Voces desde el campo

Voces desde el campo 1

Las jaulas de peces en el lago Victoria y el derecho a la alimentación

Pueblo de Namakeba, distrito de Buvuma, Uganda

Vivo en el pueblo de Namakeba y, como todo el mundo aquí, mi familia sobrevive gracias al lago Victoria. No podemos cultivar mucho porque estamos en una reserva forestal y ni siquiera se nos permite recoger leña, y la poca tierra fértil que hay a nuestro alrededor ha sido acaparada por una empresa de aceite de palma. Por eso, aparte de ser nuestra actividad, la pesca nos da de comer y nos permite comprar los alimentos que no podemos cultivar nosotros mismos a pequeños comerciantes de Masese y Kiyindi.

Desde que aparecieron las jaulas de peces, hay tramos del lago a los que simplemente no podemos acercarnos; algunos son propiedad de un inversor chino y cubren más de un acre de agua. Es donde pescábamos antes. Ahora nos echan si nos acercamos demasiado, y cada año las jaulas son más grandes, y se van apropiando más del lago. Nuestras redes salen del agua más ligeras de lo que solían. Algunos de nosotros pescamos toda la noche y volvemos con lo justo para vender, sin hablar de comer.

No se trata solo del pescado, sino de llegar a cualquier sitio. Las jaulas se interponen en nuestras antiguas rutas, por lo que ahora los barcos tienen que dar un gran rodeo. Un trayecto que antes duraba una noche ahora nos lleva más horas, consume más combustible, cuesta más dinero. Las tarifas a Masese se han duplicado. Como nuestra comida llega en barco, ese coste recae sobre cada saco de maíz y cada botella de aceite que compramos.

Sabemos exactamente lo que nos está ocurriendo y no estamos dispuestos a quedarnos mirando cómo continúa. La pesca es a la vez nuestro medio de vida y nuestra fuente de alimento, así que cuando el lago se reduce para nosotros, nuestras comidas también se reducen. Alzamos la voz porque creemos que esto puede solucionarse, con reglas justas que protejan el espacio de las personas que siempre han dependido de este lago. Queremos que nuestros hijos e hijas sigan pescando en estas aguas mucho después de que nosotros ya no estemos.

Voces desde el campo 2

Somos Kottaimedu — esta es nuestra lucha

Familias pescadoras de Kottaimedu, India

Somos familias pescadoras de Kottaimedu. Durante casi veinte años, hemos luchado para proteger nuestra fuente de vida: nuestras aguas y nuestra costa.

Cuando el tsunami se llevó nuestros hogares en 2004, el Gobierno nos trasladó aquí, cerca del canal de Buckingham: marismas, manglares, las aguas que sabíamos que nos daban de comer. Creímos estar a salvo. Entonces, en 2007, se instaló una granja industrial de camarones justo al lado.

Al principio fue solo el olor. Luego, el canal que alimentaba a nuestras familias se contaminó. Después, nuestra agua potable se volvió salada. La escuela de nuestros hijos e hijas, a apenas 150 metros del estanque, no podía utilizar su propio pozo. Tuvimos erupciones cutáneas. Nuestros riñones empezaron a fallar. Nos quejamos. Nadie nos escuchó. En 2019, nuestras mujeres salieron a la calle a protestar. Por ello, trece de nuestras lideresas fueron implicadas en causas penales —falsas, dos de ellas ni siquiera estaban en el país cuando se cometió el supuesto «delito», y aun así se nos señaló. Los tribunales no desestimaron las demandas hasta 2023. Seis años de nuestras vidas, robados por el miedo y la sospecha.

Pero no nos detuvimos. Lo documentamos todo nosotros y nosotras mismos/as: cada desagüe invadido, cada estanque de tratamiento desaparecido, cada infracción. Llevamos nuestras pruebas a todas las oficinas que nos abrían sus puertas. Poco a poco, con dificultad, las cosas empezaron a cambiar. Una orden aquí, una resolución judicial allá. Recursos, retrasos, más esperas. Por fin, el 16 de febrero de 2026 ganamos: se ordenó el cese definitivo de toda actividad acuícola en la granja. Ahora estamos presionando para que se aplique plenamente la orden, incluso que se dejen de invadir nuestras tierras. Nunca se trató solo de un estanque. Se trataba de nuestra vida como comunidad pesquera, de nuestros derechos humanos a la alimentación y la nutrición, a unas aguas limpias y saludables, y a la dignidad. No esperamos a que se hiciera justicia. Ganamos porque nos negamos a callarnos y luchamos por lo que era nuestro.

Voces desde el campo 3  

Muchas horas, poca paga, ninguna seguridad: testimonio de un trabajador en una camaronera

Trabajador en una granja de camarones, de la provincia de Esmeraldas, Ecuador

Mi nombre es Carlos y trabajo en una piscina camaronera. El trabajo aquí es muy duro porque no tengo un horario establecido. Tengo que pasar las 24 horas del día aquí dentro y hacer trabajo durante la noche o en la madrugada, con lluvia, con sol. Aquí mi jefe me paga 400 USD por mes. No me alcanza la verdad porque tengo mi esposa, mis 3 hijos y tengo que mandar a mis hijos a la escuela. En ocasiones, no me alcanza el dinero para que ellos puedan ir a la escuela. Es muy duro y difícil el trabajo, a tal punto que muchas veces mi esposa y mi hijo mayor me ayudan.

No tengo seguridad social. Constantemente mis hijos tienen problemas de salud. A veces cuando uno se enferma aquí es difícil salir porque no tenemos una conexión a una vía. Tenemos que muchas veces esperar lanchas para que nos puedan llevar hasta el pueblo. Mi jefe me hace los pagos en efectivo y muchas veces no es que mi paga llega cada mes. Muchas veces pasando mes y medio o dos meses, me paga uno. Entonces me toca aguantarme porque no hay trabajo en mi pueblo. Por eso me vine hasta acá, muy lejos de mi pueblo.

Aquí se utilizan varios químicos que uno no tiene seguridad para tratar con ellos. Entonces uno está expuesto también a eso, uno tiene que muchas veces tocarlo con la mano sin ningún tipo de seguridad y el trabajo es muy fuerte. Como le digo, nosotros tenemos que estar constantemente dando la vuelta por la piscina, sobre todo por las noches.

Voces desde el campo 4

Si desaparece el manglar, perdemos parte de nuestras vidas  

Comunidades pesqueras, Carapitanga Quilombo, Brasil

Soy de Carapitanga Quilombo, en el municipio de Brejo Grande, en la costa norte del Estado de Sergipe, en la región del estuario del río São Francisco.

Antes, aquí todo era sano. No había veneno en el agua; los manglares eran nuestra riqueza. Solíamos pescar libremente, capturar cangrejos, ostras, sururu, aratu, siri y muchos tipos de peces. Cuando volvíamos de pescar, llenábamos cubos con ellos y los compartíamos con nuestros vecinos y vecinas: todo el mundo se llevaba comida a casa.

Todo cambió cuando empezaron a arrancar los manglares para construir estanques de camarones.

Se arrancan los manglares, se echa veneno en los estanques y, cuando los limpian, toda esa agua contaminada vuelve al río. He visto animales muertos en el lodo, y el lodo olía a podrido. Los peces, los crustáceos y muchas otras especies han empezado a desaparecer. Cada día hay menos espacio para que crezcan los cangrejos, el aratu, el siri y los peces porque se está destruyendo el manglar.

Hoy tenemos que caminar mucho más lejos, o ir en barco, para encontrar marisco. A veces echamos las redes y solo pescamos lo suficiente para un día. Las familias pescadoras lo están pasando mal. Antes, nuestra riqueza procedía del manglar. Hoy en día, muchas familias dependen del programa Bolsa Família y tienen que comprar comida porque el manglar ya no puede proporcionar lo que antes proporcionaba.

No como las gambas que se producen en estos estanques porque tienen veneno. Prefiero las gambas y los peces que provienen de la naturaleza.

La destrucción no ha cesado. Se siguen arrancando nuevas zonas y, cada vez que desaparece otro trozo de manglar perdemos otra parte de nuestras vidas. Aun así, sigo creyendo que, si dejan la naturaleza en paz, se recuperará. El manglar puede volver y, con él, los peces, los cangrejos y los mariscos. Quizá no para nosotros, pero sí para nuestra descendencia, porque también tienen derecho a vivir de la riqueza que el manglar siempre nos ha dado.

Voces desde el campo  5

Cómo recuperamos nuestro mar

Comunidades pesqueras, Karimunjawa, Indonesia

Me llamo Jack, soy pescador de Karimunjawa, y la vida de mi familia siempre ha estado ligada al mar. Solíamos pescar anchoas y vender algas, viviendo al compás del océano. Recuerdo los días en que sus aguas nos proporcionaban todo lo que necesitábamos. Pero entonces llegaron los criaderos de camarones y todo cambió. Toda nuestra vida dio un vuelco en cuestión de días. Llegaron hombres de la empresa, compraron las tierras y empezaron a arrancar los manglares. Instalaron tuberías directamente en el arrecife de coral, tuberías que aspiraban agua y escupían residuos. El mar cerca de nuestras casas se convirtió rápidamente en un caos marrón, espeso y repugnante. Mis hijos e hijas ya no podían bañarse en las aguas cercanas a la orilla y mi hija menor sufría mucho dolor porque el agua contaminada le provocaba un picor terrible con los pies llenos de ampollas.

Nuestras algas se volvieron blancas y se pudrieron a causa de una enfermedad. Una noche murieron todos los peces de mis jaulas, y fue una pérdida enorme: cientos de meros se asfixiaron en esas aguas contaminadas. Tuve que adentrarme más en el mar para encontrar aguas de mejor calidad, lo que implicaba gastar más combustible y ganar menos. Eso me llevó a endeudarme aún más. Ni siquiera podía pagar la escuela de mi hija y mi familia empezó a desmoronarse por culpa de los terrenos que se vendieron a la empresa.

Pero no nos quedamos callados. Formamos LINGKAR («Círculo de Lucha de Karimunjawa») —personas pescadoras, cultivadoras de algas y trabajadoras del turismo— decididos/as a plantar cara. Por la noche, nos sumergíamos sin el equipo adecuado para documentar las tuberías fantasmas (tuberías de entrada y salida) que destruían nuestros arrecifes. Nos enfrentamos a matones a sueldo, amenazas e intimidaciones, pero seguimos documentando y publicando con la etiqueta #SaveKarimunjawa, hasta que todo el país se fijó en nosotros.

El Gobierno pensó que podría silenciarnos encarcelando a uno de nuestros líderes, recurriendo a una ley que, en teoría, persigue los delitos informáticos, pero que en realidad solo se utiliza para acallar a las personas en Internet. Sin embargo, la estrategia les salió mal y todo el país se indignó. Los tribunales incluso intervinieron y anularon la condena. Trabajamos codo con codo con nuestros amigos y amigas y con periodistas que no se echaron atrás, y conseguimos que el Gobierno nos escuchara. Se cerraron los estanques.

Los responsables fueron a la cárcel por la contaminación causada y, poco a poco, nuestro mar se está recuperando: el agua se aclara, los corales vuelven a respirar y las personas que cultivan algas se atreven a volver a echar las cuerdas al agua. Todavía estamos reconstruyendo, pero una cosa está clara: cuando la gente se une, puede hacer que incluso las fuerzas más poderosas rindan cuentas por el daño que causan.

Cuadros

Cuadro 1

El pescado que nunca llega al plato

«A lo largo de la costa de África Occidental, más de medio millón de toneladas de peces pelágicos, que podrían alimentar a más de 33 millones de personas… son extraídos del océano para ser convertidos en harina y aceite de pescado…». – Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación[1]

Tal y como ha señalado el Relator Especial de las Naciones Unidas, no es la falta de alimentos lo que causa el hambre; no es un problema de producción. Mas bien es consecuencia de un sistema alimentario en el que las empresas mundiales productoras de piensos agravan la inseguridad alimentaria al procesar peces salvajes en forma de harina y aceite de pescado[2]. En 2024, más de 18 millones de toneladas de peces capturados en estado salvaje —equivalentes al 23 % del total de las capturas marinas— se transformaron en harina y aceite de pescado. Perú y Chile concentran la mayor parte de la producción mundial, aunque esta es vulnerable a El Niño.

Aunque es difícil obtener datos precisos de todos los países y regiones, se estima que únicamente en India, un millón de toneladas de pescado salvaje acabó en sus 50 fábricas de procesamiento de pescado en 2018[3]. Hay alrededor de 450 fábricas más, repartidas por 62 países[4],que representan casi todo el resto. En cambio, una parte significativa de este pescado, o prácticamente todo, podría utilizarse como alimento para las personas, en lugar de alimentar un sistema globalizado en el que las anchoas capturadas en una parte del mundo se echan de comer a los camarones de otra, con el único fin de ser procesados y vendidos a consumidores de ingresos medios o altos en otros lugares.

Cuadro 2

Algas y geoingeniería marina

Del mismo modo que el mecanismo REDD+ («reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación de bosques») propició que las empresas se apropiaran de los bosques de los pueblos indígenas con el pretexto de la compensación de emisiones de carbono, los contaminadores planean ahora convertir el océano en un casino del carbono, utilizando el cultivo a gran escala de algas como forma de acuicultura, combinado con tecnologías de geoingeniería marina para generar créditos de carbono.

La geoingeniería designa las tecnologías no ensayadas y de alto riesgo orientadas presuntamente a frenar o revertir el calentamiento global. Las tecnologías de geoingeniería marina son una amenaza peligrosa para la integridad de los océanos, al alterar la biogeoquímica del océano y afectar de forma irreversible a las comunidades y los ecosistemas marinos. Hay técnicas como la fertilización oceánica (añadir nutrientes, tales como minerales y biomasa), el aumento de la alcalinidad oceánica (vertido de grandes cantidades de minerales para reducir la acidificación) y el blanqueo de nubes marinas (rociar agua de mar para «aclarar» las nubes). Las técnicas empleadas en la acuicultura de algas incluyen hundir biomasa y el afloramiento artificial (colocar tuberías en las profundidades del océano y bombear agua fría hacia la superficie) para inducir el crecimiento de las algas.

Los ecosistemas de algas marinas naturales y gestionados de forma tradicional se encuentran entre los espacios más biodiversos y productivos de la naturaleza. Los pueblos indígenas y las comunidades costeras y pesqueras han rechazado los monocultivos industriales de algas debido a los riesgos que entrañan para la cultura, la economía, el medio ambiente y los derechos humanos. Aquí, la acuicultura se une a la geoingeniería, al acaparamiento de los océanos y a la destrucción de los medios de vida de los pueblos pescadores. La acuicultura de algas combina falsas soluciones que amenazan los medios de vida, al tiempo que reduce el valor incalculable de nuestros océanos a unidades comercializables, maximizadas para obtener beneficios en el falso negocio de «salvar el planeta».

Cuadro 3

La defensa de los bienes comunes es una causa feminista

La acuicultura industrial es una forma de extractivismo impulsada por motivaciones orientadas al mercado, como obtener el máximo posible de ganancias a costa de sobrepasar los límites ecológicos. Los métodos de la acuicultura industrial se basan en gran medida en la producción masiva y el tratamiento químico de las masas de agua, generando grandes cantidades de residuos. Las pescadoras y los pescadores locales se ven privadas/os de su derecho a la soberanía alimentaria a medida que el poder empresarial mercantiliza la pesca.

La Marcha Mundial de las Mujeres defiende la vida por encima de las ganancias y protege los bienes comunes en aras de la sostenibilidad de la vida. Los océanos y los medios acuáticos también son bienes comunes, por eso defender los océanos como bienes comunes es una causa feminista. Como Marcha Mundial de las Mujeres, colocamos en el centro de nuestro movimiento nuestra lucha contra las empresas transnacionales. En nuestra lucha por defender la vida por encima de las ganancias, nos rebelamos contra la acuicultura industrial y nos solidarizamos con las pescadoras.

El trabajo de las mujeres en la pesca

El capitalismo sigue sin reconocer el trabajo de las mujeres. Así, al igual que en la acuicultura industrial, las pescadoras se enfrentan a obstáculos legales y sociales. Aunque las pescadoras trabajan muchas horas y aportan una gran parte de los ingresos de la familia del pescador, su trabajo sigue sin ser reconocido. Las pescadoras son percibidas como trabajadoras auxiliares. A diferencia de los pescadores con licencia, las pescadoras, cuyo trabajo no se reconoce[5], no pueden acceder al crédito institucional ni a las prestaciones de la seguridad social.

Incluso en los lugares donde se reconoce a las pescadoras, estas tampoco forman parte del proceso de elaboración de políticas, lo que limita su capacidad para impulsar cambios.

Cuadro  4  

Chile en venta: el avance de la industria salmonera

La dictadura de Pinochet abrió el camino para la industria salmonera en Chile. Hoy, el país es el segundo productor mundial de salmón industrial: se procesan millones de toneladas cada año y se exportan a las grandes economías. Se comercializa como alimento «sustentable», a pesar de la evidencia del uso intensivo de antibióticos y otros químicos, así como de la introducción de especies exóticas, responsables de la destrucción de ecosistemas lacustres, ríos y mares interiores.

El Estado permite concesiones en áreas protegidas en el sur de Chile sin respetar que éstas son parte de los Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) de la FAO. Marcela Ramos, integrante de la Asamblea de Mujeres Insulares por las Aguas (AMIPA), es defensora del territorio de Chiloé[6] donde la industria salmonera ha contaminado el agua por décadas. Ahora la industria crece a los salmones juveniles en lagos de agua dulce, los llevan a concesiones en áreas protegidas en Patagonia para que lleguen a la adultez, y luego los devuelven a Chiloé para ser procesados. Grupos como AMIPA busca visibilizar los conflictos y el mal cuidado del ambiente, y construye propuestas de soluciones para la comunidad.  

A parte de causar contaminación ambiental, la industria salmonera se ha tomado la vida de muchas personas que han trabajado en las condiciones laborales precarias que caracterizan a la industria: Entre 2003 y 2026 ha habido 93 fallecimientos. La Red Nacional de Mujeres de la Pesca Artesanal ha ayudado a exponer los peligros que enfrentan los trabajadores en esta industria, especialmente los buzos que limpian las redes de las piscinas de acuicultura.

En el 2010 el gobierno pasó la Ley de Privatización del Mar. Esta ley protege a la industria salmonera sobre la pesca artesanal, permitiendo a la industria privatizar las concesiones otorgadas por el estado, usándolas para solicitar créditos a la banca privada, resultando en la privatización de gran parte del mar. Todo esto genera conflictos entre la gente y el gobierno.

El Werkén (portavoz) Francisco Vera Millaquén vive en Pargua, a pocos metros de fábricas de alimento para salmones. La expansión de esta industria ha generado conflictos entre familias: quienes trabajan en ella no quieren perder su empleo, mientras otros defienden su tierra y su forma de vida como pescadoras y pescadores.

La comunidad del Werkén Francisco lleva años denunciando la corrupción y la influencia de la industria salmonera sobre las decisiones del Estado. Hoy, esto se refleja en los intentos de modificar la Ley Lafkenche[7], que protege los derechos de las comunidades costeras y su soberanía alimentaria.

Cuadro 5

La acuicultura industrial y la salud pública: un programa urgente de justicia socioambiental

La acuicultura industrial se promueve cada vez más como una solución a la inseguridad alimentaria mundial y como un componente clave de la «transformación azul». Sin embargo, su rápida expansión plantea importantes problemas de salud pública que aún no se han analizado lo suficiente.

El Movimiento por la Salud de los Pueblos defiende el derecho de todas las personas a una alimentación nutritiva, saludable y asequible, producida mediante medios de vida dignos y sistemas alimentarios que minimicen el daño a las personas, las comunidades y el medio ambiente. Esta perspectiva basada en derechos subraya la necesidad de evaluar la acuicultura no solo por su potencial de producción, sino también por sus repercusiones en la salud, la equidad y la sostenibilidad ecológica.

Los sistemas de acuicultura intensiva suelen recurrir a antibióticos, plaguicidas, desinfectantes y otros insumos químicos para maximizar la producción. Estas prácticas pueden exponer a las trabajadoras y trabajadores a sustancias peligrosas, contribuir a la contaminación de las masas de agua circundantes y dar lugar, potencialmente, a la presencia de residuos químicos en los productos alimenticios acuáticos. El uso rutinario de antibióticos también suscita preocupación por la resistencia a los antimicrobianos, uno de los principales retos para la salud pública mundial.

Las consideraciones de salud pública van más allá de la exposición a sustancias químicas. La acuicultura industrial puede contribuir al deterioro de la calidad del agua, a la pérdida de biodiversidad y a la sustitución de especies autóctonas, con implicaciones para la salud de los ecosistemas, la nutrición y la seguridad alimentaria. La expansión de la producción industrial también se ha asociado con el desplazamiento de comunidades pesqueras de pequeña escala y la erosión de los medios de vida tradicionales, lo que afecta a los determinantes sociales más amplios de la salud.

A pesar del rápido crecimiento del sector de la acuicultura intensiva, siguen existiendo importantes carencias en la investigación en materia de salud laboral, exposición de los consumidores, calidad nutricional, contaminación del medio ambiente y efectos acumulativos sobre la salud de estos sistemas.

Mientras los gobiernos e instituciones internacionales continúan promoviendo la expansión de la acuicultura, la investigación independiente e interdisciplinar debe ir a la par. Las evidencias en materia de salud pública deben servir de base para las políticas, junto con los objetivos de producción y económicos. Hacemos un llamamiento a los investigadores, los profesionales de la salud, los responsables políticos y los movimientos sociales para que colaboren en la creación de una base de evidencias más sólida y garanticen que los futuros sistemas alimentarios acuáticos promuevan la salud, la sostenibilidad medioambiental, los derechos humanos y la soberanía alimentaria.

Cuadro 6

Nyéléni, solidaridad y filantropía

El Proceso Nyéléni, una expresión internacionalista de los movimientos sociales surgió por necesidad. Lo mismo ocurrió con el nuevo marco de «Filantropía Solidaria» puesto en marcha el año pasado por Grassroots International junto con varios movimientos sociales globales. Este marco, o vía de acción, establece nuevos parámetros sobre cómo debe funcionar la filantropía para proteger la autonomía financiera de los movimientos sociales.

El 3er Foro Global Nyéléni sirvió de punto de partida para establecer la «Filantropía Solidaria» como una estrategia colectiva entre las personas del ámbito filantrópico y las organizaciones de base. Después de décadas trabajando de forma aislada, los aliados y aliadas vieron en el 3er Foro Global una oportunidad para afrontar juntos un reto clave para la sostenibilidad del Proceso Nyéléni: la influencia de la filantropía en los movimientos sociales y cómo ésta frenaba a las comunidades que supuestamente debían recibir apoyo de los financiadores.

Como modelo filantrópico, la Filantropía Solidaria aboga por:

Reflexionar sobre nuestra relación con la riqueza. Entender de dónde viene el dinero nos ayuda a comprender adónde debe ir.

Alinear la concesión de subvenciones con los objetivos de autonomía financiera de los movimientos. Las subvenciones deben ajustarse a las prioridades de los movimientos, y no al revés.

Ir más allá de la financiación para alcanzar una alianza profunda. Las relaciones deben basarse en el aprendizaje y la confianza. Los/las financiadores/as deben alzar la voz cuando los movimientos sean objeto de ataques.

Invertir en infraestructuras que sustenten a los movimientos. Las infraestructuras físicas, la justicia lingüística, las comunicaciones seguras, el cuidado colectivo y otros aspectos son esenciales para impulsar los movimientos sociales a largo plazo.

Organizar a las personas en el ámbito de la filantropía en sinergia con las prioridades de los movimientos sociales. La solidaridad se desarrolla a través de las relaciones y la acción compartida. Al igual que los pescadores y las pescadoras aprenden de las aguas que les sustentan, practicamos la solidaridad interactuando activamente entre nosotros y nosotras.

El proceso organizativo que está detrás de este modelo busca cuestionar la institución de la filantropía. La riqueza acumulada en manos de unos pocos debe volver a las comunidades de las que procede. El 3er Foro Global Nyéléni fue una oportunidad para que los movimientos y las entidades financiadoras aliadas construyeran juntos una praxis compartida basada en la solidaridad y el internacionalismo.


[1] Fakhri, M. (2024). La pesca y el derecho a la alimentación en el contexto del cambio climático – Informe del Relator Especial sobre el derecho a la alimentación.

[2] FAO. Roma. 2026. El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2026 –Transformación azul: de la visión a la repercusión.

[3] Scholtens, J., Karuppiah, S., & Jyotishi, A. (2020).(en inglés) A Twisted Trajectory. Samudra Report, 83, 38-42.

[4] Lauren A. Shea et al. (en inglés) Spatial distribution of fishmeal and fish oil factories around the globe.

[5] En la economía pesquera, las mujeres trabajan 17 horas al día y aportan el 48 % de los ingresos de las familias pescadoras. Video.

[6] Chiloé es el nombre de un archipiélago y de su isla más grande.

[7] Aprobada en 2008 tras diez años de trabajo colectivo, la ley reconoce y protege los derechos de los pueblos originarios sobre sus espacios costeros tradicionales mediante la creación de los Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO).

Destacados

Destacados 1

Acuicultura centrada en la comunidad: apoyando a las personas, los alimentos y los ecosistemas

La acuicultura (a veces llamada «cría de marisco» o «piscicultura») es un sistema de gestión de plantas y animales acuáticos en zonas costeras. Durante milenios se han practicado muchos tipos de acuicultura, generados históricamente a través de observaciones del terreno y el agua de cada lugar. Cuando se lleva a cabo de forma ecológicamente responsable, la acuicultura puede ser una base potente para las comunidades, las economías y los sistemas alimentarios locales.

Una práctica acuícola responsable se rige por varios principios que garantizan una buena relación con el medio ambiente y con las comunidades locales. Entre ellos se incluye que una explotación funcione a una escala adecuada para la especie en cuestión y en el contexto de la ecología local. Una escala adecuada también permite un acceso amplio de la comunidad. Asimismo, la comunidad debe ser propietaria y gestora de la explotación, para que los beneficios de la bonanza permanezcan, en su mayoría, en la comunidad. Ser parte de la comunidad también implica no competir por el espacio o los recursos con otras personas recolectoras, agricultoras y pescadoras locales. Estas prácticas también deben reflejar el hecho de que las aguas son un recurso público y su gestión continuada debe basarse en sistemas de gobernanza participativa.

Todavía existen algunos casos de acuicultura sostenible en la actualidad. Son prácticas que se llevan a cabo a una escala adecuada, gestionadas y operadas por personas integradas en la comunidad, realizadas en armonía con las poblaciones piscícolas salvajes y que reafirman que las aguas son un recurso público compartido. Una forma tradicional de acuicultura que se ha practicado en todo el mundo es la creación de trampas para peces, que suelen ser de piedra y/o madera, en las zonas intermareales. Cada comunidad tiene sus propias tradiciones y estructuras únicas, pero muchas de estas prácticas han existido desde hace miles de años.

Uno de los ejemplos de acuicultura ecológicamente responsable son los viveros de almejas del noroeste del Pacífico en la isla de la Tortuga (América del Norte), que han administrado diferentes pueblos indígenas, entre ellos los tlingit, haida, heiltsuk, kwakwaka’wakw, nuu-chah-nulth y naciones Salish de las costas del norte, centro y sur, entre otros[1]. Estos viveros son gestionados de modo responsable en cuanto a su escala y a la ecología, pero su sistema de propiedad es complejo, sobre todo debido a las imposiciones derivadas de la historia colonial. Muchos de estos viveros atraviesan líneas de demarcación, entre aguas estatales, terrenos de parques nacionales federales, fronteras entre países y otras situaciones. Estas comunidades tienen que hacer frente a sistemas increíblemente complejos para mantener estos viveros en sus ubicaciones históricas, y los pueblos de las aguas siguen luchando por el reconocimiento de su modo de vida ancestral, en tierra y en los océanos, ríos y manglares, a lo largo de todos los medios acuáticos de todas las regiones del mundo.

Destacados 2

El crecimiento del control corporativo en la acuicultura industrial

Entre los años 60 y 80, los programas de la «revolución verde» en agricultura sustituyeron cientos de miles de variedades campesinas por unas pocas de alto rendimiento. Estos cultivos provocaron brotes masivos de enfermedades y plagas, creándose una dependencia de las semillas, los fertilizantes y los plaguicidas de las corporaciones. Una «revolución» genética similar se está extendiendo rápidamente por la acuicultura.

La expansión de las explotaciones industriales de especies marinas con un enorme valor comercial está causando un daño medioambiental masivo y socavando la pesca y la acuicultura tradicionales. Estas explotaciones dependen de nuevas variedades que están cada vez más controladas por empresas con intereses en los piensos y el ganado.

Las mega-salmoneras situadas en las costas de Noruega, Chile, Canadá, Escocia y Australia, por ejemplo, utilizan salmón procedente de un programa público de cría noruego. El programa se basó en docenas de poblaciones de salmón obtenidas en ríos para criar peces de crecimiento rápido y dóciles. Con el salmón de alto rendimiento y genéticamente uniforme, la producción explotó, pero las salmoneras propagaron enfermedades y parásitos con repercusiones catastróficas para el salmón salvaje. Además, estos peces requieren enormes cantidades de pienso elaborado a partir de peces salvajes capturados en África Occidental y otras costas, lo cual repercute gravemente en los ecosistemas y la seguridad alimentaria de esas regiones. En la actualidad, la cría y el cultivo del salmón están dominados por unas pocas empresas, y el programa público de cría de Noruega es propiedad de una empresa alemana de genética ganadera, el Grupo EW.

Las corporaciones también dominan el mercado de la genética del camarón en Asia, donde la cría industrial se basa en variedades uniformes y de alto rendimiento, criadas en estanques cerrados con alta densidad y grandes cantidades de pienso. Estas granjas de camarones son muy vulnerables a las enfermedades y, por lo tanto, requieren semilla[2] certificada como libre de patógenos. Solo unas pocas empresas del sector ganadero controlan este mercado de semilla libre de patógenos. Por ejemplo, Hendrix Genetics, de los Países Bajos, y la tailandesa Charoen Pokphand (CP) comparten el monopolio en Sri Lanka, donde CP también domina el mercado de los piensos. Estas mismas dos empresas controlan alrededor del 90 % del mercado en Indonesia. En China, dos fabricantes de piensos para animales, Haid Group y Evergreen, son los actores dominantes en el mercado de semilla de camarón y se están expandiendo rápidamente en el extranjero.

Ecuador, primer exportador mundial de camarones, presenta una situación diferente. Grandes empresas producen camarones en sistemas abiertos de baja densidad. Para garantizar la resistencia a las enfermedades, se exponen grandes poblaciones de camarones a agentes patógenos y se seleccionan los que sobreviven para el siguiente ciclo de producción. La selección de camarones se ha vuelto más intensiva y tecnificada con el paso de los años, y existen algunas empresas especializadas en la cría, aunque en Ecuador los centros de cría siguen estando en manos principalmente de las grandes empresas camaroneras para sus propias granjas.

La acuicultura industrial es un sector joven en comparación con la agricultura y la ganadería industriales, pero sigue la misma lógica del capitalismo —crecer para no ser «devorado» por las empresas más grandes— y el control sobre los genes es la nueva frontera en este negocio de miles de millones de dólares.


[1] Pacific Sea Garden Collective (2022). Jardines marinos a través del Pacífico: reavivando innovaciones ancestrales de maricultura. Disponible en inglés. Versión 1. Washington Sea Grant de la Universidad de Washington.

[2] Camarones jóvenes (postlarvas) usados para dotar los estanques de cría.

Boletín núm. 65 – Éditorial

A contracorriente de la acuicultura industrial

En un momento en el que gobiernos y empresas están presentando progresivamente la acuicultura como la solución a las crisis alimentaria, económica y climática, merece la pena preguntarse si alguno de estos discursos se sostiene. La investigación muestra que el cultivo de camarones y salmones roba más comida a las personas pobres de la que aporta a un plato cualquiera. Los volúmenes de soja en régimen de monocultivo y de pesca de especies salvajes que se transforman en pienso para peces son astronómicos. El impacto climático de una acuicultura con una cadena de valor tan globalizada es casi imposible de evaluar. Con todo, Global Seafood Alliance destaca que «la acuicultura está en una posición única, no solo para resistir las repercusiones del cambio climático, sino incluso para ayudar a mitigar sus efectos». Aunque según un estudio científico, la huella climática del camarón de criadero es comparable, por kilogramo de producto, a la de la carne de vacuno. Un reciente informe de la ONU sobre pesca y acuicultura (SOFIA, Estado Mundial de la pesca y la acuicultura 2026) afirma que la acuicultura «contribuye en gran medida al desarrollo económico», citando un valor sectorial estimado de 391 000 millones de dólares estadounidenses. Sin embargo, el informe omite el hecho de que un pequeño número de empresas acaparan los beneficios y millones de personas ven desaparecer su base económica al ser desposeídos de sus territorios o por la grave contaminación medioambiental.

En respuesta a los estragos provocados por la acuicultura industrial y su amenaza a la soberanía alimentaria, el Foro Global Nyéléni 2025 decidió lanzar una campaña mundial para rechazar el control corporativo, el avance de la destrucción provocada por esta industria y la privatización de los océanos y las zonas costeras. Esta edición del boletín Nyéléni recoge parte del trabajo de la campaña.

Grupo ETC, FIAN, GRAIN, TNI, WFFP

Voces desde el campo

Voces desde el campo  1

Desalojos de pastores en Tanzania

Edward Porokwa, Foro de Organizaciones No Gubernamentales Indígenas de Pastores (Foro PINGO por sus siglas en inglés), Tanzania

Los pastores de las comunidades masái padecen desalojos, amenazas y violaciones de sus derechos. A continuación se exponen algunos ejemplos.

En 2022, la creación de la Reserva de Caza de Pololeti supuso la transformación de 1 500 km² de tierras comunales legalmente reconocidas en un espacio de conservación de acceso restringido. El Estado también puso en marcha una estrategia sistemática de «empobrecimiento mediante sanciones» para despojar a la comunidad de su único capital: el ganado. Los pastores tuvieron que pagar para recuperar el ganado en subastas tras la incautación de los animales por pastar en áreas protegidas. Una situación similar se produjo en torno a la Reserva Forestal de Losimingori, donde se restringió el acceso de los pastores a las zonas de pastoreo y a los recursos forestales.

En los alrededores del Aeropuerto Internacional del Kilimanjaro se produjo otra grave vulneración, en la que más de 20 000 residentes perdieron sus hogares, depósitos de recogida de agua de lluvia y escuelas, y se vieron obligados a aceptar una «indemnización» ínfima. Actualmente hay lugares sagrados, como Endonyo Olmorwak, y servicios sociales tras las vallas del aeropuerto.

Esta situación continúa. Un mínimo de 15 nuevas zonas han sido propuestas como reservas de caza, lo que limita el acceso a las zonas de pastoreo y asentamiento. Además, según un estudio del Foro PINGO, el proyecto del oleoducto de crudo de África Oriental careció de procesos completos de consulta y de compensación y ya ha tenido repercusiones negativas. Las aldeas masái también están en el punto de mira de proyectos de créditos de carbono del suelo, que restringen el uso de la tierra para el pastoreo y la movilidad. En 2025, las organizaciones de la sociedad civil indígena pidieron una moratoria de estos proyectos, pero los promotores continuaron presionando a las comunidades y a los líderes de distrito para que firmaran acuerdos.

Estas prácticas de aplicación actuales y futuras no hacen sino aumentar la vulnerabilidad, la dependencia y la inseguridad a largo plazo de las comunidades pastorales.

Voces desde el campo  2

Código Pastoral en Chad

Hindou Oumarou Ibrahim, Association des Femmes Peules et Peuples Autochtones du Chad (Asociación de Mujeres y Pueblos Indígenas de Chad) – AFPAT, Chad – WAMIP África Central

Chad está entre los países que han adoptado un Código Pastoral. El Código se aprobó en 2015, pero muchos miembros de la sociedad no lo consideraban adecuado, por lo que fue rechazado. Actualmente, el código se está debatiendo de nuevo, pero el ministerio de ganadería del país tiene una visión diferente con respecto a los pastores, los pueblos nómadas y el pastoreo.

A pesar de ello, en Chad hay buenas prácticas en materia de pastoreo. Es el único país de África que cuenta con una educación especial para los niños nómadas. Este sistema educativo se basó en un estudio realizado en 2010 gracias a la colaboración entre expertos de las comunidades pastorales, el ministerio de educación y el ministerio de ganadería.

Chad también posee un sistema de atención sanitaria específico para los pastores y pastoras, que incluye la atención tanto al ganado como a las personas. Ambos aspectos se combinan en el sistema sanitario para garantizar que se tengan en cuenta las necesidades de las comunidades.

La AFPAT ha puesto en marcha otra iniciativa importante. Combinando los conocimientos de los pueblos indígenas de las comunidades nómadas y seminómadas con los conocimientos científicos, hemos creado mapas participativos que ayudan a delimitar y establecer los derechos sobre la tierra, así como a gestionar y compartir los recursos naturales. Más de 600 líderes comunitarios participaron en esta iniciativa y logramos proteger más de 500 000 hectáreas, incluyendo aldeas, medios de vida nómadas y otras zonas como las islas que rodean el lago Chad. La cartografía participativa también nos sirvió para reconocer y garantizar derechos sobre la tierra a las mujeres, desarrollar actividades generadoras de ingresos y reducir los conflictos entre agricultores y pastores.

Voces desde el campo  3

Tierra y minería: nuevas luchas de los pastores y pastoras de Mongolia

Ariell Ahearn, Steps without Borders (Estepas sin fronteras), Mongolia

Para miles de familias de Mongolia, el pastoreo nómada es una estrategia de subsistencia fundamental. Sin embargo, el desarrollo de la minería en muchas partes del país está teniendo graves repercusiones negativas para los pastores y pastoras.

En la provincia de Dundgovi, una pastora nos contó su historia. Nació y creció en un lugar llamado Gurvanbulgiin Khets, a unos 50-60 kilómetros de donde vive actualmente con su familia. Aprendió todo de su madre, luego se casó con un vecino y formó su propio hogar. En su comunidad, el sustento dependía del ganado: «Para vivir bien debemos confiar en las bendiciones del ganado y de la tierra. Si un pastor trabaja duro, la vida brilla más, y el ganado ofrece más beneficios a cambio. La vida de una persona resplandece sobre los demás cuando trabaja y contribuye a la comunidad». Ella enseñó a sus hijos y nietos de la misma manera, y nos dijo que ellos quieren volver y hacerse cargo del sustento familiar, «pero las empresas mineras nos están rodeando y cercando los pastos».

Desde que llegaron las empresas mineras, ha notado que el agua potable escasea, el clima se ha vuelto más seco y la tierra ha sido removida. El ganado sufre cuando se ve obligado a abandonar sus zonas de pastoreo: «Corren lágrimas por sus ojos y huyen. Cuando regresan al que fue su pastizal, se revuelcan; incluso el ganado echa de menos su tierra natal». Los pastores también sufren amenazas, acoso en Internet e intimidación si se atreven a alzar la voz contra la industria minera.

Su modo de vida tradicional está desapareciendo: los animales ya no pueden pastar libremente y han aumentado las enfermedades —principalmente problemas pulmonares—. «Realmente no sabemos qué tipo de daño a largo plazo puede causar a las generaciones futuras o a la descendencia de los animales», nos dijo con tristeza. Ella también tuvo que migrar con su ganado, desplazándose más de mil kilómetros de provincia en provincia hasta que encontraron un lugar donde quedarse.

La cultura nómada también se ha visto afectada, pero las familias luchan por mantenerla viva: «Aunque esté lejos, seguimos intentando volver y celebrar los rituales. Si es una montaña sagrada, intentamos visitarla y rendirle homenaje, y luego nos marchamos de nuevo. Para los pastores mongoles, preservar este estilo de vida nómada es vital. Dudo que la agricultura al estilo occidental vaya a funcionar en Mongolia».

Voces desde el campo  4

Iniciativas de gestión de conflictos en Camerún

Ali Ali Shatou, pastores mbororo (Camerún), Asociación para el Desarrollo Social y Cultural de los Mbororo (MBOSCUDA), WAMIP África Central

Los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y otros socios han desarrollado diversas iniciativas para abordar los conflictos agropastorales y fortalecer la gobernanza pastoral.

La Asociación para el Desarrollo Social y Cultural de los Mbororo (MBOSCUDA) estableció plataformas de diálogo comunitario para facilitar la comunicación entre agricultores, pastores, líderes tradicionales y autoridades locales. Estas plataformas han reducido las tensiones, han promovido la coexistencia pacífica y han resuelto conflictos sobre el uso de la tierra.

Otra iniciativa importante es la «Transhumancia Pacífica y Desarrollo de la Economía Pastoral en la Región del Lago Chad», que abarca varios países de la región, incluido Camerún. Esta iniciativa persigue fortalecer los mecanismos de diálogo comunitario y mejorar la cooperación para la movilidad pastoral transfronteriza.

Un marco normativo de gran importancia es la Declaración de N’Djamena sobre la trashumancia de 2019, firmada por los gobiernos de África Central y Occidental. La declaración insta a proteger las rutas de trashumancia, promover una gestión sostenible, mejorar la coordinación entre las autoridades de seguridad y medioambientales, y reforzar los mecanismos de prevención de conflictos entre pastores y agricultores.

Sin embargo, la participación de las mujeres sigue siendo limitada en los debates y los procesos de toma de decisiones. Incluso cuando las mujeres están presentes, las normas culturales y las dinámicas de poder de género a menudo les impiden contribuir al diálogo. Así pues, otras intervenciones buscan fortalecer los medios de vida de los pastores y pastoras y reducir la vulnerabilidad económica, especialmente entre las mujeres. MBOSCUDA apoya a las mujeres en la integración de la producción de pequeños rumiantes con prácticas agrícolas agroecológicas, incluyendo cultivos y huertos domésticos. Otros proyectos promueven la creación de valor añadido, el desarrollo del espíritu empresarial y la educación financiera.

Voces desde el campo  5

Encuentro de mujeres pastoras de Asia – MERA+15

Megha Sheth, Alianza Pastoral del Sur de Asia (India) y WAMIP Sur de Asia

En diciembre del año pasado, más de 350 pastoras de nueve países asiáticos se reunieron en Gujarat, India, en el evento «Rising Recognition», que conmemoraba los 15 años de la Declaración MERA, que surgió como resultado de la primera reunión mundial de mujeres pastoras celebrada en 2010.

Este encuentro regional fue una celebración de las mujeres pastoras como líderes económicas, guardianas de la biodiversidad y depositarias del conocimiento. Durante nuestra reunión de tres días, revisamos la Declaración MERA mediante profundos debates regionales y subregionales. La participación, la solidaridad y el apoyo nos permiten recuperar colectivamente el espacio, la memoria y la voz, especialmente ahora que coinciden el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores (AIPP) y el Año Internacional de la Agricultora (IYWF por sus siglas en inglés). Surgieron cinco temas: 1) el reconocimiento, la dignidad y la protección de las pastoras; 2) la defensa de la movilidad, las tierras de pastoreo y la seguridad; 3) el reconocimiento del papel de las mujeres como guardianas del medio ambiente; 4) el acceso a la justicia social y económica; 5) el fortalecimiento de nuestra gobernanza, representación y liderazgo.

Tras el evento, regresamos a nuestras comunidades y continuamos estos diálogos, compartiendo, perfeccionando y fortaleciendo nuestras perspectivas. Finalmente, adoptamos la Declaración de las Pastoras de Asia: MERA+15, que reafirma que nuestra experiencia debe determinar la gobernanza de la tierra, el clima y el medio ambiente a todos los niveles.

Nuestra esperanza es seguir caminando juntas hacia el AIPP2026 y más allá, asegurándonos de que nuestras voces sean escuchadas y valoradas. Reivindicamos derechos sobre nuestras vidas, nuestro sustento y nuestro territorio, porque esa es nuestra forma de vida.

Créditos: Grupo de Acción Rural Maldhari (MARAG), Alianza Pastoral del Sur de Asia y WAMIP

Voces desde el campo  6

Científicos en apoyo del pastoreo

Carlos Bolomey, Departamento de Historia y Geografía, Universidad de Tarapacá, Chile / Colectivo de Académicos-Activistas Agrarios del Sur (CASAS por sus siglas en inglés)

El pastoreo merece que la ciencia se comprometa con las luchas de los pastores y pastoras. En los lugares donde se pastorea, los científicos que analizan estas realidades deben tratar de identificar las brechas que limitan a estas comunidades y les impiden desarrollar su potencial. Al mismo tiempo, los/las científicos que participan en la formación de profesionales y en la docencia cursos de grado y posgrado relacionados con el desarrollo rural y la ciencia veterinaria, deben utilizar su influencia en sus instituciones para abogar por la inclusión de las cosmovisiones de los pastores y pastoras. Por ejemplo, esto puede hacerse a través de enfoques etno-veterinarios, la sociología rural o cualquier disciplina que dote a los/las profesionales de la empatía y la sensibilidad necesarias para trabajar en estos entornos. De este modo, serán menos propensos a reproducir prácticas asociadas a la revolución ganadera[1], que tienen poco sentido en contextos pastorales.

Los científicos/as que trabajan con comunidades pastorales deben reconocer y valorar su patrimonio, y a la vez dar la voz de alarma cada vez que la producción ganadera intensiva coopta e instrumentaliza los conocimientos y prácticas pastorales. Esto es especialmente pertinente cuando las empresas ganaderas industriales utilizan etiquetas como «cría en libertad» o «alimentado con pasto» para publicitar métodos de producción que siguen siendo perjudiciales para el medio ambiente y la sociedad.

Teniendo en cuenta que las instituciones suelen comprender mal a estas comunidades, la planificación puede pasarlas por alto, dejando a los territorios pastorales vulnerables frente al acaparamiento de tierras para parques con fines de conservación, minería o proyectos de energía renovable. En este sentido, los/las científicos/as que establecen alianzas con las comunidades pastorales deben abordar directamente estas amenazas y adoptar enfoques basados en los derechos, difundiendo instrumentos como la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (UNDROP por sus siglas en inglés), el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) o las leyes nacionales de protección de los medios de vida pastorales.

El trabajo científico en los territorios pastorales debe mantenerse en sintonía con las necesidades, preocupaciones y reivindicaciones expresadas por los propios pastores. La ciencia tiene la capacidad de informar el debate público y crear conciencia sobre cuestiones controvertidas que, a primera vista, pueden parecer iniciativas medioambientales o de desarrollo. Entre ellas se incluyen, por ejemplo, la protección legal de la fauna depredadora salvaje sin tener en cuenta los medios de vida de los pastores y pastoras, la creación de parques con fines de conservación que restringen el uso consuetudinario de la tierra o los esfuerzos de sedentarización. En otras palabras, no debe fomentarse la ciencia extractivista que solo busca publicar resultados académicos sin poner en primer plano las preocupaciones de los pastores y pastoras. La investigación-acción participativa se perfila como una forma viable de abordar esta preocupación, ya que busca fomentar el empoderamiento de los actores locales y producir conocimiento socialmente significativo. Mientras tanto, la ciencia debe seguir reflexionando sobre sus propias prácticas. Esto podría incluir un acercamiento a las comunidades pastorales a través de marcos transdisciplinares que valoren la «experiencia científica» y el conocimiento local de los pastores y pastoras en igualdad de condiciones.


[1] La «revolución ganadera» describe tanto el rápido aumento de la demanda de alimentos de origen animal en el Sur Global como la transición de los sistemas de producción ganadera desde modelos de pequeñas explotaciones y de uso múltiple hacia una producción industrial especializada, intensiva y geográficamente concentrada.

Cuadros

Cuadro 1

Una nueva narrativa para el pastoreo

Las políticas y los debates actuales en relación con el pastoreo están plagados de mitos e ideas equivocadas. Estas se refieren tanto a los debates sobre la gestión medioambiental en África como a la reforma de la Política Agrícola Común europea en el Reino Unido y, de manera más general, en toda Europa. Una nueva narrativa nos ayudaría a comprender mejor quiénes son los pastores y pastoras, dónde y cómo viven, y cuáles son sus necesidades.

El programa PASTRES (Pastoreo, Incertidumbre y Resiliencia) ha trabajado para crear una nueva narrativa sobre el pastoreo, identificando los principios fundamentales en los que se basa su éxito. Esta narrativa resalta la importancia de la movilidad flexible en la adaptación ante la variabilidad y los cambios medioambientales. Además, los sistemas ganaderos extensivos y móviles no tienen por qué ser perjudiciales para el medio ambiente y constituyen una fuente esencial de proteínas y nutrientes. Los pastores están muy comprometidos con los mercados locales, arraigados y en red. Sus sistemas locales de alerta temprana y prevención de desastres son extremadamente fiables, pero necesitan apoyo. Por último, el pastoreo no acrecienta los conflictos, más bien es el abandono prolongado de las zonas de pastoreo el que los genera.

Por lo tanto, podemos definir el pastoreo como moderno, móvil y productivo, y como un «activo para el mundo»; los pastores pueden definirse como «profesionales de la fiabilidad» que forman parte de una «infraestructura crítica» mundial de sistemas pastorales.

Para más información, consulte el programa PASTRES. Este artículo está basado en este contenido.

Cuadro 2

Pastores y cambio climático

El ganado es una fuente importante de gases de efecto invernadero y, por consiguiente, de cambio climático. Sin embargo, no todos los sistemas ganaderos son iguales. La investigación de PASTRES distingue entre sistemas industriales y sistemas móviles extensivos, como el pastoreo. Si no se hace esta distinción, se acusa injustamente a los pastores y pastoras de la destrucción del medio ambiente, lo que distorsiona el debate político y da lugar a injusticias.

El pastoreo puede ser un sistema de bajo impacto e incluso contribuir a la captura de carbono. Los pastores y pastoras generan productos animales de bajo impacto medioambiental para millones de personas, utilizando pastizales extensivos que no pueden destinarse a otra producción alimentaria sin una inversión importante.

La variabilidad es un factor clave para el sustento de los pastores y pastoras, con el que conviven y del que viven; no obstante, el cambio climático les afecta. Demasiado a menudo los programas de resiliencia afirman que los pastores deberían buscar medios de vida alternativos, «diversificados». Sin embargo, esos programas implican normalmente intervenciones externas, modelización y seguimiento de riesgos, y sistemas de alerta temprana que rara vez funcionan. La información generada no se utiliza, no son sistemas de confianza, están mal orientados y las intervenciones propuestas no refuerzan las habilidades propias de los pastores y pastoras para responder a las crisis y las tensiones.

Con todo, en el contexto del cambio climático hacen falta inversiones importantes para apoyar a los pastores. El enfoque que debería aplicarse es de resiliencia procesual, que incorpore los medios de vida flexibles y móviles y que esté alineado con las estrategias de fortalecimiento de la resiliencia de los propios pastores. Este enfoque requiere aprovechar las redes, las relaciones y el tejido social en los que se basa el pastoreo, así como tener en cuenta las prácticas de los profesionales locales de la fiabilidad. De esta manera, la resiliencia surge de la reconfiguración continua de las relaciones, tanto humanas como no humanas, y entre las personas, el trabajo, los pastizales, las manadas y los rebaños.

Para más información ver el proyecto PASTRES. Este artículo se basa en este contenido.

Destacados

La vía hacia los derechos de los pastores y las pastoras

En el contexto de crisis mundiales múltiples, el pastoreo se está viendo afectado por las tensiones derivadas de los cambios medioambientales, del acaparamiento de tierras y de los sistemas agroalimentarios. La promoción, salvaguarda e incidencia para la protección de derechos es una condición necesaria (aunque no suficiente) para garantizar la sostenibilidad de las familias pastoras en todo el mundo. Con este fin, durante las últimas décadas, las organizaciones de personas pastoras y sus aliados han dado una mayor visibilidad al pastoreo en diversos foros mundiales.

En la larga lucha por los derechos de los pastores y pastoras surgieron dos instrumentos internacionales para la protección de la población rural, incluidos los pastores y pastoras. El primero es la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (DNUDPI), adoptada en 2007. Se trata de un instrumento jurídico clave para proteger los elementos fundamentales de la gobernanza del pastoreo, entre ellos el territorio, la identidad colectiva y las instituciones consuetudinarias, el liderazgo y la legislación, en la medida en que los pastores y pastoras se consideren a sí mismos/as como pueblos indígenas. La DNUDPI también incluye «el derecho a las garantías procesales», que establece procedimientos especiales de participación y consulta ante la ejecución de proyectos a gran escala que puedan afectar a las tierras y territorios de los pueblos indígenas. El objetivo es garantizar la autodeterminación en el ámbito de los programas de desarrollo.

El segundo instrumento es la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales (UNDROP por sus siglas en inglés), que fue adoptada en 2018. La UNDROP es actualmente el único instrumento de derecho internacional que cubre de modo explícito casi todas las definiciones de pastoreo. Exhorta a los Estados a que respeten, protejan y hagan efectivos los derechos y el ejercicio de estos derechos, sin ningún tipo de discriminación, y adopten todas las medidas necesarias para garantizar que los actores no estatales respeten estos derechos. La declaración también garantiza el derecho de los pastores y pastoras móviles a la tierra, los territorios y otros recursos naturales, así como a su gestión. Para la UNDROP, la integridad medioambiental no es solo una condición general, sino un prerrequisito fundamental para el ejercicio de todos los demás derechos. Los Estados deberán adoptar las medidas adecuadas para la promoción y protección del conocimiento, las innovaciones y las prácticas tradicionales que sean pertinentes para la conservación y el uso sostenible de los recursos naturales. Además, la UNDROP reconoce los sistemas de tenencia consuetudinarios y protege a los pastores y pastoras frente al desplazamiento y el desalojo arbitrarios, garantizando su derecho a las tierras de pastoreo y a las rutas de migración tradicionales. En cuanto a las rutas de migración, la UNDROP establece la libertad de circulación, así como la obligación del Estado de facilitar la movilidad y abordar las cuestiones de tenencia transfronteriza. Otra cuestión importante que trata es el derecho a la alimentación y a la soberanía alimentaria, incluyendo la participación en los procesos de toma de decisiones pertinentes sobre políticas alimentarias. Por último, este instrumento incluye el derecho a acceder a la educación, la participación, la asociación, la información y la justicia, especialmente para las mujeres.

La UNDROP es una herramienta jurídica y política que los pastores y pastoras móviles pueden utilizar para reforzar su protección y visibilidad. Reconocer estos derechos también es importante para diseñar estrategias concretas de incidencia con el fin de lograr una aplicación efectiva.

El Foro Nyéléni celebrado en Kandy, Sri Lanka, en 2025, ha sido otro hito reciente en el reconocimiento de los pastores y pastoras. Aunque desde 2007 el discurso sobre la soberanía alimentaria ha incluido a los pastores y pastoras en alianzas, junto con otros grupos, como campesinos, agricultores familiares y pescadores, no se han comprometido plenamente con ellos. El año pasado, más de 700 participantes de todo el mundo se reunieron en Kandy para elaborar una Agenda Común de Acción Política (ACAP). Como consecuencia de las consultas y los esfuerzos de presión de la Alianza Mundial de Pueblos Indígenas y Pastores Móviles (WAMIP), las perspectivas de los pastores fueron incorporadas a las secciones 3 y 4 de la ACAP, así como a la Declaración Final. La Declaración de Kandy orienta las luchas por la soberanía alimentaria, la salud, una economía social y solidaria, la justicia climática y de género, y los derechos de los pueblos. Reconoce a los pastores y pastoras como guardianes y defensores de los bienes comunes, la flora y la fauna silvestres, y aboga por el fortalecimiento de sus derechos y movimientos a nivel mundial para hacer frente a la impunidad y el poder de las empresas transnacionales y otros actores explotadores.

El Foro Nyéléni proporcionó un espacio de colaboración en el que desarrollar elementos clave del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores (AIPP) en 2026, incluyendo el Plan de Acción Global, actividades a escala regional y mundial y estrategias y mensajes de comunicación. El objetivo de la celebración del AIPP es sensibilizar al público sobre el valor social de los pastizales y los pastores y pastoras, promover el conocimiento y la innovación de los pastores y pastoras y fomentar la formación de coaliciones. El AIPP también persigue promover políticas y legislación en apoyo del uso sostenible de los pastizales y los medios de vida de los pastores y pastoras. Con este fin, a lo largo del año se han celebrado reuniones regionales y específicas (por ejemplo, de mujeres y jóvenes) con el fin de elaborar propuestas y líneas de acción futuras.

Tras la conclusión de estos procesos regionales, en agosto tendrá lugar en Mongolia el Encuentro y Conferencia Mundial de Pastores, que reunirá a unos 300 delegados de organizaciones de pastores y pastoras de 102 países. Durante el Encuentro Mundial de Pastores y Pastoras se validarán los resultados regionales y se elevarán al plano de política mundial. El acto también va a generar la «Declaración de apoyo a la acción conjunta» por parte de organizaciones de la sociedad civil, científicos y gobiernos. Esta declaración incluirá compromisos en materia de políticas, investigación, financiación, desarrollo de capacidades y asistencia a escala nacional y regional. Los documentos finales se presentarán en la 17.ª Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP 17 de la CNULD), junto con otros actos organizados para promover el diálogo con las partes y los socios y para movilizar compromisos para acciones de seguimiento.

Los avances en el reconocimiento y la promoción de los derechos de los pastores y pastoras han sido graduales y sostenidos a lo largo del tiempo, y es necesario impulsar continuamente nuevos avances.

Boletín núm. 64 – Éditorial

El pastoreo en la encrucijada: entre luchas y reconocimiento

Los ecosistemas pastorales se encuentran en zonas cuyas condiciones agroecológicas son las más extremas del planeta. En ellas, desde tiempos inmemoriales, las comunidades pastorales han adaptado la cría de ganado a los ciclos de la naturaleza, produciendo alimentos, custodiando la biodiversidad y manteniendo la vida donde solo ellos pueden hacerlo.

Hoy en día, el cambio climático y la agudización de las crisis medioambientales están dificultando cada vez más la vida y la producción en estos territorios. Al mismo tiempo, las comunidades pastorales se enfrentan a una violencia, expropiación y desplazamiento cada vez mayores, impulsados por el acaparamiento de tierras, los proyectos extractivistas, la expansión de las infraestructuras, la agricultura industrial e incluso los planes de conservación impuestos sin consentimiento libre, previo e informado.

Ante esto, las organizaciones de personas pastoras de todo el mundo están forjando alianzas potentes, reclamando el control colectivo sobre las tierras y los bienes comunes, desarrollando estrategias innovadoras y estableciendo colaboraciones científicas que se centran en los conocimientos locales y ancestrales—en lugar de borrarlos. Conjuntamente, las comunidades y sus aliados están reuniendo pruebas para hacer frente a las empresas que saquean los recursos comunitarios y exigir políticas vinculantes y derechos para la protección de los pueblos y los territorios pastores.

En este contexto, la declaración de 2026 como Año Internacional de los Pastizales y los Pastores supone un importante reconocimiento del papel crucial que desempeñan los ecosistemas y las comunidades pastorales en el mantenimiento de la vida en el planeta. Este año suponer más que el mero reconocimiento. Debe convertirse en un punto de inflexión político: el momento de hacer frente a las injusticias actuales, hacer realidad derechos negados durante mucho tiempo y amplificar las luchas, el conocimiento y el poder transformador que surgen de las comunidades pastorales de todo el mundo.

Alianza Mundial de Pueblos Indígenas Móviles y Pastores (WAMIP por sus siglas en inglés)

Voces desde el campo

Voces desde el campo 1

Zainal Arifin Fuat, Serikat Petani, Indonesia

Las tensiones geopolíticas y geoeconómicas actuales están redefiniendo las relaciones comerciales y los sistemas alimentarios en todo el sudeste asiático. La política comercial e utilizada cada vez más por las economías poderosas como una herramienta estratégica, presionando a los países de la región para abrir mercados y ajustar normativas internas. Las políticas arancelarias recíprocas estadounidenses afectan a Indonesia, Vietnam, Tailandia y Malasia, al instar a estos países a negociar concesiones para mantener el acceso a los mercados de exportación. Estos hechos tienen importantes implicaciones para la agricultura y los medios de vida rurales, en particular para las personas productoras de alimentos a pequeña escala, que se enfrentan a precios volátiles y a un acceso desigual al mercado.

El Acuerdo sobre intercambios comerciales recíprocos (ART por sus siglas en inglés) de Indonesia y Estados Unidos ilustra la naturaleza asimétrica de los acuerdos comerciales emergentes. Se prevé que Indonesia aumente las importaciones de productos agrícolas estadounidenses como la soja, el trigo y la carne de vacuno, mientras que las exportaciones indonesias siguen estando sujetas a aranceles y a disposiciones comerciales cambiantes que favorecerían a Estados Unidos pero sin garantías equivalentes para Indonesia. El acuerdo también obliga a Indonesia a alinearse con determinadas restricciones comerciales de Estados Unidos hacia otros países, lo que suscita preocupación en términos de soberanía estatal y alimentaria.

En todo el sudeste asiático, las presiones arancelarias recíprocas y la liberalización comercial intensificarán la competencia de las importaciones que sufren las personas productoras de alimentos a pequeña escala, hundirán los precios a pie de granja y debilitarán los sistemas alimentarios locales. Estas dinámicas suponen un mayor riesgo de dependencia de los mercados globales y de socavar la capacidad de los Estados para proteger la agricultura interna. Para defender la soberanía alimentaria es preciso recuperar el espacio político para proteger a lxs campesinxs, regular las importaciones y fortalecer los sistemas alimentarios locales y agroecológicos.

El conflicto en Asia Occidental, a pesar de la distancia geográfica, repercute de modo significativo en Indonesia por el aumento disparado de los costes de producción. El aumento de los precios mundiales del petróleo afecta a la producción y al bienestar de lxs campesinxs, así como a la distribución por parte de las cooperativas campesinas. Como el petróleo es esencial para que las familias agricultoras puedan producir y distribuir los alimentos, los aumentos del precio del combustible amenazan directamente la viabilidad agrícola.

La agricultura indonesia sigue en transición de los sistemas convencionales a los agroecológicos, lo que significa que los fertilizantes aún no se producen íntegramente a nivel nacional. La elevada dependencia de los fertilizantes importados aumenta sustancialmente los costes de los insumos de producción. Las subidas de precios del combustible van a desestabilizar los precios de los alimentos. Considerando que las reservas alimentarias del gobierno aún no son soberanas, las comunidades urbanas y lxs campesinxs que carecen de reservas alimentarias suficientes van a ser los más afectados. La soberanía alimentaria y la agricultura agroecológica son respuestas esenciales a estas crisis en cascada.

Voces desde el campo 2

José María Oviedo, Unión Nacional de Agroproductores de Costa Rica (UNAG), Costa Rica / CLOC-La Vía Campesina

Desde el ámbito geopolítico, la guerra de Irán pone de manifiesto que Estados Unidos cree que el mundo debe ser de ellos y que deben tener el poder sobre todas las naciones. Es así como ponen como pretextos para atacar Irán la destrucción de la capacidad militar de la región, sobre todo el uso de misiles balísticos, así como la eliminación de armas nucleares. Además, plantean cambiar el régimen que gobierna en Irán argumentando que apoya a los que consideran adversarios de Occidente.

Lo hemos visto también en América, cómo Estados Unidos cree que América es Estados Unidos y que cualquier gobierno que no esté de acuerdo con sus políticas debe ser intervenido o invadido, como en el caso de Nicolás Maduro en Venezuela. Países como Cuba, Nicaragua, México y Panamá han afrontado amenazas por no seguir las disposiciones del gobierno estadounidense.

Con respecto a lo económico, el hecho de que se haya atacado en Asia Occidental —una región que produce el veinte por ciento del petróleo mundial— implica que, si la guerra continúa, el petróleo seguirá subiendo y con ello muchos productos, generando inflación a nivel global e incluso una posible hambruna. Esto también afectará a economías como la china, uno de los mayores productores de trigo, lo que podría provocar escasez de cereales.

Decimos que el imperio estadounidense se está derrumbando. Un ejemplo es que en 1979, cuando Jimmy Carter inició relaciones con China, se buscaban alianzas positivas, pero Estados Unidos ha seguido otro camino, centrado en conflictos globales. Estas guerras han costado miles de millones de dólares al pueblo estadounidense, sin que ese dinero se haya invertido en el desarrollo interno ni en otros pueblos.

Desde el punto de vista económico, esperamos un fuerte déficit fiscal en EE.UU.  y la imposición de más aranceles para quienes exportan hacia ese país, como América Central, lo que nos afectará enormemente. Además, el aumento del petróleo seguirá impulsando la inflación.

Otro asunto es cómo el dólar se ha ido depreciando en muchos países y que, con esta guerra, también se busque su apreciación, lo que incrementaría la inflación a nivel mundial. Esta es una situación delicada para América, donde muchos países dependen de la importación de petróleo.

Voces desde el campo 3

Andoni García, Euskal Herriko Nekazarien Elkartasuna – EHNE Bizkaia, España

La política comercial de la UE, desde el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y la inclusión de la agricultura y la alimentación en la OMC, ha sido determinante en la política agraria y alimentaria, con consecuencias nefastas para lxs pequeñxs agricultorxs. Esta supeditación ha eliminado los instrumentos de regulación de mercados y precios que contenía la Política Agraria Común (PAC) hasta 1992. A pesar del fracaso de la OMC, la UE ha apostado sin freno por Acuerdos de Libre Comercio, donde la agricultura y los mercados interiores han sido moneda de cambio.

La apertura al mercado internacional, la reducción de aranceles, la bajada de precios para las personas agricultoras y una política agresiva de agroexportación han provocado una grave reducción de pequeñxs agricultorxs. Entre 2013 y 2023 se han perdido 5 millones de explotaciones en la UE. Además, la UE y su política agroexportadora han sido responsables de la escalada especulativa de los alimentos a nivel global. El modelo agrícola en la UE es cada vez más agroindustrial y basado en economías de escala.

Sin embargo, la UE es hoy menos autosuficiente desde el punto de vista alimentario, ya que su soberanía alimentaria y su autonomía estratégica están supeditadas a los Acuerdos de Libre Comercio y a los intereses económicos de las élites en la globalización. En la anterior legislatura, la UE trató de responder a las crisis climática, medioambiental, de biodiversidad, energética y alimentaria a través del Pacto Verde Europeo, la Estrategia de la Granja a la Mesa y la de Biodiversidad, aunque sin cuestionar su política comercial.

La fragilidad de estos planteamientos y su contradicción con los intereses de los lobbies del comercio internacional se han hecho evidentes en la nueva situación geopolítica. La UE está dando pasos atrás en su enfoque para afrontar las crisis y apuesta con fuerza por los Acuerdos de Libre Comercio para proyectar una imagen de fortaleza, que se diluye al evidenciarse su subordinación a Estados Unidos en la toma de decisiones. La Comisión Europea ha propuesto, para el presupuesto de la UE a partir de 2028, aumentar el gasto militar y reducir el apoyo a lxs agricultorxs. La PAC y las políticas de protección medioambiental están retrocediendo rápidamente.

Además, la Comisión Europea ha acelerado los Acuerdos de Libre Comercio, ignorando las decisiones del Parlamento Europeo y la oposición general de lxs agricultorxs. Asimismo, los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, que han desencadenado una guerra con repercusiones globales, han provocado una fuerte especulación sobre los combustibles, los costes de producción y los alimentos, evidenciando nuevamente los riesgos para la soberanía alimentaria, el acceso a los alimentos y la fragilidad de los sistemas alimentarios globalizados impulsados por las políticas de la UE.

Voces desde el campo 4

Annette Hiatt, National Family Farm Coalition (Coalición Nacional de Agricultores Familiares)/Land Loss Prevention Project (Proyecto de Prevención de la Pérdida de Tierras), Estados Unidos

A menudo los acuerdos comerciales multilaterales e internacionales afectan gravemente a lxs pequeñxs productorxs, sin que estos se beneficien ni sean involucrados. Muchos pequeñxs agricultorxs, como los de Carolina del Norte (región sudoriental de Estados Unidos), no participan directamente en el comercio internacional, pero las decisiones que se toman a puerta cerrada a nivel internacional para configurar e influir en las relaciones de poder repercuten directamente sobre esxs mismxs productorxs y las comunidades en las que viven.

Según estimaciones del mes de enero, los aranceles al comercio podrían tener un efecto devastador sobre la economía agrícola de Carolina del Norte, con pérdidas de ingresos por valor de 1.200 millones de dólares y una posible pérdida de 8.000 puestos de trabajo. Ante la falta de apoyo a los precios para los productores a pequeña escala, el uso errático de los aranceles al comercio puede significar que lxs pequeñxs agricultorxs compitan aún más a con la agricultura industrial a gran escala por el acceso a los mercados internos.

Más de la mitad de las explotaciones agrícolas de Carolina del Norte cuentan con menos de 50 acres (unas 20 Has) y más de la mitad de lxs agricultorxs obtiene menos de 10.000 dólares anuales de la agricultura. Estos no son lxs agricultorxs que se dedican a la exportación internacional, sino que muchas veces forman la base de los sistemas alimentarios locales que alimentan a sus comunidades. Pero sienten profundamente el aumento de precios de los alimentos y de los costes de los insumos, como el combustible y los fertilizantes.

Como los costes de producción de lxs agricultorxs superan sistemáticamente los precios que se les pagan, la creciente deuda del sector agrícola está obligando a nuestrxs pequeñxs productorxs —la raíz de nuestras comunidades rurales— a abandonar la tierra. Son los pequeñxs agricultorxs que son la clave de la resiliencia y la construcción de la comunidad, pero son tratados como peones de un juego y una producción que también fortalece nuestras economías locales es poco valorada.

La política comercial debería reforzar los medios de vida de nuestrxs pequeñxs agricultorxs y comunidades rurales, facilitar el acceso a la tierra y la soberanía alimentaria, y permitir una gestión que apoye una producción alimentaria resiliente y agroecológica en Estados Unidos y en el resto del mundo.

Cuadros

Cuadro 1

Un nuevo marco comercial internacional que trabaje para todxs

En el 3er Foro Global Nyéléni, celebrado en septiembre de 2025 en Sri Lanka, La Vía Campesina estableció los principios fundamentales de un nuevo marco comercial agrícola mundial basado en la Soberanía Alimentaria.

Basado en la definición fundamental de soberanía alimentaria que se estableció durante el Foro Mundial Nyéléni de 2007 y cimentado en el derecho internacional de los derechos humanos, este nuevo marco expresa un paradigma ético del comercio que da prioridad a la dignidad humana, la justicia ambiental y la gobernanza democrática de los sistemas alimentarios a todos los niveles: local, regional y mundial.

Este nuevo marco reivindica que todos los mecanismos comerciales se diseñen respetando los derechos inalienables de los pueblos y las naciones a determinar sus propias políticas agrícolas y alimentarias, reconociendo que la alimentación es un derecho humano fundamental y no una mercancía.

Este nuevo marco hace hincapié firmemente en que los mecanismos comerciales no deben utilizarse como arma ni deben subordinarse los derechos básicos a los intereses comerciales. Por el contrario, el comercio debe reconstituirse como un instrumento para el beneficio mutuo, sustituyendo las prácticas de explotación por un intercambio equitativo y una prosperidad compartida entre las naciones.

Forma parte de esta visión el compromiso de proteger el planeta mediante la salvaguarda de la biodiversidad y el respeto de los límites planetarios, reconociendo el papel crucial de los pueblos indígenas como custodios de los ecosistemas, y promoviendo sistemas alimentarios regionales y métodos agroecológicos, en lugar de cadenas de suministro controladas por las empresas.

Se insiste en que el citado nuevo marco comercial global debe ser inclusivo, transparente, equitativo y fortalecedor; lxs productorxs de alimentos a pequeña escala (agricultorxs, trabajadorxs agrícolas, pescadorxs, pastorxs) y lxs trabajadorxs del sistema alimentario, pueblos indígenas y grupos históricamente marginados deberán ser prioritarios y protegidos, prestando especial atención a las mujeres y a las personas pertenecientes a minorías de género.

Se aboga por un sistema de gobernanza comercial que garantice ingresos dignos y condiciones de trabajo seguras en todos los sistemas alimentarios, la participación democrática en la toma de decisiones comerciales, la rendición de cuentas pública en las operaciones de mercado y una regulación sólida del mercado.

Un marco comercial agrícola mundial debería conducir a una transformación sistémica de las relaciones comerciales para hacer realidad la soberanía alimentaria, la justicia climática y la equidad social tanto para las generaciones actuales como para las futuras. Se confirma que se cuantificará la aplicación de estos principios según su avance concreto en materia de derechos humanos, protección del medio ambiente y equidad económica y social para todas las personas.

Cuadro 2

Los organismos financieros y comerciales mundiales posibilitan la agresión a los océanos, los ríos y los pueblos pescadores

La incesante acumulación de riqueza por parte de las naciones imperialistas, aparte de explotar y expropiar las tierras ancestrales, tradicionales e indígenas de los pueblos pesqueros y las comunidades costeras, está aniquilando sus derechos soberanos sobre las tierras, las aguas y los recursos pesqueros, llevando a cabo una limpieza étnica y un desarraigo violento de sus modos de vida, sus identidades socio-ecológicas y su pertenencia cultural a costas, océanos, ríos, aguas interiores, manglares, islas, mares y todos sus territorios tradicionales.

El acaparamiento de océanos y tierras, incluido los recursos pesqueros, se ha acelerado a través de las industrias extractivas (minería, petróleo, gas); la pesca industrial destructiva; los megaproyectos de infraestructura (vías navegables, parques eólicos industriales, oleoductos, ciudades inteligentes, recuperación de suelos, construcción de puertos); los planes de conservación financiarizados como 30×30 y las OECM (otras medidas eficaces de conservación Basadas en áreas); la mercantilización y privatización de la naturaleza; y la acuicultura industrial (fábricas de pescado o alimentos azules).

Narrativas como el «crecimiento azul», la «economía azul» y la «transformación azul» prometen sostenibilidad, pero aceleran el acaparamiento y equivalen a un lavado de imagen ecológico. Estas iniciativas se integran en las economías nacionales a través de programas de financiación azul, vinculando a las naciones a condiciones fiscales que subordinan la soberanía al capital transnacional, reduciendo incluso a los Estados elegidos democráticamente a «Estados rentistas» que arriendan los océanos para el lucro empresarial. Esto agrava la crisis climática y la criminalización de los pueblos pesqueros, que se resisten a la mercantilización de los océanos, la pesca y las costas, y abogan a todos los niveles contra las falsas soluciones y el acaparamiento territorial bajo fraudulentas pretensiones «verdes» o «azules».

La OMC, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y los acuerdos de libre comercio se han utilizado para desmantelar las políticas nacionales que protegían la soberanía de los pueblos sobre los recursos naturales y los mercados locales.

Movimientos como el Foro Mundial de Pueblos Pescadores (WFFP por sus siglas en inglés) denuncian a quienes impulsan persistentemente esta agenda, incluidas las grandes organizaciones ambientales internacionales, el Banco Mundial, los bancos regionales de desarrollo y las empresas; y reclaman un desarrollo de base genuinamente comunitaria, basado en los derechos y configurado por los pueblos pescadores.

También mantienen su compromiso de participar en plataformas políticas multilaterales legítimas sobre alimentación, pesca, agricultura, clima, biodiversidad y derechos humanos para defender su autonomía política y su gobernanza consuetudinaria. El WFFP y otros, reconocen a la FAO, a su Comité de Pesca (COFI), al Comité de Subvenciones a la Pesca (CFS) de la OMC y al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (CDHNU) como los órganos de la ONU adecuados para la gobernanza global en los que las organizaciones sociales mantienen una participación activa.

Cuadro 3

Los Pueblos de las Semillas ante la tiranía del comercio mundial

Del 19 al 21 de enero de 2026, el Colectivo deSemillas de América Latina recibió en Cartago, Costa Rica, al Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) para «visibilizar la urgencia de defender una relación entre pueblos y comunidades con sus cultivos y semillas fundamentales», una relación ontológica que viene desde el fondo de los tiempos y es crucial para llevar a la humanidad y al planeta hacia el futuro.

El TPP escuchó las amenazas que enfrentan diversos pueblos del mundo para cuidar y reproducir sus semillas independientemente del mercado, de las restricciones de propiedad intelectual y las tecnologías biológicas y digitales.

Las estructuras políticas, dicen, han dispuesto que toda la alimentación sea progresivamente transformada en un capítulo de la economía, donde todo lo que tiene que ver con el sustento es separado de las vidas reales de las personas para ser únicamente parte del mercado global. Los oligopolios intentan convertir a la gente en una masa homogénea de consumidores y la diversidad natural en mercancías rentables.

Ahora que los intercambios comerciales se están usando como arma de guerra, un impulso como éste es vital.

«Pueblos de las semillas», dice el TPP, es un término transversal que no respeta las fronteras, que se refiere a quienes tienen problemas diversos pero coincidentes, complementarios, en África, en Asia, en América Latina. Si no lo pensamos así, los pueblos de las semillas se encuentran fragmentados para confrontar la fuerza bruta con que se está reacomodando el comercio global. Frente al desmantelamiento del derecho internacional, los pueblos con sus semillas pueden llevar sustento a todos lados, desafiando no sólo al capitalismo global, o las cadenas de suministro, sino a la mercantilización de los fundamentos de la vida.

Declaración del Tribunal Permanente de los Pueblos en Defensa de las Semillas.

Cuadro 4

La CM 14 fracasa – ¡buena noticia!

La 14ª Conferencia Ministerial (CM 14) de la OMC, celebrada en Yaundé (Camerún), ha fracasado, sin tan siquiera una Declaración Ministerial. Las negociaciones para renovar la moratoria de aranceles al comercio electrónico y la moratoria relativa a las “reclamaciones no basadas en infracción” del acuerdo sobre los ADPIC (TRIPS por su sigla en inglés); las subvenciones a la pesca; la agricultura; la reforma de la OMC, y un paquete de medidas para los Países Menos Adelantados (PMA), se han aplazado hasta el Consejo General de Ginebra.

Este fracaso es una victoria bien recibida en una batalla de mayor envergadura. Aunque muchos países en desarrollo se han resistido a dejar que Estados Unidos y sus secuaces impulsaran sus propios programas mediante el engaño del multilateralismo, no se trata de una rebelión clara del Sur Global. Muchos países del Sur siguen aferrados a la lógica del libre comercio, presentando propuestas que socavan la soberanía alimentaria y benefician a la agroindustria a expensas de lxs trabajadorxs y lxs pequeñxs proveedorxs de alimentos.

Durante 30 años, los países ricos han utilizado la retórica del comercio basado en normas y la reciprocidad, las promesas de una mayor ayuda al desarrollo y la intimidación descarada para romper las alianzas entre los países del Sur y extraerles mayores concesiones. Las normas de la OMC siempre han favorecido a las antiguas potencias colonizadoras. Se aseguran resultados que favorecen sus economías, a sus élites y sus negocios, y consolidan el poder de las empresas transnacionales en los sistemas alimentarios, la salud pública y todos los sectores vitales para una vida digna.

Pero incluso si la competencia fuera perfecta y los juegos de poder fueran eliminados, el marco de la OMC es inaceptable. Rechazamos la premisa de que todas las cosas en la tierra y nuestro trabajo deban ser tratados como mercancías, y una visión de las relaciones humanas basada en la competencia perpetua.

Es inútil esperar ninguna reforma significativa de la OMC que haga avanzar el bienestar, los derechos, las aspiraciones y las necesidades de los pueblos trabajadores del mundo. También es perjudicial y peligroso para la democracia participativa y la rendición de cuentas, ya que en demasiados países las negociaciones y los acuerdos de comercio e inversión no están sujetos a escrutinio interno.

A la vez que intensificamos nuestras exigencias fundamentales de acabar con la OMC, también necesitamos utilizar con eficacia y contundencia todo el corpus de legislación internacional sobre derechos humanos y los compromisos de nuestros gobiernos en materia de derechos humanos para desafiar el poder de la OMC sobre nuestras políticas nacionales. Los derechos de lxs trabajadorxs y de lxs pequeñxs proveedorxs de alimentos no pueden hacerse depender de los beneficios empresariales. ¡Queremos soberanía alimentaria, no libre comercio!

Para más información lean la Declaración de Yaundé: La OMC y el libre comercio provocan hambre, pobreza y desigualdad.