político en lugar de aceptar su marco conservador.

El movimiento Nyéléni se opone a la idea de que los alimentos son principalmente una mercancía o una fuente de ingresos por exportación, y que los países deben competir por una productividad cada vez mayor. Las organizaciones comunitarias y los sindicatos, cada uno a su manera, están cuestionando estas premisas sobre la alimentación y el modo en que es regulada por el sistema político actual.

Nyéléni 2025 reunió a un conjunto notable de activistas comprometidos que realizan una labor extraordinaria en sus comunidades. Se trata de un movimiento hacia el cambio social en el que los sindicatos deben participar y, cuando sea posible, sumarse a las campañas pertinentes.

He empezado con preguntas clave que el movimiento sindical debe responder por su propio bien y por el bien de la comunidad en general, y creo que el proceso Nyéléni también debería reflexionar sobre cuestiones similares:

● ¿Cómo participará el proceso Nyéléni con el movimiento sindical, considerando que compartimos ideas pero trabajamos de manera diferente y en espacios distintos?

● ¿Existen campañas en las que Nyéléni pueda identificar un terreno común con el movimiento sindical?

● ¿Cómo transita el proceso Nyéléni desde ser un grupo comunitario y social a ser un movimiento para el cambio social? Aunque en el foro se habló de un cambio fundamental, esta cuestión no se ha abordado.

● ¿Hay planes, en un futuro próximo, para debatir estas y otras cuestiones relacionadas con la participación sindical?

Nyéléni ha sido un evento increíble y estimulante, que ha supuesto un desafío para mi trabajo personal de campañas y estoy seguro de que también para muchas otras personas.

Voces desde el campo 13

La Justicia Lingüística como práctica en el proceso Nyéléni

Salimos de la sombra: sostener la palabra también es parte de la lucha

Colectivo para la Autogestión de las Tecnologías de la Interpretación (COATI)

El proceso Nyéléni incorporó la Justicia Lingüística como práctica esencial, reconociendo que sostener la palabra también es parte de la lucha. En el encuentro celebrado en Kandy participaron más de 750 personas de todo el mundo y, por primera vez, se logró la interpretación simultánea en 18 lenguas.

Desde COATI se acompañó todo el proceso, aportando tecnología, coordinación y compromiso político. Se convocó a 73 intérpretes voluntaries y a cuatro técniques de la región Asia-Pacífico, contribuyendo también a la autonomía tecnológica regional.

El Grupo de Trabajo (GT) Interpretación conformó un equipo diverso e inclusivo de intérpretes, traductores y técniques representando acentos del Sur y del Norte global, distintas edades, géneros y trayectorias militantes y profesionales. Esta diversidad, más que una decisión, fue una consecuencia natural de la red construida, donde la pluralidad de voces generó un intercambio humano profundo y fortaleció el trabajo colectivo por la Soberanía Alimentaria.

COATI asumió además un reto técnico y logístico inédito, demostrando que la autogestión y las tecnologías libres pueden alcanzar —e incluso superar— lo que los proveedores de servicios del mercado no logran: sostener procesos complejos con cuidado, creatividad y cooperación.

La Justicia Lingüística es un ejercicio de palabra y escucha que construye igualdad. Quienes la hacen posible no son simples prestadores de servicio, sino sujetxs comprometides, parte activa de las luchas.

Por primera vez, la Declaración Final del Foro Global Nyéléni reconoció a intérpretes y traductores como parte de las luchas. Nosotres queremos hacerlo extensible a todos los equipos técnicos y voluntaries como parte fundamental de las luchas colectivas, ya que hicieron posible que la palabra circulara en pos de la participación plena y justa. Nuestro agradecimiento más profundo a todes elles, que pusieron cuerpo y corazón para que la Justicia Lingüística fuera una realidad viva en Nyéléni.

Mas información en el Fanzine producido por COATI (en ingles, francés y español).

Voces desde el campo 14  

Comunicaciones populares en el 3er Foro Global Nyéléni

Rohan Antony, A Growing Culture

Para el 3er Foro Nyéléni celebrado en Kandy, Sri Lanka, las comunicaciones populares no fueron una idea improvisada, sino una táctica vital para dar forma a la voz colectiva y la imaginación política del proceso. Fue una forma de garantizar que las voces de les líderes de base resonaran mucho más allá de las salas donde se pronunciaron, en las luchas cotidianas que se desarrollan en las calles, los campos, las fábricas y las comunidades de todo el mundo.

El Espacio de Comunicaciones Nyéléni reunió a un equipo de quince comunicadores de movimientos y organizaciones aliadas, junto con un grupo dedicado de voluntarios de Sri Lanka. Con micrófonos, cámaras, pinceles y bolígrafos, trabajaron colectivamente y sin descanso para animarel foro con energía, imaginación y alegría, y hacer que el momento fuera accesible para todos en Kandy y mucho más allá.

La Radio Nyéléni llenó las salas de conversaciones, reflexiones y canciones de resistencia procedentes de todos los movimientos. El equipo audiovisual captó momentos poderosos e íntimos que darán forma a la memoria visual de este encuentro durante los próximos años. Un equipo de redacción resumió los debates, las decisiones y las celebraciones del día en un boletín diario multilingüe, garantizando que todes les participantes, y aquelles que seguían el evento desde lejos, pudieran mantenerse informados. Por medio de las redes sociales y la prensa, las actualizaciones y las voces desde el terreno llegaron a miles de personas en todo el mundo. Les artistas transformaron paredes, pasillos y espacios compartidos en lienzos vivos que contenían la verdad emocional del foro, mostrando arte de resistencia de todo el mundo, rincones creativos donde los delegados podían dibujar, pintar y relajarse, y un mural participativo que inmortalizó nuestro momento colectivo en Kandy.

Este esfuerzo colectivo también desveló una verdad más profunda: la comunicación no está separada de la lucha, sino que forma parte de ella. Es donde se disputa la narrativa, se forja la solidaridad y se recupera el poder. La Declaración de Kandy y la Agenda Política Común lo afirmaron al reconocer la comunicación popular feminista de base como un frente estratégico para la transformación sistémica y al recordarnos que la soberanía no solo consiste en controlar lo que cultivamos, sino también en recuperar el poder sobre nuestras historias: historias de quiénes somos, por qué resistimos y el mundo con el que soñamos.


[1] ATI (2023) Trayectorias hacia el cambio de sistema: Transformar un mundo en crisis en post de un futuro justo y sustentable.

[2] Aguiar, D., et al. (2023). Transforming critical agrarian studies: Solidarity, scholar-activism and emancipatory agendas in and from the Global South. The Journal of Peasant Studies, 50(2), 758–786.

Destacados

Nyéléni: Construyendo solidaridad global para la transformación sistémica

Dieciocho años después de la Declaración de Nyéléni sobre la Soberanía Alimentaria, el tercer y ampliado proceso de Nyéléni ha reunido a movimientos sociales, organizaciones y redes globales, para converger en torno a la transformación sistémica. Este proceso plurianual ha unido a miles de grupos de base y aliados para desarrollar una Agenda de Acción Política Común (AAPC) sólida que promueva la soberanía alimentaria, la justicia climática y la justicia social, racial y de género. Ha sido un esfuerzo ingente para construir alianzas y estrategias políticas compartidas entre regiones y territorios. La redacción de la AAPC ha llevado casi dos años, tras múltiples consultas regionales y globales.

Contexto y proceso

En la primera reunión mundial del CIP (Comité Internacional de Planificación sobre la Soberanía Alimentaria) de Roma, en septiembre de 2022, se acordaron las orientaciones estratégicas para continuar construyendo el tercer proceso Nyéléni. Se centró en la convergencia multisectorial y en las alianzas entre los movimientos que luchan contra la apropiación empresarial y reclaman la democracia construida desde abajo, sobre la base de la experiencia del movimiento por la soberanía alimentaria. Durante la segunda reunión mundial de Roma en junio de 2023, se sumaron nuevos aliados ajenos al movimiento por la soberanía alimentaria y se estableció un Comité Directivo Internacional para orientar los procesos mundiales y regionales.

El Grupo de Trabajo sobre Metodología elaboró el primer borrador de la AAPC sobre la base de la primera ronda de consultas celebradas en 2024 en todas las regiones y con todas las organizaciones mundiales. Este proceso participativo y ascendente prosiguió en reuniones consultivas regionales:

  • América Latina y Caribe – Chile (febrero 2024)
  • América del Norte – virtual (marzo 2024)
  • Europa y Asia Central (mayo 2024)
  • Oriente Medio y África del Norte – Turquía (junio 2024)
  • Asia-Pacifico – Sri Lanka (junio 2024)
  • África – Etiopía (julio 2024)

El primer borrador de la AAPC se presentó después en la reunión presencial del Comité Directivo Mundial (CDM) de Nyéléni en Bangalore, India, del 31 de agosto al 6 de septiembre de 2024.

Una segunda ronda de consultas (del 20 de enero al 14 de marzo de 2025) permitió a las regiones y organizaciones mundiales perfeccionar la Agenda Política Común y el Plan de Acción. Para garantizar una amplia participación, se celebraron dos sesiones informativas mundiales del 28 al 29 de enero de 2025. El segundo borrador se presentó en la reunión del CDM en Sri Lanka (del 5 al 9 de mayo de 2025). A su vez, la versión final fue distribuida para su revisión interna a nivel regional y mundial y validada por las asambleas, previas al foro, de Mujeres, Juventud y Diversidades, así como por las asambleas regionales y las reuniones del movimiento mundial. El proceso culminó en el 3er Foro Mundial Nyéléni en Kandy, Sri Lanka del 5 al 15 de septiembre de 2025.

Por qué es importante la AAPC

La Agenda de Acción Política Común se sitúa en el corazón del proceso Nyéléni. Estructurada en cinco secciones, aborda los retos mundiales a través de un enfoque interseccional: 

Sección 1: Quienes somos — Describe los diversos sectores y actores que participan en el proceso.

Sección 2: Por qué actuamos — Analiza las crisis globales interconectadas que tienen su origen en la opresión y la desigualdad sistémica, incluyendo el capitalismo, el imperialismo, el colonialismo, el patriarcado, el racismo, el sistema de castas y la discriminación contra las comunidades marginadas. Denuncia la apropiación empresarial de la gobernanza, el acaparamiento de tierras y de recursos, la explotación con fines de lucro por parte de la agroindustria, el empeoramiento de los efectos del cambio climático, las condiciones laborales precarias y las «falsas soluciones» que promueven los sistemas impulsados por el capital, incluyendo el colonialismo digital y los mercados financieros especulativos.

Sección 3: Qué buscamos lograr y cómo, describe seis áreas temáticas:

  • Democracia y derechos de los pueblos
  • Paz y solidaridad internacional
  • Economía de los pueblos
  • Soberanía alimentaria y agroecología
  • Tierra, agua, territorios y reforma agraria
  • Salud, justicia climática y soberanía energética

Sección 4: Fortalecimiento de nuestros movimientos: define estrategias para la movilización, la construcción de movimientos, la solidaridad, la educación política, el aprendizaje mutuo y la comunicación popular.

Sección 5: El camino a seguir: formula un compromiso colectivo para la transformación sistémica y las conclusiones operativas.

El objetivo de la AACP no solo consiste en presentar propuestas, sino también en unificar las luchas por la soberanía alimentaria y la justicia económica, social, de género, racial y medioambiental dentro de una visión sistémica compartida. Su fuerza reside en su origen participativo: cada sección refleja el análisis, el debate y la revisión colectivos de cientos de organizaciones de todo el mundo.

Una vez finalizada, la AACP se presentará en eventos globales de convergencia (se compartirá en el Foro Social Mundial en agosto de 2026) para fortalecer las alianzas y ampliar la acción colectiva. Ante múltiples crisis interconectadas y sistémicas, el desafío que se nos plantea es superar los esfuerzos fragmentados y configurar un futuro compartido a través de iniciativas emancipadoras que ya se están construyendo en todos los movimientos.

Lea la declaración de Kandy.

Boletín núm. 62 – Editorial

3er Foro Nyéléni: Construyendo la solidaridad mundial para una transformación sistémica

Foto: Mural creado por el colectivo Fearless Collective durante el 3er Foro Nyéléni en Kandy, Sri Lanka. El mural es el resultado de una metodología desarrollada y practicada por el colectivo: partiendo de la imagen de un plato vacío, las y los participantes debatieron sobre temas de seguridad, soberanía y justicia alimentaria, y reflexionaron sobre lo que se siente cuando se vulneran los derechos. Estas reflexiones tomaron vida en el mural: una campesina luchando contra la caña de azúcar, una pescadora enfrentándose a los molinos de viento —imágenes que dan visibilidad a un sector de la sociedad tan a menudo dado por sentado: las campesinas y campesinos que producen los alimentos que comemos. Las y los artistas son actores políticos, y en el Foro el arte no fue un subproducto, sino una herramienta política central y poderosa para transmitir luchas y mensajes a nivel global.


El 3er Foro Global Nyéléni tuvo lugar en la ciudad de Kandy, en Sri Lanka, del 6 al 13 de septiembre de 2025. El complejo del Instituto Nacional de Desarrollo Cooperativo acogió a pequeños productores de alimentos, consumidores, pueblos indígenas, sindicatos, defensores de los derechos humanos, defensores de la justicia climática y sanitaria, comunidades urbanas pobres, mujeres y grupos de diversidad de género, profesionales de la economía social y solidaria, académicos, artistas y otros representantes de movimientos de base y organizaciones de la sociedad civil. Juntos elaboraron una Agenda de Acción Política Común (AAPC) para la transformación sistémica hacia la justicia económica, social, de género, racial y medioambiental.

A lo largo de los años, el proceso Nyéléni ha posibilitado la generación de un movimiento colectivo, ofreciendo un espacio en el que los movimientos de base comparten luchas, analizan tendencias, y trabajan juntos para avanzar hacia soluciones comunes. Sobre la base de las enseñanzas del primer y segundo foro Nyéléni, que tuvieron lugar en Mali, este 3er foro ha ampliado su alcance al unir fuerzas con los movimientos para la justicia climática, salud de las personas, y economía social y solidaria.

En un reflejo de su diversidad, el foro congregó a participantes de todas las regiones del mundo, con un equipo de 73 intérpretes voluntarios organizado por el colectivo COATI, trabajando denodadamente para garantizar la justicia lingüística y la interpretación hacia los 18 idiomas oficiales.

En esencia, el foro reafirmó que soberanía alimentaria y solidaridad global son inseparables. Les participantes, venidos de Palestina a Congo, de Haití a Sudan y más allá, expresaron su compromiso de resistir a la opresión en todas sus formas y construir un mundo fundado en la dignidad, la justicia, y los cuidados, en el reconocimiento de que el apoyo a Palestina, y a todos los pueblos que sufren ocupación, guerra y desposesión, es una responsabilidad conjunta y un reflejo de que el movimiento comparte una visión colectiva de la justicia.

El foro culminó con la adopción por aclamación de la Declaración de Kandy, con expectativa de enriquecer la Agenda de Acción Política Común (AAPC); ambas están destinadas a servir de brújula política que guíe las acciones y la visión de los movimientos de todo el mundo que luchan por la soberanía alimentaria y la justicia.

Esta edición del boletín Nyéléni comparte una selección de los aspectos más destacados del foro, recogiendo varias de las perspectivas de les participantes. Como afirma la declaración de Kandy: «A través de todas las diversidades que representamos, para fortalecer nuestras luchas, alzamos juntos la voz y declaramos: ¡Transformación sistémica, ahora y para siempre!».

Comité Internacional de Planificación (CIP) para la Soberanía Alimentaria, Transnational Institute (TNI)    

Voces desde el campo

Voces desde el campo 1

Timbulsloko: Un pueblo que se hunde en el mar

Susan Herawati, KIARA, Indonesia

Timbulsloko es un pueblo costero del norte de Java, situado en una de las regiones de Indonesia que se están hundiendo con mayor rapidez. La intrusión del agua del mar se registró por primera vez en 1990, marcando el inicio de una dramática transformación del paisaje y los medios de vida del pueblo. En 1995, la subida del nivel del mar era constante, y entre 2002 y 2016 aumentó una media de 18 centímetros al año. Acompañada del hundimiento de la tierra, esta subida ha dejado gran parte de Timbulsloko permanentemente bajo el agua. Más de 100 hectáreas de tierra y entre 400 y 1.300 metros de costa ya han desaparecido, junto con muchas viviendas.

No se trata simplemente de un desastre natural. La expansión industrial ha agravado la crisis. Tras la colada de lodo de Lapindo, que desplazó a las industrias de Java Oriental en 2006, éstas se trasladaron a Java Central, atraídas por los menores riesgos medioambientales y costes laborales. Demak, el distrito donde se encuentra Timbulsloko, se convirtió rápidamente en un centro industrial, lo cual, junto a la ampliación del puerto de Tanjung Mas, empeoró la situación. La industria extrae enormes cantidades de agua subterránea, lo que hace que la tierra se hunda aún más rápido. Esto ha hecho que las inundaciones se hayan vuelto insoportables, y Timbulsloko va desapareciendo año tras año.

Este lento desastre ha transformado el modo de vida de los habitantes. En los años sesenta, la costa estaba cubierta de arrozales, cocoteros, árboles frutales y granjas de hortalizas. Las familias se alimentaban de arroz, maíz y legumbres, y la agricultura era el sostén tanto de la dieta como de los ingresos. Pero cuando el mar se tragó la tierra fértil, la agricultura se hizo imposible. Los residentes se vieron obligados a pasar de la agricultura a la cría de camarones y chanos, y ahora la mayoría depende exclusivamente de la pesca, a menudo en condiciones precarias.

Las consecuencias son graves. La caída de los ingresos y la inseguridad alimentaria han abocado a las familias a luchar por sobrevivir. Lo que fue una próspera comunidad agrícola se encuentra ahora en la primera línea de la crisis climática, atrapada entre la subida del nivel del mar y unas políticas de desarrollo insostenibles que siguen hundiéndola aún más.

Voces desde el campo 2

La autogestión comunitaria de la tierra como vía hacia la justicia climática y de género

Massa Koné, UACDDDD, Malí

En Mali, la lucha por la tierra ha sido durante mucho tiempo una lucha por la dignidad. Durante décadas, las comunidades rurales, las mujeres y las organizaciones de la sociedad civil -lideradas por la Unión de Asociaciones y Coordinaciones de Asociaciones para el Desarrollo y la Defensa de los Derechos de los Desfavorecidos (UACDDDD por sus siglas en inglés)- presionaron para que se reconocieran sus derechos. Su persistencia dio frutos en 2017, cuando Mali adoptó una histórica Ley de Tierras Agrarias (LFA), seguida de un decreto de aplicación en 2018.

Por primera vez, se reconocieron legalmente los derechos consuetudinarios de tenencia de las comunidades rurales, creando un nuevo marco en el sistema de gobernanza de la tierra de Mali que protege el control de las comunidades sobre sus recursos. Un elemento central de este sistema son las Comisiones de Tierras Rurales, o COFOV (Commissions Foncières Villageoises).

Las COFOV son más que estructuras jurídicas: son espacios de democracia de base. En regiones amenazadas por la agroindustria y los proyectos extractivos, devuelven el poder de decisión a las comunidades, que establecen colectivamente las normas de uso, gestión y transferencia de tierras. Las mujeres, históricamente excluidas, asumen ahora funciones de liderazgo, transmiten conocimientos y salvaguardan la soberanía alimentaria. Su presencia reafirma que la justicia de la tierra y la justicia de género son inseparables.

Hasta la fecha, la UACDDDD ha apoyado la creación de COFOV en más de 380 pueblos mediante un proceso participativo de diez etapas basado en la legislación nacional y en décadas de lucha. Este enfoque da prioridad a las mujeres y los jóvenes, garantizando así una gobernanza de la tierra inclusiva, equitativa y pacífica. Es importante destacar que los COFOV no sólo defienden el acceso equitativo a la tierra, sino también la gestión colectiva de los territorios basada en la agroecología campesina.

Mientras el mundo se prepara para la COP 30, la experiencia de Malí ofrece una lección vital: la justicia climática no surgirá de promesas de arriba abajo, sino de comunidades que gobiernen sus territorios como bienes comunes. Los COFOV demuestran que es posible una transformación profunda si se capacita a las comunidades para gobernar sus tierras como un bien común, para el futuro de todos y todas.

Voces desde el campo 3

El poder sanador de la agroecología

Angie Belem Ruiz, Galaxias-UNICAM SURI, Argentina

Las galaxias de refugio agroecológico son granjas gestionadas colectivamente en Argentina, creadas en tierras recuperadas del agronegocio. Lanzadas en 2018 por UNICAM SURI, la universidad campesina del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE-VC), ofrecen refugio, sanación y trabajo digno a jóvenes, mujeres, personas de género diverso y migrantes que se enfrentan a la exclusión, la violencia o la adicción.

Llegué a las Galaxias cuando me condenaron a prisión por formar parte de un grupo de jóvenes que tenían problemas de adicción a las drogas en una villa miseria a las afueras de La Matanza, Buenos Aires. El tribunal me condenó a cinco años. En el juicio, un coordinador de las Galaxias le pidió al juez que me dejara cumplir mi condena en una de sus comunidades, trabajando la tierra en lugar de estar encerrada. Para mi sorpresa, el juez accedió, permitiéndome no solo vivir y trabajar allí, sino también tener a mis dos hijas menores conmigo.

Empecé aprendiendo a criar cabras con la Mabel, una campesina que me enseñó a ordeñar, garantizar la higiene, enfriar la leche y hacer queso. Más tarde, me ocupé de las gallinas ponedoras: alimentarlas, darles de beber, pastar y limpiar su gallinero. Hoy, en Galaxia La Dorotea, cuido ovejas y comparto responsabilidades con otros jóvenes.

Gracias a este trabajo, mi vida se transformó. Producir alimentos saludables y vivir en comunidad se convirtió en una terapia y una educación. Pasé de ser reclusa a ser coordinador, con responsabilidades organizativas y administrativas.

La agroecología me curó. Me devolvió la dignidad, profundizó mi vínculo con mis hijas y me mostró que la cooperación y la vida en contacto con la tierra pueden convertir la desesperación en esperanza. Para mí, las Galaxias son más que un refugio: son un camino hacia la libertad, al tiempo que curan a la Madre Tierra y construyen sistemas alimentarios justos y sostenibles.

Voces desde el campo 4

Dar poder a la gente

Movimiento de personas afectadas por las presas (MAB), Brasil

Durante los dos últimos años consecutivos, la Amazonia brasileña ha sufrido las peores sequías de su historia. Grandes ríos como el Madeira, en Rondônia, el mayor afluente del río Amazonas, que alcanza una profundidad de más de 20 metros, bajó a menos de 25 centímetros en 2024. A lo largo de este periodo, las comunidades tradicionales y ribereñas (en portugués; ribeirinhas) han visto comprometida su producción alimentaria y pesquera, así como su acceso a la sanidad, la educación y otros derechos.

La intensificación de la crisis climática y, en consecuencia, de los fenómenos extremos se ha producido a un ritmo más rápido que la respuesta estatal a la misma. Por ello, sin dejar de presionar a los gobiernos, las poblaciones afectadas organizadas en el Movimiento de Afectados por Represas (MAB) de la región empezaron a organizar sus propias medidas de adaptación, basadas en el principio de atender primero las necesidades de la gente y en un formato colectivo.

En Rondônia, como resultado de la lucha por la justicia climática, los afectados han logrado la construcción de más de 800 sistemas, redes de captación, filtración, almacenamiento y distribución de agua, construidos por la gente en un esfuerzo colectivo.

Las poblaciones que históricamente han contribuido menos al calentamiento global y protegen nuestros bosques no sólo son ahora las que pagan el precio más alto, sino que también tienen que desarrollar soluciones sin contar con las mismas condiciones. La respuesta a la crisis que vivimos pasa por dar poder a la gente y transformar la sociedad y el desarrollo desde la base. ¡Agua para la vida!

Cuadros

Cuadro 1

Hacia la CIRADR +20 para avanzar en la soberanía alimentaria y la justicia climática

La II Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (CIRADR+20) se celebrará en Colombia en febrero de 2026, tras el llamamiento de las organizaciones locales de campesinos.as, Pueblos Indígenas, pastores.as, pescadores.as artesanales y comunidades rurales. Colombia, uno de los pocos países que avanzan en la reforma agraria, se ofreció para acoger este evento mundial.

La CIRADR+20 llega en un momento crítico, en el que el acaparamiento de tierras, la especulación, la desigualdad y la destrucción ecológica siguen desplazando a millones de personas y agravando el hambre y la pobreza. Para las comunidades rurales, la tierra y los territorios son la base de la vida, la cultura, la dignidad y la soberanía alimentaria. Por lo tanto, esta conferencia no es sólo un foro político:  es un espacio para exigir justicia, desafiar al poder empresarial y presionar por un cambio sistémico basado en los derechos de las personas.

La primera CIRADR en 2006 fue histórica, ya que abrió un espacio para los gobiernos y para los movimientos sociales, que organizaron el foro «Tierra, Territorio y Dignidad». Allanó el camino para importantes logros como las Directrices de Tenencia, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (UNDRIP por sus siglas en inglés) y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y Otras Personas que Trabajan en Zonas Rurales (UNDROP por sus siglas en inglés), que afianzaron el reconocimiento de la tierra como un derecho humano. Sin embargo, a pesar de las victorias obtenidas en algunos países, su aplicación ha sido limitada.

Veinte años después, y a la luz de las múltiples crisis a las que se enfrenta el mundo, las organizaciones de productores de alimentos a pequeña escala esperan que la CIRADR+20 algo más: que haga frente a la concentración de la tierra, garantice los derechos colectivos y consuetudinarios, avance en la reforma agraria redistributiva, garantice la justicia de género y generacional, y defienda los territorios como espacios de resistencia, esperanza y transformación.

Cuadro 2

Ecologizar a través de los datos, pero los datos no pueden ser ecológicos

Mientras los movimientos por la justicia alimentaria, agraria y climática quieren sincronizar sus luchas hacia el cambio de sistema, los mercados de carbono prosperan con herramientas y procesos digitales: encontrar información, hacer cálculos, programar una actividad productiva, transmitir información a través de los mares o automatizar los viveros -entre otros-, aparecen como algo exento de problemas, preciso y limpio.

Con arreglo al nuevo orden digital mundial, las explotaciones agrícolas pequeñas y micro, los bosques comunitarios e incluso los patios de los hogares campesinos pueden entrar en los mercados de carbono, ya que su capacidad de secuestro de CO₂ puede calcularse y subastarse.

Las mediciones por satélite, la agricultura de precisión con sensores en campos y bosques, el aumento de la conectividad, el uso generalizado de teléfonos inteligentes y tabletas, la modelización con inteligencia artificial, el aumento de la robotización y la automatización en las fábricas… son algunos de los despliegues que las empresas esperan ampliar como parte de sus esfuerzos para compensar sus emisiones. Esto se combinaría con el pago de créditos de carbono, bonos verdes y azules, bonos climáticos y otros instrumentos financieros que se debatirán en la COP30.

El impulso que la digitalización está dando a los mercados de carbono debe denunciarse como la estafa que es, una pescadilla que se muerde la cola. Las tecnologías digitales nunca podrán ser limpias porque dependen de los combustibles fósiles para alimentar los centros de datos y los gadgets, y requieren del extractivismo más agresivo para obtener sus materiales.

¿Veremos a las grandes empresas de tecnología digital en la COP30 intentando atraer a la gente con compensaciones, mientras ofrecen sus herramientas para medir emisiones especulativas?

Cuadro 3

Reforma agraria, agroecología y lucha por la justicia climática

La crisis climática a la que nos enfrentamos hoy tiene sus raíces en una larga historia de desposesión -en la que nuestros pueblos han sido expulsados de sus territorios- y colonización cuya herencia continúa hoy en día en y el control empresarial de nuestros sistemas alimentarios.

El modelo de agricultura industrial, que antepone los beneficios a las personas y la naturaleza, ha destruido sistemáticamente la biodiversidad, contaminado el planeta y agravando la crisis climática. Cada año lo vemos en los fenómenos meteorológicos extremos, y las consecuencias más graves recaen sobre quienes trabajan la tierra, pescan en las aguas y cultivan alimentos para nuestras comunidades.

Para hacer frente a este sistema alimentario destructivo dirigido por las empresas es necesario un cambio fundamental en la forma en que nos relacionamos con la tierra, el agua, los bienes comunes y los territorios, y cómo se comparte el control sobre ellos.

Por lo tanto, para los campesinos.as, los Pueblos Indígenas, los pescadores.as, los pastores.as y todos los pequeños.as productores.as de alimentos y trabajadores.as de la tierra, la lucha por la reforma agraria es fundamental para la lucha más amplia por la justicia climática. Esto se debe a que, sencillamente, si los pueblos no tienen el control sobre la tierra, el agua, las semillas y los territorios, no se puede practicar la agroecología, la práctica que sana la tierra y sostiene a las comunidades.

Por lo tanto, la reforma agraria integral implica algo más que redistribuir la tierra. Se trata de recuperar los bienes comunes necesarios para construir territorios de cuidado y economías basadas en la solidaridad.

Esto debe ocurrir a través de la participación democrática de quienes producen y consumen alimentos. La reforma agraria que reclaman movimientos sociales como La Vía Campesina es, por tanto, una lucha por las condiciones materiales que permitan a los pequeños productores vivir con dignidad y cultivar alimentos en armonía con la naturaleza, a través de la agroecología.

¿Por qué la agroecología? La agroecología campesina rechaza la dependencia de insumos químicos y semillas corporativas. En cambio, nutre la biodiversidad, conserva el suelo y el agua, y reconstruye los ecosistemas perdidos o dañados. Es un modelo de producción, una visión política y una forma de vida basada en el respeto a la Madre Tierra y el bienestar colectivo de todos y todas.

Al combinar biodiversidad, salud del suelo, conservación del agua y conocimientos locales, la agroecología campesina construye sistemas alimentarios resistentes que almacenan carbono en los suelos y la vegetación. Estas explotaciones absorben una cantidad significativa de carbono, ayudando a reducir el CO₂ atmosférico. La cubierta arbórea, la diversidad de cultivos y el equilibrio ecológico revitalizan el suelo, restauran el paisaje y evitan la erosión, al tiempo que regulan los climas locales, mantienen la humedad, evitan la erosión y enfrían la tierra tanto a escala local como mundial. Aplicada a la pesca y el pastoreo, la agroecología protege los ecosistemas acuáticos, preserva la biodiversidad y garantiza un acceso justo a los recursos. Los pastores utilizan la movilidad y el pastoreo rotativo para evitar la desertificación y mantener la fertilidad del suelo.

Por tanto, para poder desmantelar el sistema alimentario corporativo y lograr una verdadera justicia social, económica y climática, la lucha por la reforma agraria y la agroecología deben avanzar codo con codo.

Destacados

Destacado 1

De Nyéléni a la Cumbre de los Pueblos: converger hacia el cambio

«No hay lucha sobre un único tema porque no vivimos vidas de un único tema». Audre Lorde

En 2025 y 2026 los movimientos sociales tenemos varias oportunidades para converger y construir alternativas sistémicas propias a las crisis inrterconectadas que afrontamos hoy en día. Estas ocasiones también suponen una oportunidad para movilizarnos contra las entidades que acaparan nuestras tierras y territorios, oprimen a nuestras comunidades y dividen a nuestros movimientos con políticas de extrema derecha: empresas transnacionales, oligarcas y sus nexos con líderes autoritarios.  El 3er Foro Global Nyéléni (que tuvo lugar en septiembre), la Cumbre de los Pueblos hacia la COP 30 e CIRADR +20 agrupa a movimientos sociales que trabajan por el cambio del sistema, desde diferentes puntos de partida y diferentes realidades geográficas y políticas, pero trabajando por objetivos comunes.

En todos estos espacios la cuestión fundamental es cómo contrarrestar la escalada en el acaparamiento de recursos de las políticas neoliberales (como se señala en el artículo «Destacados 2»). La demanda de reforma agraria y de redistribución es una de las respuestas principales a esta cuestión.

El movimiento por la justicia climática lucha contra el sistema de combustibles fósiles que hace nuestro mundo inhabitable, y contamina y arrebata tierras y mares a pescadores.as y campesinos.as. Luchamos contra el complejo militar-industrial que es responsable de enormes sufrimientos, del 5% de las emisiones mundiales y de criminalizar a los defensores del medio ambiente, y absorbe billones de dinero público que deberían destinarse a servicios públicos o a financiar la lucha contra el cambio climático. Luchamos contra la financiarización de la naturaleza, que convierte una supuesta acción por el clima en otra vía para que los bancos y los fondos especulativos se beneficien de la destrucción, a la vez que despojan a los Pueblos Indígenas y rurales. Sabemos que la justicia climática no es posible sin justicia económica: reparaciones por daños históricos, alivio de la deuda. No es posible sin la reforma agraria, el conocimiento indígena y campesino y la lucha contra las grandes desigualdades. Por eso nos hermanamos con otros movimientos, como el de la soberanía alimentaria. 

La soberanía alimentaria ofrece un marco completamente distinto para organizar la producción y el consumo de alimentos. Exige la alimentación como un derecho humano, no como una mercancía, se centra en devolver el poder a las clases trabajadoras rurales y urbanas, que en su mayoría también son productoras de alimentos. Relocaliza los sistemas alimentarios y respeta y refuerza los conocimientos tradicionales. El marco (de la soberanía alimentaria) también politizó la agroecología, la ciencia, la práctica y el movimiento de la agricultura ecológica, que se ha convertido en uno de los ejemplos más garantizados de soluciones locales en todo el mundo.

En el 3erForo Nyéléni los movimientos han profundizado y ampliado el marco para lograr una transformación sistémica, por ejemplo, abordando las falsas soluciones; oponiéndose a los alimentos como arma de guerra, como podemos ver con efectos devastadores en Gaza y añadiendo aspectos cruciales de justicia económica y climática. En este momento llamamos a ampliar y fortalecer nuestras alianzas y luchas colectivas por la emancipación, la justicia, la autonomía y el derecho a la autodeterminación.  

Los movimientos locales de los Pueblos Indígenas, campesinos.as, pescadores.as, pueblos negros, feministas, trabajadores.as, migrantes son los protagonistas cuando se trata de lograr la justicia climática y la soberanía alimentaria y la redistribución de los recursos.

La primera línea de defensa en la lucha contra los proyectos extractivos en sus tierras son los pueblos campesinos, pescadores y Pueblos Indígenas. Son los recicladores los que luchan por un mundo sin plásticos derivados del petróleo. Son las feministas de base las que han exigido economías dedicadas a la vida y el cuidado, no a la extracción. Son las comunidades de pueblos negros e indígenas las que ofrecen al mundo sus conocimientos históricos y tradicionales sobre medicina y producción de alimentos. Si se devuelve la tierra a sus manos, las verdaderas soluciones de base pueden hacerse realidad.

Históricamente, los pueblos organizados han propiciado cambios graduales a pequeña y gran escala. Hoy nos encontramos ante democracias que se desmoronan, el ascenso de poderosos oligarcas y empresas en connivencia con la clase política. Juntos, desde Nyéléni hasta la Cumbre de los Pueblos y el CIRADR +20, afrontaremos este reto con esperanza y solidaridad. Con soluciones reales y prácticas que mejoren la vida de la gente corriente.

Destacado 2

La reforma agraria y la redistribución deben estar en el centro de las políticas climáticas

Una de las estrategias más eficaces para avanzar en la justicia climática es situar la tierra y los territorios bajo el control de los pequeños.as productores.as de alimentos, los Pueblos Indígenas y las comunidades rurales. La tenencia segura y equitativa de la tierra está directamente relacionada con la gestión ecológicamente racional de los recursos de los territorios, los sistemas alimentarios sostenibles, la justicia social, la paz y el bienestar. Sin políticas redistributivas, la concentración de tierras y recursos seguirá alimentando la destrucción ecológica y profundizando la desigualdad.

La desigualdad en el acceso a la tierra desempeña un papel central, aunque poco reconocido, en la triple crisis medioambiental del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. En la actualidad, sólo el 1% de las explotaciones agrícolas controlan el 70% de las tierras cultivables del mundo, mientras que la mayoría de las comunidades rurales, los Pueblos Indígenas y los pequeños proveedores de alimentos se enfrentan a la desposesión y la violencia. Esto no sólo socava sus derechos humanos, sino que también debilita su capacidad demostrada de velar por los ecosistemas. Los territorios bajo su gobernanza muestran sistemáticamente menores tasas de deforestación, mayor biodiversidad, mejor gestión del agua y mayor resiliencia climática.

Desde la crisis financiera de 2008, la tierra es tratada cada vez más como un activo financiero, lo que ha conducido a la especulación, a las adquisiciones a gran escala y al desplazamiento de comunidades. Más recientemente se ha acelerado el «acaparamiento verde» vinculado a las compensaciones por emisiones de carbono y a los mercados de biodiversidad: estos programas representan ya el 20% de las grandes transacciones de tierras. Estas iniciativas, comercializadas como soluciones climáticas, a menudo conducen a la desposesión de las comunidades y erosionan la gestión ecológica. Mientras tanto, los sistemas alimentarios industriales -dependientes de los monocultivos, los combustibles fósiles y los agroquímicos- siguen siendo los principales causantes de las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación y la degradación del suelo y el agua.

Por el contrario, los pequeños.as productores.as -que utilizan sólo el 35% de las tierras de cultivo del mundo y, sin embargo, alimentan a más de la mitad de la población mundial- practican sistemas agrícolas diversos y agroecológicos que mejoran la resiliencia y reducen las emisiones. Su contribución es indispensable para la adaptación al clima, la conservación de la biodiversidad y la soberanía alimentaria. Sin embargo, su capacidad para seguir desempeñando este papel depende de que se aseguren sus derechos sobre la tierra, el agua y los territorios.

La cuestión de quién posee y controla la tierra es, por tanto, inseparable del reto de construir un futuro justo y sostenible. Los Estados tienen la obligación de abordar la desigualdad en la tenencia de la tierra a través de políticas redistributivas no sólo por derechos humanos, sino también por una necesidad social y ecológica. La reforma agraria puede detener y revertir el acaparamiento de tierras, frenar la desigualdad, fortalecer la conservación basada en la comunidad y permitir transiciones justas en aras de la agroecología y de sistemas alimentarios sostenibles.

Así pues, la reforma agraria y las políticas de redistribución de la tenencia deben ser pilares fundamentales de las estrategias climáticas. Su promoción mediante políticas públicas empodera a las comunidades rurales y a los Pueblos Indígenas para gobernar y gestionar ellos mismos sus territorios. En el contexto de los mercados de carbono y de biodiversidad debe ponerse el acento en las medidas para garantizar el respeto, la protección y el cumplimiento de los derechos de los campesinos y otros pequeños proveedores de alimentos, Pueblos Indígenas y comunidades rurales. En resumen, que la población y las comunidades rurales tengan el control sobre la tierra y se garanticen los derechos de tenencia existentes -en particular los derechos colectivos y consuetudinarios- sienta las bases para transiciones justas hacia modelos económicos y sociedades sostenibles y equitativos.